Nuestro aprendizaje depende directamente de nuestras experiencias, todo mundo habla del estrés después de una experiencia traumática, pero sin ser fantasioso, posterior a sobrevivir ese evento también llega a quedar un aprendizaje, algo cambia en nosotros, pero lo sobrevivimos y es conveniente analizar no solo desde la perspectiva del recuento de los daños, sino ver en qué nos transformamos después de ese suceso, qué cambió de nuestra perspectiva de la vida y a partir de ese momento cómo hemos actuado en la vida.
Hay gente que piensa que esta es una visión muy romántica, pero la mayoría de las situaciones podríamos ejemplificarlas desde esa perspectiva, por ejemplo, un accidente automovilístico puede transformar a un conductor que no respeta las normas de tránsito en un chofer responsable, sin saber si tuvo o no la culpa del evento, pero no solo eso, con la motivación y el impulso suficiente se puede convertir en un promotor de un buen manejo dentro de su comunidad.
Un evento traumático puede fortalecernos de una manera emocional y personal ocasionar un crecimiento, mismo que al principio es difícil de valorar por la perspectiva negativa, pero incluso la pérdida de un progenitor en una familia, ya sea el padre o la madre, obliga la familia a fortalecerse y sacar la casta, por ser algo difícil o doloroso no se cuenta como un logro; sin embargo puede que a partir de ese evento se comenzó a escribir una historia de éxito.
Un evento traumático no necesariamente es un accidente o la pérdida de un ser querido, puede ser una mudanza, un cambio de trabajo, puede ser esa situación que nos desestabilizó momentáneamente, incluso si estuvo a punto de suceder, retomando el ejemplo de un conductor, aquel que “casi” atropella a un niño al ir corriendo por su pelota, ese conductor va a tomar más precauciones desde ese momento a pesar de no haber sido su culpa, porque sabe que pudo haber repercusiones fatales para un pequeño.
Pongo ejemplos sencillos porque la mayoría o todos, hemos tenido un evento así a lo largo de nuestra vida, pero también está la situación donde no crecimos o aprendimos y seguimos con una conducta repetitiva que se transformó en un mal hábito, como quien no pagó el recibo de la luz y le cancelaron el servicio, pasando uno o varios días sin luz eléctrica, pero cada dos o tres meses le pasa lo mismo, justificando en que no tiene tiempo, el vecino se roba el recibo o mil pretextos que evaden la propia responsabilidad, aun así si analizamos la situación, podríamos crecer si nos lo proponemos, planeando la manera de cambiar ese mal hábito recurrente, pedir un favor para que lo paguen, domiciliar el pago por medio de nuestras cuentas de banco, colocar un recordatorio en la fecha antes de su vigencia.
Los eventos traumáticos, al momento de sobrevivirlos no solo dejan una huella negativa, así que analicemos cómo intervinieron en nuestra vida y Dios mediante valorar el crecimiento personal que puede dejar, mucho es cuestión de perspectiva, no podemos cambiar lo que pasó, pero sí como lo vemos y cómo impacta en nuestra vida.