De Pegaso a GP Capital: Parral epicentro de financieras fraudulentas
Vacíos legales y ambición: las claves detrás de los fraudes financieros en Parral, los cuales por espacio de tres décadas se han venido repitiendo dejando a los parralenses sin su patrimonio
No existen mecanismos regulatorios y preventivos locales o estatales
El espejismo de las empresas “legales”
La traición comunitaria
La ilusión de éxito inmediato hizo que más de mil 600 personas depositaran su confianza y su dinero, una cifra muy superior a los cerca de 300 afectados en el caso de Aras en Parral.
Vacíos que permiten la repetición
El patrón psicológico: carisma, confianza y avaricia
Los casos de Pegaso, Aras y GP Capital comparten un mismo guion:
Cinco recomendaciones para no volver a caer
Torres plantea una serie de consejos prácticos para blindar a la ciudadanía frente a futuros intentos de fraude:
“Si no tienes claro cómo la empresa genera ingresos, mejor no metas tu dinero ahí”, sentencia el especialista.
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El Gobierno del Estado ha informado que la inversión estimada para la urbanización ronda los 300 millones de pesos, por lo que el sector empresarial analiza la forma de participar en las licitaciones correspondientes
Las oficinas de Grupo Pacheco se encontraban ubicadas en la colonia Altavista, como muestra de lujo y confort. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
En Parral, los fraudes cometidos por sociedades financieras bajo esquemas piramidales no son novedad ya que en los últimos 30 años se han registrado al menos dos casos en los que la ciudad ha sido el epicentro de este tipo de estafas, primero con Grupo Pegaso y Unicornio, y recientemente con Grupo Financiero Pacheco que a mediados de agosto dejó más de mil 600 afectados y un desfalco por 300 millones de pesos. Para Aldo Josafat Torres, investigador en economía de la UACh, esto se trata de “engaños comunitarios” cuyos perpetradores se aprovechan de la identidad local y sus redes familiares para inspirar confianza.
El más reciente capítulo en esta saga fue protagonizado por dos jóvenes parralenses, rostros frescos, autos de lujo y un apellido con resonancia local: Pacheco. Bajo la fachada de asesoría financiera, convencieron a cientos de ciudadanos de confiarles sus ahorros. Hoy, esas oficinas lucen vacías, con las puertas clausuradas, luego de que los inversionistas, enardecidos, intentaran recuperar algo de lo perdido cargando sillas y computadoras. Pero, ¿por qué Parral vuelve a ser escenario de un fraude millonario? ¿Qué hace que la gente, a pesar de los antecedentes, vuelva a caer?
Para comprender este fenómeno, Aldo Josafat Torres García, profesor investigador de la Facultad de Economía Internacional de la Universidad Autónoma de Chihuahua, ofrece un análisis profundo: “Lo que pasa es que hay un doble vacío: el regulatorio y el preventivo. Por un lado, no existen mecanismos municipales o estatales que pongan freno a este tipo de empresas, porque las autoridades se excusan en que es un tema de competencia federal, y que ellos no pueden hacer mucho más que escuchar a la gente cuando ya se consumó un fraude”, agregó.
Por otro lado, mencionó que falta una verdadera cultura de educación financiera en la población. Esa combinación es el caldo de cultivo perfecto para que proliferen las estafas: “Aunque de boca en boca nos enteramos de que estafaron a alguien, no existe una campaña sólida de prevención que venga desde la sociedad civil, desde las propias personas, para que la gente deje de caer. Lo que sucede es la combinación entre la falta de educación financiera y la ambición de obtener rendimientos rápidos y muy grandes”, aseveró.
Ante la desaparición de los directivos de GP Capital, los ciudadanos enardecidos comenzaron a saquear oficinas y negocios. / Foto: Abraham Holguín / El Sol de Parral
Asimismo enfatizó que en el caso de Grupo Pacheco, que también se hacían llamar GP Capital, su estrategia fue presentarse como una marca internacional o global, parte de un modelo muy común entre empresas que aparentan solidez: “Es parte de la estrategia que utilizan este tipo de figuras mercantiles, que se asemejan a las Starbucks o a las Fintech, pero que al final de cuentas se convierten en instituciones fantasma porque se dan a la fuga”, señaló.
El especialista señala que, además de la ignorancia en temas financieros, hay otro factor clave: la ambición. La gente desea ver crecer su dinero rápido, con rendimientos muy por encima de la realidad.
En cuanto a la educación financiera, planteó dos aspectos. El primero, revisar siempre si las inversiones que se pretenden realizar están reguladas. El segundo, aprender a desconfiar de promesas irreales: “Si la tasa de referencia del Banco de México está en 7.75%, ¿cómo es posible que alguien prometa el doble o el triple? Eso debería encender las alarmas de inmediato. Sin embargo, la promesa de riqueza fácil seduce”, advierte Torres.
Los fraudes financieros en Parral no se presentan como actos delictivos en primera instancia. Al contrario, suelen disfrazarse de legalidad bajo figuras mercantiles: consultorías, asesorías de inversión o sociedades promotoras de inversión (SAPI).
El doctor Torres lo resume así: “El truco está en registrarse bajo otro giro, como consultoría o asesoría de inversiones, pero sin tener autorización para captar dinero del público. Así operan en un espacio gris, porque legalmente no deberían recibir recursos de los inversionistas, pero lo hacen mediante contratos privados. En esos contratos, el cliente asume todo el riesgo, lo sepa o no.”
Este esquema permite que los responsables se amparen legalmente en frases como “aportación voluntaria” o en letras chiquitas que señalan riesgos, mientras que, en la práctica, los ahorros de cientos de familias terminan diluidos en gastos de lujo o desaparecen sin dejar rastro. A veces ni siquiera se leen esas letras. Puede ser una cuestión fraudulenta, pero también ocurre que la gente no se da el tiempo de leer todo lo que firma: “Muchas veces se recurre a figuras jurídicas que hacen parecer que son empresas consolidadas y con grandes ganancias, cuando en realidad no lo son”, aclaró.
A diferencia de los fraudes de mayor escala como Aras —que llegó a diversas ciudades del país—, el caso de GP Capital tocó fibras especialmente sensibles en Parral. Los responsables no eran forasteros: eran jóvenes de la ciudad, orgullosos de su origen, carismáticos y con un apellido reconocido.
El golpe de GP Capital proviene de haber sido orquestado por jóvenes que se decían orgullosamente parralenses y no de foráneos. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
“Ese fue el golpe más duro. Fue un engaño comunitario. La gente confió porque ellos se presentaban como orgullosamente parralenses. Y esa traición cala mucho más hondo que si viniera de alguien ajeno a la ciudad”, subraya Torres.
Torres García agregó que este fraude fue más doloroso porque se trató de un “engaño comunitario”: “Eso cala mucho. El grupo decía estar orgulloso de ser parralense, y eso generaba confianza. La gente pensaba: si son de aquí, no me van a defraudar. Utilizaron el orgullo local para ganarse la confianza y luego traicionaron a la comunidad. Esa es una de las razones por las que la gente anda tan dolida”, expresó.
La estrategia incluyó un marketing aspiracional, sustentado en redes sociales: viajes, vehículos deportivos, ropa de marca y la promesa de “la vida que todos sueñan”:“La gente se fue con la finta de un estilo de vida que todos quisiéramos tener, pero sin el proceso de trabajo y esfuerzo. Así se vuelve otra vez la promesa del dinero fácil en corto tiempo, una inversión que realmente va a convertirse en un fraude”, puntualizó.
Señaló que otro de los elementos utilizados para convencer fue el discurso sobre inversiones en metales y criptomonedas: “Decían que invertían en oro, plata o Bitcoin, y al hablar con conocimiento del tema lograban convencer a quienes no estaban familiarizados con esos mercados”.
Lo más alarmante es que, a pesar de los fraudes anteriores, no existieron mecanismos preventivos locales que alertaran o bloquearan a GP Capital. A esto se suma que las autoridades no actúan de inmediato: “Dicen: ¿dónde está el delito? Usted entregó su dinero voluntariamente, aquí está el contrato. Tiene que pasar un tiempo para que se consolide el fraude y entonces ya se puede actuar. Esa es la laguna: no existen sanciones preventivas”, advirtió.
Después de 30 décadas de la estafa millonaria de Grupo Pegaso, Parral continúa repitiendo la historia. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
El propio alcalde reconoció en entrevista: “Todos lo vimos, pero quizá por la aceptación que tenía la gente, no se hizo nada”. Esta pasividad se explica, en parte, porque los municipios no cuentan con facultades claras para regular este tipo de operaciones. Sin embargo, para el investigador, esa respuesta resulta insuficiente: “Aunque sea competencia federal, debería haber campañas de educación financiera desde lo local, desde la sociedad civil y las instituciones educativas. No basta con esperar a que el delito se consume.”
Comparó lo ocurrido con el caso Aras, donde al menos se incautaron propiedades: “Con Aras había bienes tangibles, edificios, propiedades que podían venderse para devolver algo a la gente. En cambio, con Grupo Financiero Pacheco todo era rentado. La reacción de la gente en Parral fue enardecida: se lanzaron sobre las oficinas para sacar mobiliario, computadoras, sillas, lo que hubiera. Fue una forma de desahogar la impotencia, de querer cobrarse a lo chino. Pero lo cierto es que en este caso será muy difícil recuperar algo porque parece que supieron hacerlo muy bien: vivían de la apariencia, rentando y pidiendo prestado para proyectar una vida de lujos que solo existía en redes sociales”, subrayó.
Promesa de rendimientos altos e inmediatos.
Apariencia de legalidad, mediante figuras mercantiles reconocidas.
Carisma y cercanía de los líderes.
Uso de símbolos de confianza local: apellidos, orgullo regional, estilo de vida aspiracional.
El resultado es una seducción colectiva, donde incluso personas instruidas terminan atrapadas: “Se aprovechan del deseo de ascenso social y de la empatía local. Es decir: si es de Parral y le va bien, yo también quiero invertir con él”, resume Torres.
Los saqueos nacen de la necesidad de obtener algo después de haber confiado y perdido ahorros, inversiones y dinero en GP Capital. / Foto: Abraham Holguín / El Sol de Parral
Consultar el Registro de Entidades Financieras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores antes de invertir.
Revisar si la empresa está autorizada para captar dinero del público y checar la lista negra de la Condusef.
Investigar antecedentes: años de operación, dueños, historial legal.
Analizar tecnicismos y tasas de interés: si el rendimiento prometido duplica el del Banco de México, hay que desconfiar.
No invertir sin entender de dónde provienen las ganancias de la empresa.
A tres décadas de distancia entre Pegaso y GP Capital, el saldo es doloroso: miles de afectados, patrimonios familiares evaporados y una desconfianza creciente hacia las inversiones. Sin embargo, lo más grave es que, mientras los vacíos regulatorios persistan y la educación financiera siga siendo débil, Parral y otras ciudades seguirán expuestas a nuevas estafas.
Torres García destacó que, pese a que Grupo Financiero Pacheco no estaba registrado en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores ni en la Condusef, la gente creyó en ellos: “La recomendación siempre será revisar antes de invertir dónde están los registros de estas empresas”.
El fraude de GP Capitalno será el último, advierte Torres: “Seguramente aparecerán otros jóvenes, con otro nombre atractivo, y volverán a intentarlo. Lo importante es que cada vez sean menos los afectados, porque este tipo de estructuras van a seguir existiendo. La diferencia debe ser que la gente ya no caiga.”