¡Desde la Botuda hasta el Diablo en El Tornado! Estas son las leyendas de terror tradicionales en Parral
Cinco relatos que han perdurado en la memoria colectiva de Parral, donde la historia y lo sobrenatural se entrelazan para dar forma al espíritu de la “Capital del Mundo”
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El constante flujo de personas ha forjado innumerables visiones de la ciudad conocida como “Capital del Mundo” / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Parral, una ciudad con una profunda raíz histórica, ha visto transitar a miles de personas. Este constante flujo ha forjado innumerables visiones y contextos de la llamada “Capital del Mundo”. Por ello, no es de extrañar que sucesos extraños y fuera de lo común hayan sido atestiguados o vividos por sus habitantes. Es en este ambiente, cargado de memorias y secretos, donde han germinado cientos de leyendas.
Las historias románticas y las tragedias suelen estar entrelazadas por un lazo invisible. Esta leyenda narra el romance entre dos extranjeros, en pleno corazón de la ciudad: Maximinne Bell-Azid, de Argelia, y René Drincourt, un militar de Bélgica. Ambos se enamoraron, pero como tantas historias en tiempos de guerra, la suya terminó trágicamente con el asesinato del militar.
Tiempo después, la joven Maximinne compró la casona testigo de aquel cruel acto de barbarie. Allí, se obligó a rememorar cada día el fallecimiento de su amado. Noche tras noche, vestida con una falda y unas características botas que le valieron el sobrenombre de “La Botuda”, recordaba a René. Falleció años más tarde. Sin embargo, testigos aseguran verla hasta el día de hoy en la emblemática Plaza Meoqui, su figura recortada contra la niebla. Esto nos hace cuestionar si su alma aún sigue vagando, sin darse cuenta de que tal vez sea hora de reunirse con su amado y encontrar el descanso eterno.
No todas las leyendas son vestigios del pasado; algunas recientes también han generado expectación entre los residentes. Esta historia transcurre en un ambiente moderno: una discoteca. Ubicada sobre el Periférico Luis Donaldo Colosio, “El Tornado” era, se dice, frecuentada por el mismo diablo. Bajo la apariencia de un hombre galante y misterioso, atraía a sus víctimas, convenciéndolas de pasar la noche con él.
Su verdadera forma se revelaba solo al final de la velada. Sus intenciones nunca fueron claras, y aunque el club nocturno cerró, se cuenta que en otros bares o antros de la ciudad aún podría ser encontrado, buscando a su próxima víctima con propósitos que aún no se logran comprender.
Los hospitales, sean o no escenarios de fe, suelen estar envueltos en una atmósfera lúgubre, pues en ellos muchas personas no logran recuperarse de sus dolencias y encuentran ahí su descanso final. El IMSS de Parral no es la excepción con las historias que suelen contarse, Miguelito, según relatan los trabajadores del nosocomio, es un niño que solo puede ser visto por el personal de guardia y por aquellos enfermos que están por partir de este plano terrenal. Con la curiosidad característica de la infancia, esta alma visita a los moribundos, quizás para brindarles un momento de paz o darles la oportunidad de despedirse y cruzar el umbral sin miedo.
En el Cerro de Las Borregas, la tradición oral cuenta que, dentro de una cueva, se aparece un apache junto a un tesoro capaz de hacer salivar a cualquiera. No obstante, el guardián espectral plantea una terrible disyuntiva: “¿Todo o nada?” Si la respuesta es “todo”, el codicioso deberá llevarse la totalidad del tesoro; de no lograrlo, el espíritu nunca lo dejará salir, condenándolo a acompañar para siempre las riquezas que no pudo recolectar. Si la respuesta es “nada”, el viajero deberá dejar todas sus posesiones, incluso sus prendas, salvándose de un destino posiblemente peor que la muerte.
La minería es la característica fundacional de Parral, por lo que, tristemente, no sorprende que cientos o miles de mineros murieran en los oscuros abismos de esta urbe. Uno de ellos, conocido por portar siempre una gorra de hule con una inscripción que parecía ser un presagio para su propio destino: “Viva mi desgracia”.
El hombre era famoso por su adicción al alcohol y los excesos. Se cuenta que falleció a causa de ello, en un accidente provocado por su estado de ebriedad que no solo le costó su vida, sino la de cuatro de sus compañeros. Su alma, tal vez embargada por la pena o por algún castigo divino, ahora vaga por los túneles silenciosos, buscando a mineros perdidos o en peligro, ayudándolos a salir con vida y otorgándoles una oportunidad de enmienda que él no pudo tener.
Miles de historias rondan la ciudad, ocultas entre los muros de las iglesias del centro, el murmullo de la mina la prieta y los ecos de la memoria. Estas son solo algunas de ellas, fragmentos que nos recuerdan que quizá existe algo más allá de nuestra realidad, algo que sigue observando, esperando o simplemente contando —a su manera— la historia eterna de Parral.