Abraham Holguín
Desde las aulas de secundaria en Parral hasta las universidades de Nuevo México, Carmen Julia Holguín Chaparro ha construido una vida en torno a la literatura. En entrevista, compartió su camino académico, su obra poética y su visión del arte literario como un laboratorio moral y emocional, además de ofrecer consejos sinceros a los jóvenes sobre el poder transformador de la lectura y la escritura.
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Holguín llegó a Albuquerque en 2001 para estudiar el doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de Nuevo México. Al concluir sus estudios, se le ofreció un puesto como coordinadora de cursos intermedios de español, donde actualmente trabaja con estudiantes interesados en especializarse en la lengua y la cultura hispánicas, además de impartir clases directamente. Su labor se extiende tanto a la docencia como a la creación literaria.
A lo largo de su carrera, ha publicado diversos libros de poesía y narrativa. Entre sus títulos destacan A tu prójimo amarás, editado por la UNAM, y El que tenga oídos, publicado en Chihuahua gracias a una invitación del gobierno estatal. También ha lanzado libros como Venga en nosotras tu reino, con una fuerte carga política y feminista, y La Oviedo Rifa, una colección de cuentos. Ha colaborado en antologías y revistas, y cuenta con varias plaquetas de poesía.
Holguín compartió que su carrera comenzó casi por casualidad. Luego de la preparatoria y con escasos recursos, una amiga la motivó a estudiar Letras Españolas en Chihuahua, al notar su inclinación natural por la escritura desde la adolescencia. Más tarde, gracias al apoyo de colegas, logró acceder a una maestría en Las Cruces y posteriormente al doctorado en Nuevo México, donde finalmente se estableció como académica.
Para la escritora, la literatura va más allá del arte: representa un espacio de exploración ética y emocional. Citando a un teórico estadounidense, describe la lectura como un “laboratorio moral”, donde el lector experimenta emociones, dilemas y soluciones a través de personajes y narrativas, lo que a su vez enriquece la comprensión del mundo y de uno mismo. Enseñar literatura, señala, implica compartir esta experiencia transformadora con las nuevas generaciones.
Más allá del aula, Holguín escribe por necesidad interior. “No escribo poesía para que alguien me lea y solucione sus problemas, escribo porque tengo que hacerlo”, explicó. Sus poemas, en muchas ocasiones, surgen del dolor o la alegría, como fue el caso de la muerte de su madre, lo que la llevó a un proceso catártico mediante la escritura. Para ella, esta forma de expresión nace de una urgencia emocional y de un compromiso profundo con la realidad.
Holguín reconoce que acercar la literatura a los jóvenes en la era digital es una tarea difícil. Sin embargo, insiste en la importancia de generar puentes emocionales a través de textos que conecten con sus intereses y contextos. Para quienes comienzan, recomienda encontrar lo que los motive, incluso si ello implica iniciar con novelas ligeras o de romance. Su propia historia inició así, con lecturas de Corriente Yaddo, que la llevaron, poco a poco, a una literatura más compleja.
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Para Carmen Julia Holguín, la literatura es una herramienta poderosa para cultivar empatía, explorar emociones y entender la condición humana. Ya sea como lectora, docente o escritora, su vida ha girado en torno a las palabras como vehículos de transformación, refugio y memoria. “Es algo que te lo piden tus emociones y que te lo dicta tu cabeza”, concluye, reafirmando que escribir no es una elección, sino un acto inevitable para quien lleva la literatura en la sangre.