La primera Catedral de Michoacán tenía múltiples usos
También se ubican la cruz atrial, la semanería, las capillas posas, el atrio del hospital de indios con su respectiva cruz y una fuente bautismal de inmersión. Todo esto en los más de 56 mil metros cuadrados que abarcan sus dimensiones.
Tras años de olvido, inicia la restauración a cargo de la Escuela Taller de Tzintzuntzan
Murales preservados en el exconvento de Santa Ana, los cuales fueron rescatados por la comunidad de Tzintzuntzan / Foto: Javier Guerrero|El Sol de Morelia
Construido a partir del año de 1570, el exconvento franciscano de Santa Ana, ubicado en el municipio de Tzintzuntzan, es un lugar que ha visto pasar más de 400 años de historia por sus muros y templos que son una muestra del arte barroco, plateresco y detalles prehispánicos, característicos de las edificaciones religiosas con las que cuenta Michoacán.
A lo largo del tiempo ha fungido como centro para la congregación de ritos religiosos, hospital para las personas indígenas, museo y recientemente como Centro Cultural Comunitario. Los habitantes de esta comunidad localizada en la ribera del Lago de Pátzcuaro se convirtieron en guardianes del patrimonio que alberga.
Actualmente, es un espacio donde se realizan actividades culturales, como la puesta en escena de Don Juan Tenorio, talleres de oficios tradicionales, exposiciones y también celebraciones eclesiásticas como las de Noche de Muertos, Semana Santa, la Fiesta del Señor del Rescate, la Fiesta Patronal de San Francisco de Asís. Es, pues, una convivencia entre la religión y el arte.
Lona en exconvento franciscano de Santa Ana / Foto: Javier Guerrero | El Sol de Morelia
El pasar de los años no afectó al valioso inmueble, fue gracias a la comunidad de Tzintzuntzan que lograron preservar la gran riqueza artística de sus muros y pasillos. Fue por esto que el exconvento fue dado al cuidado de la población cuando lo solicitó al gobierno del Estado, esto cuando la arquidiócesis de Michoacán reclamó la gestión del edificio.
El mismo INAH apoyó la noción de Tzintzuntzan de mantener la patria potestad del exconvento debido a que han sabido mantenerlo casi intacto, gestionado bien los recursos, las obras sacras se cuidan de forma adecuada y, sobre todo, se trata de respetar una comunidad que se ha mantenido firme en su restauración y en la difusión de la cultura.
También, los guías de turistas de Michoacán, que se ven beneficiados con las visitas que realizan a la zona, se sumaron a esta petición, pues aunque se dijeron no estar en contra del clero, sí es necesario que prepondere el peso histórico de la gente.
Luego de este apoyo, la Arquidiócesis de Morelia no tuvo más remedio que desistir de su exigencia, por lo que hasta el día de hoy el acuerdo está firmado: el Centro Cultural Comunitario sigue funcionando bajo el cuidado de sus vigilantes ancestrales y lo seguirá haciendo por muchos años más.
Corría el año de 1538 cuando Vasco Vázquez de Quiroga y Alonso de la Cárcel, mejor conocido como Vasco de Quiroga, tomó el cargo de obispo de Michoacán en una ceremonia oficiada dentro del Templo de Tzintzuntzan. A razón de esto, fue conocido como la Primera Catedral del Estado, siendo apenas una edificación de adobe y paja.
Desde entonces y hasta la fecha se ha mantenido como uno de los inmuebles más emblemáticos con los que cuenta la entidad, por el que han pasado personajes importantes de la religión, así lo mencionan Mirna Rodríguez Cázares y Juan Manuel Martínez Aguilar, investigadores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).
Mural colonial en el exconvento de Santa Ana Tzintzuntzan, preservado por la comunidad y reconocido a nivel mundial por su historia. / Foto: Javier Guerrero|El Sol de Morellia
Dentro de este están el convento de San Francisco, que en sus pasillos tiene diversos murales de la época colonial, el templo de San Francisco, el templo de Nuestra Señora de la Salud, la capilla de la Concepción, la capilla de la Tercera Orden y lo que era el hospital de las personas indígenas.
Durante muchos años, el exconvento se mantuvo en el olvido, pero no fue sino hasta el 2004 cuando, con apoyo de la asociación civil Adopte una Obra de Arte, dirigida por Josefina Laris y Fausto Zerón-Medina, los habitantes dieron inicio a la restauración, en la que participaron diversos actores de la sociedad de Tzintzuntzan y autoridades como el INAH.
Estos trabajos sirvieron para darle empleo a personas que no contaban con uno, así como a personas jóvenes en un intento de alejarlas de los pasos de la delincuencia y las drogas, para hacerles saber que existía otra forma de sobrevivir que no fuera por medio de actividades ilícitas, lo que dio paso a la Escuela Taller de Tzintzuntzan.
Esta escuela de aprendizaje convocó a jóvenes del municipio y sus comunidades, a personas desempleadas y que no estuvieran estudiando a los talleres de albañilería, cantería, electricidad y pintura mural. Fueron más de 180, entre aprendices y especialistas los que iniciaron el mantenimiento.
Exconvento franciscano de Santa Ana / Foto: Javier Guerrero | El Sol de Morelia
Según lo que informan Laris y Zerón-Medina, “el estado de conservación del edificio al iniciar el año 2004 era deplorable, y estaba registrado por la World Monuments Fund (WMF) como uno de los cien monumentos más importantes en peligro de desaparecer”. Entonces, se pusieron manos a la obra y ocho años después se concluyó la labor de remodelación.
En 2006 se creó el Centro Cultural Comunitario, fecha en la que se llevó a cabo su segunda restauración, según información de la Secretaría de Cultura federal. En 2012, el recinto reabrió sus puertas al público para mostrar la riqueza y la historia que en este poblado existe.
Ya se mencionaron las actividades que se llevan a cabo en sus instalaciones, pero también en sus salas está un museo que consta de una colección con artículos del propio lugar, 36 objetos del Museo Regional Michoacano y dos del Museo Casa Natal de Morelos, ambos con sede en Morelia.
Este museo se divide en tres momentos: la época del Prehispánico, la Virreinal y el Tzintzuntzan actual. En el primero se exhiben artículos del surgimiento y el florecimiento del Imperio P'urhépecha, en el segundo la Conquista de México y la fusión entre españoles e indígenas; mientras que en el tercero se presentan piezas artesanales de la tradición que hasta hoy persiste.
El pueblo de Tzintzuntzan es una joya gastronómica que sorprende con sus sabores auténticos. En los pequeños comales que adornan las calles, las gorditas de maíz azul se preparan al momento, rellenas de suculentos guisados como chicharrón prensado o flor de calabaza con queso.
Y para quienes buscan un plato fuerte que conquiste el alma, el churipo es la mejor opción: un caldo rojo y aromático preparado con carne de res, chile y especias, que lo convierten en un verdadero manjar. Para cerrar con un toque dulce, los dulces típicos como el ate de membrillo y las capirotadas evocan los sabores tradicionales de Michoacán, dejando en cada bocado la esencia de esta tierra llena de historia y tradición.
Cerca puedes también visitar el famoso pueblo de Pátzcuaro, en donde las delicias gastronómicas aumentan al por mayor. A orillas del lago, los charales fritos son la botana perfecta: doraditos, crujientes y con el toque cítrico del limón y el picor del chile en polvo. Para los más aventureros, una torta de gelatina.
Torta de gelatina, platillo icónico de Pátzcuaro. Una delicia que ha dado de qué hablar / Foto: Carmen Hernández | El Sol de Morelia
El exconvento franciscano de Santa Ana se localiza frente a la plaza principal de Tzintzuntzan, diariamente recibe turistas y visitantes tanto del estado como de otras partes del país y el mundo, debido a la cercanía con la zona arqueológica, ambos se convierten en los más visitados de Michoacán, según el INAH.
Para llegar, son 50 kilómetros los que se deben recorrer. Tan solo basta tomar la carretera Morelia-Guadalajara, hasta llegar al municipio vecino de Quiroga. Ahí deberá dirigirse hacia la carretera Pátzcuaro-Quiroga y con esto se arribará a Tzintzuntzan.
Otra opción es por el municipio de Pátzcuaro, con un trayecto de 62 kilómetros. El camino es sobre la carretera Morelia-Pátzcuaro, pero si se desea ir en autobús, los camiones se pueden tomar en la salida a Xangari que llevan a este Pueblo Mágico o en la terminal de autobuses para llegar a este o a Quiroga.
Personas en el lago de Pátzcuaro / Foto: Fernando Maldonado | El Sol de Morelia
Más allá de su impresionante legado cultural y su gastronomía, Tzintzuntzan invita a vivir el ritmo pausado de sus calles empedradas, sus mercados llenos de color y el calor de su gente. Cada platillo cuenta una historia, cada rincón evoca una tradición, y cada visita se convierte en un recuerdo que queda grabado en el corazón de quienes llegan en busca de una experiencia auténtica. Desde el aroma de las cocinas tradicionales hasta la majestuosidad de sus edificios históricos, estos pueblos michoacanos ofrecen un festín para los sentidos y un viaje en el tiempo a la esencia de México
Así que, ya sea para disfrutar de un fin de semana gastronómico, explorar su historia o simplemente dejarse sorprender por su belleza, Tzintzuntzan es un destino que lo tiene todo. Un paseo por estos mágicos rincones es la excusa perfecta para redescubrir los sabores, la cultura y el alma de Michoacán, en un viaje que, sin duda, dejará ganas de regresar.