Hoy he visto gatos en la ventana, me he sorprendido al verlos, quizás ellos han estado ahí muchas veces pero simplemente no había tomado consciencia de ello. Los he admirado por un largo periodo de tiempo, he visto como se acicalan con lujo de detalle, limpian su pelaje, juegan con sus patas teniendo cuidado de no lastimarse con el filo de sus uñas, se rascan también las orejas, luego descansan plácidamente sobre el marco de madera de la ventana, ahí donde los rayos del sol pegan por la mañana, ellos duermen tranquilamente como si el mundo dejara de girar por un momento, como si todo alrededor de ellos se detuviera mientras ellos disfrutan de su singular siesta. Al despertar se extienden cual largo son, ronronean un poco y si es su deseo se cambian de posición y continúan durmiendo como asalariados sin pendientes.
Cuando el sueño deja de ser satisfactorio, entonces les da por hacer un poco de ejercicio, se dirigen al frondoso árbol que está junto a la ventana, como por arte de magia extienden sus afiladas garras y las utilizan para trepar por el tronco y las ramas del árbol, ejercitan sus músculos, dejan ver la flexibilidad y la fortaleza que tienen, simplemente se divierten mientras ponen en práctica sus habilidades, y yo con el pendiente que en algún momento puedan caer y lastimarse, iluso de mí y si así fuera, bueno pues solo pondrían en peligro una de las 7 vidas que se dice tienen.
Cuando el cansancio hace presa de ellos, entonces de un brinco vuelven a la ventana, después de unos breves ronroneos, buscan su mejor postura sobre el marco y con parsimonia calma se acomodan, dan un o varios bostezos y así sin más simplemente cierran sus ojos y se ponen en los brazos de Morfeo, ¡vaya vida de estos gatos!, me digo a mí mismo. Luego por la tarde noche cuando el hambre hace que sus intestinos empiecen a sentirse vacíos, ellos se levantan de sus sagrados aposentos, se ponen su traje y su máscara de cazadores furtivos y comienzan a deambular por la azotea de la casa y por las azoteas de las casas vecinas, su figura serpentea en medio de las sombras, abren sus ojos, extienden sus garras y ponen en práctica sus instintos, buscan cualquier cosa que se mueva y que les pueda servir de alimento, en especial, si la presa es un ratón, él puede darse por perdido seguramente lo van a atrapar y a degustar como un exquisito manjar, y yo me pregunto, ¿un ratón como exquisito manjar? Y si por alguna razón las presas no aparecieran o no fueran suficientes, entonces ellos saben que en el patio de la casa encontrarán un plato lleno de rico alimento preparado especialmente para gatos, así que el alimento para ellos no suele ser una preocupación mayor.
¡Ah, estos gatos!, y qué le platico cuando alguna gatita se encuentra en celo, las trifulcas suelen ser de pronóstico reservado. Pero no todo es vida y dulzura para los gatos que veo por la ventana, los perros suelen ser sus enemigos acérrimos, aunque hay excepciones, ¡caray, quién lo dijera!, ya ni los perros tienen un poco de ética.
Pero, que hago yo platicando de los gatos en la ventana, ahora recuerdo que yo nunca he tenido gatos en mi casa, ni existe una ventana que dé vista a un árbol frondoso, o que la ventana tenga un marco de madera. Seguramente que he imaginado todo lo anterior, al final me doy cuenta de varias cosas respecto de mí, una es que existo, que tengo vida, otra es que puedo jugar con la imaginación y por qué no también con los gatos, con esos gatos que veo por la ventana.