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México no cabe duda es un país sui géneris, con diversidad cultural, étnica, religiosa y hasta social, rico en sus recursos naturales, en su historia y en sus tradiciones. Y su gente, su gente trabajadora que tiene curtida su piel con los rayos del sol, con la luz de la luna, que mantiene la eterna esperanza de alcanzar mejores estadíos de bienestar social, con base en su esfuerzo y usando como marco una constitución que establece y regula las reglas de convivencia, teniendo como premisa fundamental la libertad de todos los hijos de esta hermosa patria. Libertad para decidir, para actuar, para respetar y ser respetados, donde la palabra debe tener un valor específico que emane de la buena formación que se da en la familia, en la educación formal y que se debe de ver reflejada en las acciones que cada individuo realiza.
Pero dicen por ahí que toda regla tiene su excepción y nuestra patria parece que ha hecho uso en esta ocasión de esa excepción, teniendo como origen las emociones y sentimientos engendradas en el hígado de algún “notable” ciudadano, a quien se le confío la honrosa oportunidad de conducir los destinos de este maravilloso país, se gestaron cambios que justo es reconocerlo parten de un sistema imperfecto de impartición de justicia.
Bajo esa premisa, se construyó el andamiaje necesario en conjunto con algunos buitres ávidos de tener sus 5 minutos de gloria, para irrumpir en los equilibrios del poder que precisamente están establecidos en nuestra carta magna, así, primero el Poder Ejecutivo se apoderó del Poder Legislativo y a su vez estos en conjunto ahora se han apoderado del Poder Judicial. Dicen los leídos en el tema que ahora la justicia no se va a litigar, se va a cabildear, con lo que eso puede llegar a representar, el beneficio de la duda tiene su bono de concesión.
Así pues, haciendo uso de algunas artimañas cuestionables y con el argumento de que el pueblo bueno y sabio manda, “ojalá y fuera realidad”, y envolviéndose en el maltrecho estandarte de la democracia, se realizaron y se aprobaron los acuerdos necesarios para cambiar todo el Poder Judicial, borrando de un plumazo todo lo bueno que a pesar de la circunstancias pudiera haber existido en el modelo anterior. De pronto colocaron en una olla de presión los ingredientes, por cierto muchos de ellos a la carrera e incompletos para organizar la elección de los nuevos juzgadores. Primero, poniendo a la consideración del pueblo a personas, que la mayoría de ellas no estaban preparadas ni tenían los recursos para presentarse genuinamente ante un electorado, además previo existió un filtro que los propios integrantes del Poder Ejecutivo y Legislativo Establecieron, llegando incluso hasta la insultante realidad de elegir a los candidatos por el sistema de tómbola.
Una de las premisas es que era una elección netamente ciudadana, pero la política la hacen los políticos, no hay más, así que fue irresistible para ciertos actores políticos participar y posicionar a sus candidatos ante sus correligionarios y no solo eso, incluso se atrevieron a propinar el mayor insulto a la dignidad de una persona, coartando de tajo su libertad de elegir libremente. Pero no solo los ciudadanos reciben ese agravio, me pregunto, ¿con qué cara los candidatos ganadores podrán legitimar su triunfo? Pero no solo los actores políticos operaron la elección, qué decir del Poder Ejecutivo, que a juzgar por los resultados preliminares, que por cierto tuvo una muy desnutrida participación ciudadana, desde meses antes del día de la elección anunció prácticamente a él o la futura presidente de la corte, sólo como un ejemplo. Y del Poder Legislativo, de quienes de acuerdo con el mandato constitucional representan al pueblo, las palabras salen sobrando.
Así pues esta elección atípica para los mexicanos, “histórica”, tuvo como características principales la apatía, la desinformación, la confusión, un costo económico muy elevado y como estrella principal el uso de las llamadas acordeones que indudablemente le dieron un sesgo a los resultados de ésta. ¡Vaya ni Ramón Ayala ni Celso Piña (+), salieron tan buenos para el acordeón! El deseo es que finalmente ahora a todos nos vaya mejor.