Abraham Holguín
Con más de 32 años de servicio en educación indígena, la maestra Gladys Esperanza Rodríguez Ríos, oriunda de la comunidad de Tonachí en Guachochi, ha recorrido un largo camino desde sus inicios como docente frente a grupo hasta su actual labor como supervisora en la zona escolar 33 de Norogachi. Además de su amplia experiencia educativa, ha incursionado como escritora con el objetivo de fortalecer la cosmovisión rarámuri a través de la literatura.
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Rodríguez inició su carrera en 1993 en la comunidad de La Pinta, municipio de Balleza. Desde entonces, ha trabajado principalmente en el municipio de Batopilas como maestra de grupo, jefa de albergue, directora y asesora técnico pedagógica. Su trayectoria incluye también una estancia becada de un año en la Universidad de Arizona, dentro del extinto programa Semilla, donde compartió saberes con docentes de diferentes pueblos originarios de América Latina.
En sus inicios, la formación de maestros indígenas era limitada. Según relata, hace más de tres décadas no existían escuelas normales cercanas, por lo que muchos docentes eran contratados con solo secundaria o bachillerato. Rodríguez ingresó a la docencia tras un curso de inducción al medio indígena, lo que la llevó a impartir clases en comunidades apartadas desde muy joven. Su preparación formal la obtuvo en el Centro de Actualización del Magisterio, en modalidad intensiva durante vacaciones.
El reto de combinar el trabajo con la formación no fue sencillo. Durante su estancia en el barranco de Batopilas, recorría largas distancias a pie para acceder a su escuela. Sin embargo, el compromiso con los estudiantes la llevó a buscar métodos alternativos de estudio. Esta experiencia, marcada por el aislamiento y la entrega, consolidó su vocación docente y su sensibilidad hacia las necesidades de las comunidades originarias.
La escritura llegó como una forma de desahogo y reflexión. Gladys comenzó a redactar textos desde su juventud, inspirada por lo que vivía y observaba. Fue durante un proceso de duelo por la muerte de su abuela que decidió escribir formalmente, plasmando la importancia de la fiestas funerarias rarámuri, una ceremonia tradicional que simboliza el ascenso del espíritu, y que dio origen a su primer libro, Molèma.
Su obra ha sido reconocida como un puente entre generaciones. A través de sus textos, las nuevas juventudes encuentran explicaciones sobre las fiestas tradicionales, juegos, costumbres y la cosmovisión de su pueblo. “La escritura me sirvió para sanar”, expresa Rodríguez, quien celebra que su libro se utilice como referencia en los preparativos de ceremonias tradicionales.
Actualmente, tiene publicado Cuando Ana Regrese, parte de una serie de libros que relatan el viaje de Ana, una niña rarámuri que deja la Sierra por necesidad, pero mantiene vivos sus saberes ancestrales. En cada visita a su comunidad, Ana redescubre su identidad y revive prácticas como el juego tradicional, el trueque y la medicina tradicional. El siguiente volumen se centrará en Martín, su hermano, quien representa una visión masculina de la niñez indígena.
Además de sus libros narrativos, Gladys ha desarrollado materiales didácticos en lengua rarámuri y ódame, especialmente para nivel preescolar, con el fin de fortalecer el aprendizaje en lenguas originarias. Aunque no están impresos de forma masiva, estos recursos se comparten en formato digital entre docentes que los utilizan en sus escuelas.
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Con una trayectoria que entrelaza pedagogía y literatura, Gladys Rodríguez Ríos no solo ha formado generaciones de estudiantes, sino que ha contribuido activamente al rescate cultural de los pueblos originarios de Chihuahua, demostrando que la educación también se escribe desde las raíces.