Van 100 muertes maternas en la Sierra Tarahumara durante los últimos 10 años
La cobertura de programas federales como Salud Materna y Perinatal se redujo 71%, al pasar en el 2019 de 20 millones 700 mil pesos, a casi 6 millones en lo que va del 2024
Las distancias y renuencia de las mujeres principales factores de riesgo
Las muertes maternas un símbolo de desigualdad
Programas de apoyo para reducir las muertes maternas
Quizás, algún día, el camino a la maternidad deje de ser una travesía mortal en esta tierra de contrastes. Hasta entonces, el susurro de las montañas seguirá llevando consigo las voces de quienes ya no están.
El mexicano contribuyó a resolver el histórico enigma de la discrepancia de abundancias químicas en nebulosas; la argentina Mercedes Bidart también fue reconocida, pero en la categoría de CreaEmpresa
Pese a que hubo una reducción en el consumo de bebidas alcohólicas entre adolescentes, el alcohol continúa siendo una de las principales amenazas para la salud de los jóvenes.
El radar de penetración de la NASA realizó el hallazgo en el hemisferio norte de Marte; el delta es anterior al Western Delta, que data de hace unos tres mil 500 tres mil 700 millones de años
Luego de que circularan videos sobre unas esferas que recorrían el cielo nocturno de la región, Dionisio Pardo afirmó que no se puede determinar su origen con certeza
Hoy observamos una diversidad identitaria sin paralelo histórico y las redes sociales eliminaron barreras geográficas, ampliaron la visibilidad y aceleraron la validación
Del total de muertes maternas el 91% son mujeres indígenas / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Una joven perteneciente a la comunidad de Ódame falleció debido a una infección en el parto, cuando era atendida en la ciudad de Delicias, luego de ser desplazada por la violencia de su natal comunidad Santa Tulita, en el municipio de Guadalupe y Calvo. Con su caso, se acumulan 100 muertes maternas en poco menos de una década entre mujeres de la Sierra Tarahumara, donde a cuentagotas han permeado las brigadas médicas del Estado y la cobertura de programas federales como Salud Materna y Perinatal se redujo 71 por ciento.
Lucha Castro, activista social y feminista dio a conocer el caso de Deisi Adelaida Chaparro Almodóvar, una joven de 18 años, mujer indígena ódame (Tepehuana) quien murió en Chihuahua a causa de una infección adquirida tras el parto.
Según expuso la defensora de los derechos humanos, Deisi llegó desplazada a Ciudad Delicias desde su comunidad en Santa Tulita, Guadalupe y Calvo, tras un ataque sexual que sufrió su sobrina de 13 años. Su familia tuvo que huir por temor a represalias, dejando atrás su tierra y su hogar.
Existe un alto índice de muertes maternas / Foto: Javier Cruz/El Sol de Parral
Castro detalló que la joven de 18 años dio a luz a su hijo, pero desde el parto su salud se deterioró. Su familia pidió ayuda a la Cruz Roja en tres ocasiones y fue ignorada. Cuando finalmente fue trasladada al Hospital Central en Chihuahua, ya era demasiado tarde ya que Deisi murió víctima de una infección adquirida tras el parto.
Con ese caso, desde 2016 hasta lo que va de 2024, 100 mujeres han muerto por causas relacionadas con el embarazo sobre todo en los municipios más aislados de la Tarahumara. De ellas, 92 eran indígenas. En la región sur, 47 muertes maternas han sido registradas; 30 de estas mujeres pertenecían a comunidades indígenas y 17 eran mestizas.
En relación a ello el presidente del Colegio de Médicos del estado, Jesús Lozano, destacó que las cifras son alarmantes ya que es prevenible, además este tipo de muertes se presentan mayormente en países de tercer mundo, se debe de trabajar en acercar servicios de salud a toda la población.
Las principales causas de muerte materna en la sierra son Hemorragias Obstetricias y enfermedades de presión arteria / Foto: Isaac Molina / El Sol de Parral
Las sombras se alargan cuando se analiza el presupuesto destinado a la prevención y atención de estas muertes. En 2019, el Programa de Salud Materna y Perinatal contaba con 20 millones 710 mil 919.34 pesos, pero la cifra se desplomó año tras año, hasta llegar a los 5 millones 987 mil 405.99 en lo que va del 2024. Un descenso tan vertiginoso como la cuesta de un barranco, que pone en jaque los esfuerzos para mantener servicios esenciales, para mujeres embarazadas que buscan refugio y esperanza mientras acuden a consultas médicas.
En los rincones más apartados de la Sierra, las principales causas de muerte materna son hemorragias obstétricas y enfermedades hipertensivas como preeclampsia y eclampsia. En Parral y la región sur, estas mismas causas cobran vidas en comunidades donde el acceso a la atención médica especializada es un privilegio y no un derecho.
Las estadísticas se convierten en carne y hueso cuando se observa la definición de muerte materna de la Secretaría de Salud de Chihuahua: la muerte de una mujer durante el embarazo o hasta 42 días después de dar a luz, por causas relacionadas directa o indirectamente con el embarazo. Aquí no se cuentan homicidios, suicidios o accidentes, pero las cifras no hacen distinción de la tristeza que dejan tras de sí.
Los rostros detrás de estas estadísticas viven entre la pobreza y el aislamiento. En municipios como Guachochi, Batopilas, Morelos, Urique, Temoris, Carichí, Ocampo o Moris, la distancia entre una vida y otra a menudo se mide en kilómetros de brechas intransitables. La atención médica, una promesa intangible, se desdibuja ante la renuencia de las mujeres indígenas a acudir a consultas prenatales. Sus razones son complejas, enraizadas en la desconfianza hacia un sistema que muchas veces no entiende su cultura, y en la imposibilidad económica de costear traslados u hospedaje. Aunque existen programas para cubrir estos gastos, como el apoyo de transporte gratuito y los albergues maternos, el impacto parece ser insuficiente.
“La muerte materna es el rostro más evidente de los países del tercer mundo; es un indicador de subdesarrollo, estas muertes son prevenibles”, señala presidente del Colegio de Médicos del estado, Jesús Lozano. “Si se llevara un control prenatal adecuado, podríamos evitar la mayoría de los casos. Pero aquí enfrentamos barreras culturales, distancias interminables y un sistema de salud con serias carencias”.
Años atrás, la esperanza parecía vislumbrarse en los presupuestos más altos. En 2019 y 2020, los recursos superaban los 19 millones de pesos. Pero, a medida que el monto disminuyó, también lo hizo la capacidad de respuesta de los sistemas de salud. La capacitación, los insumos, el equipo médico y el personal especializado se volvieron insuficientes para enfrentar una crisis que exige más que voluntad.
La preeclampsia, la eclampsia y las hemorragias obstétricas son los principales verdugos. Estas complicaciones, que podrían controlarse con atención temprana, se convierten en sentencias de muerte cuando las pacientes llegan tarde o en condiciones críticas. “La medicina es cara”, admite Lozano. “Y nuestro sistema de salud, aunque ambicioso, no está a la altura. Desde el primer nivel de atención hasta los hospitales de tercer nivel, enfrentamos carencias marcadas”.
El médico es contundente al describir las prioridades. “No podemos construir grandes hospitales especializados si no fortalecemos el primer nivel de atención. Es ahí donde se detectan los problemas a tiempo, donde se podría evitar que las complicaciones escalen. Pero ¿cómo hacerlo cuando faltan insumos básicos, como ultrasonidos, medicamentos y quirófanos?”
La educación también ocupa un lugar central en la propuesta del Colegio de Médicos. Lozano subraya la necesidad de sensibilizar a las comunidades sobre la importancia del control prenatal y de fomentar la responsabilidad compartida entre padres y madres. “No se trata solo de la mujer embarazada. Es un tema de toda la sociedad. Debemos enseñar a las familias a identificar riesgos y actuar a tiempo”.
En la región sur, donde se construye un hospital de gineco-obstetricia en Parral, las esperanzas chocan con la realidad. “Para las mujeres de Guadalupe y Calvo, Guachochi o Balleza, el traslado a Parral puede tardar horas. En invierno, con la nieve, esas horas se multiplican, y con ellas, los riesgos”, explica Lozano.
El panorama parece insalvable, pero el médico no pierde la fe. “Podemos reducir las muertes maternas. Pero necesitamos voluntad política, recursos suficientes y una estrategia integral que acerque la salud a quienes más lo necesitan. No podemos esperar que las mujeres recorran kilómetros para recibir atención. La atención debe llegar a ellas”.
La muerte materna, como insiste Lozano, es un reflejo de desigualdad y abandono. En cada caso hay una historia, un rostro, una familia rota. “Es un problema de desarrollo humano. Cada muerte materna nos habla de fallas estructurales, de promesas incumplidas, de vidas que pudieron ser salvadas”.
Desde 2016, diversos programas han intentado desafiar el peso de esta realidad. Las Caravanas y Brigadas Médicas recorren la Sierra bajo un estricto calendario de trabajo, ofreciendo censos de embarazadas, pruebas médicas y transportes de emergencia. A pesar de estas iniciativas, los resultados siguen siendo parciales. Cada brigada visita cientos de localidades, pero la inmensidad del territorio y la dispersión de las comunidades hacen que el alcance sea limitado.
En paralelo, se han implementado estrategias culturales como los “clubs de embarazadas” y los programas de madrinas y padrinos, que buscan involucrar a las familias en el cuidado de las mujeres gestantes. Además, los CERENAM (Centros de Recuperación Nutricional y Albergue Materno) se erigen como refugios temporales para quienes deben desplazarse largas distancias por atención médica. Sin embargo, el impacto de estas medidas se diluye en un contexto donde la falta de recursos y la distancia imponen un muro difícil de escalar.
Los Servicios de Salud del Estado informaron que a nivel estatal, se ha establecido un convenio para traslados aéreos de emergencia, una medida que parece sacada de un sueño futurista en una región donde muchas mujeres todavía dan a luz en casa, sin asistencia médica. Estas iniciativas, aunque valiosas, parecen ser apenas un leve resplandor en un paisaje sombrío.
Además de los traslados aéreos, al momento se cuentan con 14 Coordinadores Comunitarios en Salud (Cocs), los cuales visitan a lo largo del año 192 localidades, 13 Brigadas Médicas visitan 394 localidades y 8 caravanas federales que visitan 206 localidades al año. Se realizan traslados terrestres en medida de urgencia o para trasladar a pacientes que requiere salir de su localidad a algún centro de salud para atención de su embarazo.
Se tienen programas para apoyo en estos gastos en la población indígena como la secretaria de Pueblos y Comunidades Indígenas con pago de transporte gratuitamente, por parte del DIF Municipal y Servicios de Salud se encuentran albergues maternos para las mujeres y sus familias que acudan a consulta. La migración por otra parte que existe en la población en las temporadas de cosecha y pizca en el Estado, afectan a la detección de embarazadas y a su seguimiento continuo por parte de las unidades
En el eco de estas montañas, cada muerte materna cuenta una historia de abandono y lucha. Una historia donde la naturaleza y la cultura se entrelazan con la pobreza para escribir el último capítulo de muchas vidas. La Sierra Tarahumara, con toda su belleza indomable, sigue siendo un testigo mudo de una tragedia que se repite año tras año.