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Nuestro territorio es accidentado por naturaleza, si bien existen extensiones planas, es cierto que también podemos apreciar lomeríos, pequeños cerros, cerros aislados, cerros de mayor altura y extensión. Es esta porción de tierra agreste, que por sí misma es un complejo ecosistema, este pedazo de patria donde por suerte nos ha tocado vivir. Aquí es donde el sol suele llegar más tarde para aquellos que viven al poniente, en las partes bajas de la montaña, pero también el sol acostumbra a marcharse de ahí más tarde.
Donde para algunos los límites visuales desde su perspectiva son siempre hacia arriba y para otros observan esos límites sólo a la larga distancia. Es al pie de la montaña donde las aguas de lluvia suelen descender embravecidas cuando caen en gran cantidad y en poco tiempo.
Es ese paisaje que se impone salpicado de matorrales que esta temporada más bien presentan una tonalidad parda, obscura, montañas que dejan ver en algunos espacios filones de piedras que se convierten en características especiales. Lugares que suelen sufrir esa metamorfosis cuando llega la primavera y luego da paso al verano, tiñéndose de verde y de diferentes matices propios de las flores y de los pastizales que ahí crecen y florecen. Montañas que son un punto de referencia desde diferentes perspectivas de la ciudad, teniendo una más importancia que otras, de acuerdo con el uso que a éstas se les dé.
Pero, ya salió el pero, ese que no suele faltar y que hoy nos da paso para preguntar, para preguntarnos, ¿Quién ha tenido la curiosidad de investigar qué es lo que hay detrás de esa montaña que suele tener frente a sí todos los días? Alguna vez usted se ha dejado llevar y más allá del propio reto que implica el esfuerzo para subir la montaña, se ha dado la oportunidad de disfrutar una vista diferente de su entorno, de su ciudad, de su colonia, de su propio hogar.
Se ha dado el placer de respirar aire fresco cuando la aurora matinal despunta lento en el horizonte, parado en el filo de la montaña, o bien de disfrutar del atardecer y despedir los rayos del sol que lento se pierden quizás tras los picos de otra montaña lejana, dejarse envolver por el manto de la oscuridad ahí en las alturas donde las sombras comienzan, y donde como quiera que sea, las estrellas al menos se aprecian un poco más cerca, más claras, más bellas.
Y sí, en medio de ese silencio, de ese aire puro y de esa vista privilegiada que solo ofrece la cima de la montaña, dejar que la reflexión se haga presente tratando de encontrar la justa dimensión, el lugar y el papel que ocupamos en este espacio, en esta ciudad, en este país y en este planeta llamado tierra.
Aunado a eso podemos ir más allá y preguntarnos, ¿cuántos nos hemos atrevido a ir al otro lado de la montaña?, explorar con la curiosidad más despierta qué es lo que hay detrás, si ya lo hizo, ¡felicidades!, y si no cuáles han sido los motivos para no hacerlo; falta de tiempo, miedo, pereza, zona de confort, una curiosidad semi muerta, en fin la causa que usted quiera.
Pero las montañas no siempre son físicas, suelen existir otras que a diario nublan nuestro panorama, nuestra vida, nuestra felicidad y ahí permanecemos sólo observando la o las montañas, envejecemos a la sombra de ellas y morimos con la curiosidad intacta, preferimos ahogarnos en nuestra zona de confort, antes de atrevernos a descubrir qué es lo que hay detrás de esas montañas, antes de respirar el aire fresco que suele ser producto del esfuerzo, de la tenacidad, en pocas palabra de vivir la vida más allá de los límites que son físicos o mentales.
Atrévase y tome en sus manos la buena actitud y deje que su sana curiosidad descubra qué es lo que hay detrás de la montaña que tiene a la vista, y sobre todo de esas montañas que suelen estar en la mente de cada uno. Quizás lo que encuentre detrás de la montaña le sorprenda.