Kuélap y Choquequirao: descubriendo el legado arqueológico del Perú
Estas zonas exigen del visitante disposición física, apertura cultural y un interés particular por explorar entornos donde la historia aún coexisten sin intermediarios
Entre ellos destacan Kuélap y Choquequirao, dos sitios que, por su ubicación y características, proponen formas distintas de acercarse al pasado prehispánico del país.
Lejos de los itinerarios masivos, estos lugares exigen del visitante disposición física, apertura cultural y un interés particular por explorar entornos donde el paisaje, el silencio y la historia aún coexisten sin intermediarios.
Kuélap: una fortaleza preincaica en la sierra del Amazonas
Cómo visitar Kuélap
Para ingresar al sitio arqueológico es necesario adquirir boletos en línea a través del portal oficial del Ministerio de Cultura peruano: tuboleto.cultura.pe/kuelap.
Las autoridades locales están impulsando su recuperación y reapertura total, luego de que algunos sectores resultaran afectados por deslizamientos en años anteriores.
Choquequirao: vestigios incas más allá del Valle Sagrado
Acceso por caminata de alta exigencia
Turismo fuera del circuito tradicional
Conectividad aérea desde México
El portal oficial de promoción turística del país, www.peru.travel, ofrece información actualizada sobre rutas, servicios, permisos y recomendaciones de viaje para quienes desean explorar más allá del circuito habitual.
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Entre sus construcciones más conocidas se encuentra la Pirámide del Adivino, de perfil ovalado poco común en el mundo maya; el Cuadrángulo de las Monjas, un conjunto palaciego, y el Palacio del Gobernador, considerado una de las obras maestras de la arquitectura prehispánica mesoamericana
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El Tintero. Complejo arqueológico Kuélap. / Foto: Miguel Mejía / Promperú
El Perú continúa siendo uno de los destinos sudamericanos con mayor riqueza histórica y diversidad geográfica. Aunque Machu Picchu permanece como su emblema turístico más reconocido, el país alberga otros complejos arqueológicos de gran valor cultural que no forman parte de los recorridos convencionales.
Ubicada en la cima del cerro Barreta, a más de 3 mil metros de altitud, Kuélap fue edificada por la cultura Chachapoyas entre los siglos VI y XVI d.C. antes de la expansión inca. Se localiza en el distrito de Tingo, provincia de Luya, en la región Amazonas, en una zona de transición entre la sierra y la selva. Esta ubicación le otorgó ventajas estratégicas para el control territorial del valle del Utcubamba.
La arquitectura de Kuélap impresiona por sus dimensiones y organización urbana. Se trata de una plataforma alargada, de aproximadamente 600 metros, flanqueada por muros de piedra que superan los 20 metros de altura. Dentro del recinto se han identificado más de 400 estructuras, en su mayoría de forma circular, que habrían servido como viviendas, espacios ceremoniales y almacenes. Muchas de estas estructuras presentan frisos decorativos con motivos geométricos en zigzag y rombos.
Los turistas pueden visitar Choquequirao. / Foto: Juan Vallejo / Promperú
El sitio habría funcionado como centro político, religioso y militar. Se cree que su construcción respondió a la necesidad de protección y a la consolidación de una élite gobernante. A diferencia de otras culturas andinas que priorizaban el urbanismo en valles, los Chachapoyas optaron por establecer sus principales asentamientos en alturas rodeadas de neblina y vegetación densa, lo cual les otorgaba una ventaja defensiva.
El punto de partida para visitar Kuélap suele ser Lima, desde donde se puede tomar un vuelo a la ciudad de Chachapoyas o a Jaén (en Cajamarca), desde donde es posible trasladarse por carretera hasta la región Amazonas.
Desde el pueblo de Nuevo Tingo, ubicado a los pies del cerro donde se encuentra la fortaleza, parte un moderno sistema de teleférico que recorre unos 4 kilómetros en aproximadamente 20 minutos, ofreciendo una vista aérea del cañón del Utcubamba. También es posible ascender a pie o en vehículo por rutas de montaña. La caminata desde la base tiene una distancia de 9 kilómetros y puede durar entre tres y cuatro horas.
A más de 1,500 kilómetros al sur de Kuélap, en la región Cusco, se encuentra otro sitio arqueológico de gran importancia: Choquequirao. El nombre proviene del quechua chuqi k’iraw, que puede traducirse como “cuna de oro”. Construido en lo alto de una cresta montañosa que domina el cañón del río Apurímac, este complejo se atribuye al periodo de expansión final del Imperio Inca, en el siglo XV.
A diferencia de Machu Picchu, que ha sido objeto de extensas excavaciones y restauraciones, Choquequirao permanece parcialmente cubierto por la vegetación, y gran parte de su extensión aún no ha sido excavada. Las estructuras visibles permiten identificar plazas, templos, andenes agrícolas, recintos ceremoniales y sistemas hidráulicos que reflejan la complejidad de su planificación urbana.
Parque Arqueológico de Choquequirao. / Foto: Fernando López / Promperú
Se estima que el sitio pudo haber funcionado como punto de enlace entre la sierra y la selva alta, además de haber tenido un papel importante como refugio inca durante la resistencia frente a la invasión española. Por su ubicación, también pudo haber sido un centro ceremonial vinculado a las rutas hacia Vilcabamba, último bastión del Imperio Inca.
Llegar a Choquequirao requiere preparación física. No hay acceso vehicular ni infraestructura turística convencional. El recorrido más habitual inicia en el pueblo de Cachora, en la región Apurímac, a unas 5 horas por carretera desde Cusco. Desde ahí comienza un sendero de aproximadamente 30 kilómetros hasta el sitio arqueológico. El trayecto total, ida y vuelta, es de unos 60 kilómetros y toma entre 4 y 5 días, incluyendo pernoctes en campamentos establecidos en la ruta.
Una variante del recorrido parte desde el sector de Capuliyoc, a 10 kilómetros de Cachora, lo que reduce ligeramente el primer tramo del camino. La ruta incluye descensos pronunciados al cañón del Apurímac y ascensos exigentes hasta los tres mil metros de altitud, donde se encuentra Choquequirao.
La caminata atraviesa diversos ecosistemas, desde zonas áridas hasta bosques húmedos de montaña. La logística requiere contar con guías locales, arrieros, equipo de campamento y provisiones. Existen agencias especializadas que ofrecen este servicio en Cusco.
Kuélap y Choquequirao representan alternativas significativas dentro del turismo cultural y arqueológico del Perú. Por su ubicación, nivel de acceso y menor infraestructura, ambos lugares apelan a un visitante con mayor disposición a recorrer caminos menos transitados y a involucrarse con la dimensión histórica del territorio más allá de la imagen icónica de Machu Picchu.
Kuélap y Choquequirao son alternativas de turismo en Perú / Foto: Juan Vallejo / Promperú
Aunque no tienen la misma cobertura mediática ni afluencia turística, las autoridades culturales de Perú han promovido paulatinamente su integración a la oferta nacional, respetando sus características particulares. Además, se han desarrollado esfuerzos para garantizar su conservación mediante planes de restauración, protección y accesibilidad controlada.
Para los viajeros mexicanos, Perú se ha vuelto un destino más accesible gracias a la disponibilidad de vuelos directos entre Ciudad de México y Lima operados por aerolíneas como Aeroméxico, LATAM y Volaris. Desde Lima, existen vuelos nacionales hacia Cusco (para acceder a Choquequirao) y hacia Jaén o Chachapoyas (para llegar a Kuélap), lo cual permite integrar estos destinos en viajes de mediana duración.
Más allá de su valor arqueológico, tanto Kuélap como Choquequirao ofrecen experiencias donde el tiempo, el esfuerzo físico y el contacto con la geografía andina forman parte integral del recorrido. Estos destinos no buscan imponerse al visitante, sino invitarlo a caminar, observar y conectar con un legado milenario en condiciones distintas a las del turismo masivo.
Para quienes deciden llegar, la recompensa es doble: el conocimiento directo de culturas antiguas y el descubrimiento de paisajes y caminos que aún conservan su carácter original. En tiempos de prisa, estos lugares proponen otra forma de estar: caminar lento, mirar lejos, escuchar el silencio.
Teleférico de Kuelap en Perú / Foto: Karina Mendoza / Promperú
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