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Hay una creencia muy arraigada sobre la vía de administración de medicamentos, donde se relaciona a las inyecciones con una recuperación más rápida o efectiva en algunas enfermedades, esta creencia se afianza de la experiencia que algunos tratamientos que se consideraban “potentes” solo existían en esa presentación, pero no se puede generalizar que van a curar más rápido, ni siquiera que van a curar, porque lo que se está considerando es que son los antibióticos, pero muchos padecimientos no requieren antibiótico, siendo inútil incluso ese tipo de medicación, aún cuando sea inyectada.
La eficiencia del medicamento depende de varios factores, así como la velocidad de recuperación también, comenzando por el tipo de padecimiento, su origen (etiología), el tipo de medicamento que se utilice y dentro de este último parámetro se incluye la dosis, la periodicidad con que se aplique, así como sus dosis y las condiciones de cada paciente.
Otro factor que influye es la biodisponibilidad, que sería como el porcentaje de absorción que dispone nuestro organismo al ingresar un medicamento por distintos medios, por ejemplo, en el caso de las inyecciones intravenosas ese porcentaje se acerca al 100%, esa es una de las razones por lo que muchos de los fármacos que se usan en urgencias se aplican de forma intravenosa, pero el hecho que tengan mayor biodisponibilidad no se traduce en una curación más rápida.
También influye la vida media del medicamento, esto quiere decir el tiempo en que se absorbe, se distribuye y hay una respuesta individual por parte de nuestro organismo, e incluso hay personas que metabolizan más rápido o más lento el mismo fármaco, dentro de los medicamentos alópatas o convencionales para que salieran al mercado se midieron varios factores, dentro de ellos incluso sus efectos adversos o secundarios, pero no implica que se lleguen a presentar en todos los pacientes, pero estos efectos no deseados pueden también estar relacionados a la vía de administración, por ejemplo las clásicas bolitas en el sitio de inyección que pueden generar un absceso que incluso requiera cirugía, pudiendo también presentarse reacciones alérgicas más complejas que si el mismo medicamento se tomara por vía oral; otra complicación posible va en cuanto al sitio, donde se puede lastimar un vaso sanguíneo o dañar un nervio.
La gente anteriormente a que se legislara la venta de antibiótico solo con receta, los usaba de manera indiscriminada, provocado por el mito que sanarían más pronto, utilizándolo aun cuando no fuera necesario con lo que se contribuye al problema de salud pública denominado resistencia antimicrobiana, donde actualmente vemos bacterias muy resistentes, lo cual se traduce en que antibióticos ya no eliminan algunas bacterias generándose las super bacterias, que generan enfermedades con un curso más largo con el lógico aumento de la probabilidad que se complique.
Por eso debemos romper con ese paradigma o mito que “las inyecciones curan más rápido”, es cierto que son necesarias en algunos escenarios médicos, donde precisamente el personal profesional de la salud debe ser quien prescribe este medicamento, comprendiendo que la recuperación no está en la inyección, nuestro cuerpo tiene una tendencia natural a sanar y el médico decidirá el medicamento ideal y la vía de administración idónea en base a su experiencia.