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Culturalunes, 15 de diciembre de 2025

La voz de Carichí conquista el Vaticano, niñas de coro rarámuri hacen historia

Las 26 niñas del coro “Yermo y Parres” llevaron su cultura y talento a la Santa Sede, demostrando que la música es un puente universal de identidad y esperanza

Axel Gallardo Ibarra

Un coro que nació como semilla comunitaria

Con el tiempo, las niñas formaron su propio ensamble y comenzaron a representar a su comunidad en eventos culturales, cívicos y religiosos. Desde entonces, el proyecto ha mantenido un crecimiento constante.

Casas Hogar, no solo internados

De la sierra a los grandes escenarios

La evolución del Coro “Yermo y Parres” ha sido notable. De cantar en actos escolares, pasaron a escenarios estatales y nacionales, participando en festivales y eventos de gran relevancia, como la Fórmula 1.

Han obtenido primeros lugares regionales y estatales en la interpretación del Himno Nacional y del Himno de Chihuahua. Cada presentación ha constituido un escalón más en su proceso artístico.

Hoy, ese camino las llevó hasta Roma y el Vaticano, representando no solo a su municipio, sino a toda la Diócesis de la Tarahumara y al estado.

¿Quiénes son las voces que viajaron?

Actualmente, la agrupación está conformada por 32 adolescentes, de las cuales 26 realizaron el viaje. Sus edades oscilan entre los 12 y los 18 años.

Las niñas realizan su formación básica en internados de las localidades mencionadas y posteriormente continúan la secundaria en Carichí o en la Amiga de la Obrera.
Talento, disciplina y deseo.

La selección para integrarse no se basa únicamente en la voz. El primer requisito es el deseo de participar, pues sus responsabilidades diarias continúan: labores domésticas, estudio, talleres y vida espiritual.

Música que forma carácter

Los cambios son visibles: mayor seguridad, mejor postura, integración social y orgullo por sus raíces.

Ensayan de tres a cinco veces por semana. Cada sesión incluye calentamiento, respiración y dinámicas de escucha. “La música se vive con el cuerpo, la voz y el corazón, señala la directora.

Una formación con rostro humano

Aunque han colaborado distintos docentes, el proceso ha sido liderado principalmente por la Mtra. Ordóñez Macías, violinista y gestora cultural, quien combina la técnica vocal con el acompañamiento humano.

El repertorio abarca música tradicional rarámuri, religiosa, contemporánea, polifonía académica e himnos. La identidad cultural dialoga con la liturgia y la música académica, creando un lenguaje mestizo y vivo.

La invitación que parecía un milagro

La convocatoria para asistir al Vaticano llegó a través del Gobierno del Estado de Chihuahua. Para las religiosas fue una bendición; para las niñas, un sueño hecho realidad.

La noticia se recibió el 22 de noviembre, día de Santa Cecilia. La emoción llenó el internado mientras muchas tramitaban su pasaporte por primera vez; para varias, era su primer viaje fuera del país.

Roma: una experiencia permanente

Algunas niñas expresaron sentirse valiosas y reconocidas, una percepción que trasciende el lujo del entorno.

Un mensaje al mundo

Desde la Sierra Tarahumara llevaron un mensaje: la fe tiene raíces indígenas, la voz de la Sierra es universal y la belleza humilde transforma. Fue también un clamor de paz para México y el mundo.

Para la región, la noticia se recibió con orgullo. Más de 100 años de presencia educativa respaldan este momento que conecta a generaciones de exalumnos y colaboradores.

El camino continúa

El proyecto busca continuidad en alianza con Fechac y Modelo ADN, dentro del programa Voces, Sonido e Identidad, además de establecer nuevos vínculos institucionales.

El objetivo es que el coro siga siendo un espacio donde la música sea camino de vida y las niñas se conviertan en mujeres seguras y orgullosas.

“Ver cómo una niña tímida se convierte en una voz firme, cómo el arte devuelve dignidad e identidad, es la mayor satisfacción”, coinciden las formadoras.

En Carichí y en Roma queda la certeza de que cuando la música nace del alma, no hay fronteras.

El Coro “Yermo y Parres” es resultado de una década de trabajo. Desde 2010, las niñas han encontrado en la música pertenencia y disciplina, demostrando que la formación artística es también justicia social.

El verdadero logro se vive en lo cotidiano: en la adolescente que descubre que su voz importa y pierde el miedo. El coro es una escuela de vida donde se forman valores que permanecerán más allá de los aplausos.

La experiencia en Roma se suma a una historia de conciertos y reconocimientos que fortalece la memoria colectiva y abre camino para las futuras generaciones.

En la armonía entre el canto rarámuri y la música académica, el coro proyecta su identidad con fuerza, mostrando que la cultura indígena dialoga con el presente y el futuro.

La certeza compartida por la comunidad es que la música sembrada se transforma en autoestima y libertad. Desde Carichí, la Sierra Tarahumara sigue cantando al mundo.

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