Una vida marcada por la artrogriposis… y por la independencia
A los 13 años ya manejaba. Antes de irse a la universidad sabía cocinar, lavar ropa, hacer mandados. Vivir solo nunca fue un salto al vacío: fue una consecuencia natural de una independencia entrenada desde la infancia.
De Parral a Denver: migrar, adaptarse y resistir
Ciencia del intestino: colitis, microbiota y suplementos del futuro
Paralelamente, desarrollan otro enfoque: suplementos de bacterias buenas capaces de desplazar a las bacterias inflamatorias. No es sencillo, aclara, pero es una de las líneas más activas del laboratorio.
Degradar proteínas “malas”: el otro gran proyecto
Publicaciones, patentes y ciencia de alto impacto
México: talento hay, oportunidades no
Familia, academia y política: una herencia que pesa y guía
Discapacidad, accesibilidad y tecnología
Inversión, no gasto
Para el entrevistado Alfredo Ornelas Sánchez, el mensaje es doble. Para el gobierno: invertir en ciencia es invertir en futuro. Para los jóvenes: prepararse, especializarse y, si es posible, combinar disciplinas.
Empleados despedidos mantienen guardias y piden apoyo de compañeros para reforzar la vigilancia, mientras exigen su liquidación tras el cierre por la bancarrota del corporativo First Brands
En el texto, los presuntos responsables otorgan un plazo de 24 horas para que la familia abandone la comunidad de El Alamillo, en el municipio de Madera, así como la cabecera municipal de Gómez Farías
El campo de Alfredo es la gastroenterología, particularmente el estudio del colon y las enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis. / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Desde Parral, Chihuahua, hasta los laboratorios de investigación médica en Estados Unidos, la historia de Alfredo Ornelas Sánchez es la de un científico que desafió diagnósticos médicos, rompió barreras físicas y académicas, y construyó una carrera de alto impacto en la investigación biomédica, en un contexto donde el talento mexicano suele verse obligado a migrar ante la falta de oportunidades en su propio país.
Hablar con el científico Ornelas Sánchez es recorrer, en una sola conversación, varios de los grandes temas de nuestro tiempo: la ciencia de frontera, la discapacidad entendida como capacidades diferentes, la migración del talento, la vocación académica heredada y el compromiso con lo público. Parralense de origen, químico de formación y hoy investigador y Profesor en la University of Colorado Anschutz Medical Campus, Alfredo ha construido una trayectoria que desmiente pronósticos médicos, rompe techos disciplinares y abre preguntas incómodas sobre el rezago científico en México.
Esta es la historia de un científico que nació con Artrogriposis Múltiple Congénita, una condición que afecta el desarrollo muscular, y a quien, al nacer, se le dio un pronóstico médico desolador al informarle a sus padres que jamás caminaría y con suerte podría incorporarse de una cama. Hoy dirige un laboratorio de química y biología molecular, cuenta con financiamiento federal en Estados Unidos, registra patentes y publica en revistas científicas de alto impacto. Pero, sobre todo, es una voz clara sobre por qué el talento se va, cómo se forma y qué haría falta para que algún día regrese.
Alfredo Ornelas Sánchez es licenciado en Química y doctor en Química Medicinal. Tras concluir su doctorado, realizó un posdoctorado en la Universidad de Colorado bajo la mentoría del doctor Sean Colgan, una figura ampliamente reconocida en el campo internacional de la gastroenterología. Ese periodo no solo marcó un ascenso académico para el entrevistado —del posdoctorado a Profesor—, sino un viraje intelectual decisivo: pasar de la química medicinal a la biología molecular.
“Quería complementar”, explica. “Los biólogos saben mucho de biología, los químicos sabemos de química; cuando juntas ambos lenguajes, los proyectos se vuelven mucho más interesantes para ambas partes”. Ese cruce disciplinar es hoy una de sus mayores fortalezas y una de las razones por las que ha logrado obtener fondos competitivos del gobierno federal estadounidense.
Actualmente, el científico de origen parralense trabaja en el campus de medicina de la Universidad de Colorado, donde su labor se concentra casi por completo en investigación. No da clases de forma regular: dirige un laboratorio propio, coordina personal, forma estudiantes y desarrolla proyectos que buscan responder problemas médicos complejos desde la ciencia básica aplicada.
Alfredo nació con Artrogriposis Múltiple Congénita, una condición que, en su caso, impidió el desarrollo normal de los músculos. Durante el embarazo, su cuerpo permaneció doblado, lo que afectó su movilidad al nacer. El diagnóstico fue devastador: los médicos dijeron a sus padres que probablemente pasaría su vida postrado.
El giro llegó gracias a una organización filantrópica en Estados Unidos: Shriners Children’s Hospital, una red de hospitales ortopédicos vinculados a la filantropía masónica. Alfredo fue aceptado en el programa cuando tenía seis meses de edad y viajó —solo— a Salt Lake City, capital del estado de Utah, para su primera cirugía.
Vendrían después cinco o seis operaciones más y largos periodos de rehabilitación, hasta los 17 años. El resultado fue una vida funcional e independiente que superó por completo el pronóstico inicial de los especialistas.
“Mi condición física ha sido una limitación, pero también una bendición”, reflexiona. “Desde niño me molestaba no poder hacer las cosas como los demás, así que siempre me reté a hacerlas. Eso forjó mi carácter”. La resiliencia y la determinación fueron claves en su proceso.
Alfredo comenta sobre su esposa, Pamela Navarro: “Mi compañera de vida, mi pilar, y mejor amiga sin duda cada día me inspira a ser mejor”. / Foto: Cortesía / Alfredo Ornelas
El primer gran cambio geográfico fue El Paso, Texas, una ciudad que Alfredo describe como muy mexicana, donde la transición desde Parral fue suave. Ahí realizó sus estudios en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) y recibió su Doctorado en Ciencias bajo la tutela de Katja Michael, una científica de origen alemán experta en química medicinal. Aquí mismo, se guio y creció bajo los consejos de Jorge Gardea Torresdey, el Director del Departamento de Química de UTEP en aquel entonces y ampliamente reconocido científico también orgullosamente parralense.
El verdadero quiebre llegó con su mudanza a Denver para comenzar su posdoctorado, una metrópoli diversa, compleja y —en su caso— atravesada por la pandemia. Se mudó en febrero de 2020. En marzo, el mundo se cerró. Trabajo nuevo, ciudad desconocida, sin redes de apoyo cercanas y con el Sars-cov-2 paralizando todo. Fue, reconoce, uno de los retos más fuertes de su vida adulta. Pero, como otros desafíos, se resolvió con adaptación y disciplina.
Bajo distanciamiento social y horarios quebrados, Alfredo logró obtener financiamiento para su investigación posdoctoral en los primeros 10 meses gracias a las generosas donaciones de la Crohn’s and Colitis Foundation. Este periodo, a pesar de ser difícil, sin duda lo catapultó a la posición que ahora ocupa en la universidad.
El campo de Alfredo es la gastroenterología, particularmente el estudio del colon y las enfermedades inflamatorias intestinales como la colitis. Uno de sus proyectos insignia parte de una idea clave: la microbiota intestinal —ese órgano escondido compuesto por millones de bacterias— es esencial para la salud.
Cuando hay colitis, la flora buena se transforma en flora mala, generando inflamación crónica y dejando de producir compuestos beneficiosos para el organismo. El objetivo de su laboratorio es diseñar esos compuestos —inspirados en los naturales, pero modificados— para administrarlos como suplemento y compensar la pérdida funcional de la microbiota saludable.
En las primeras pruebas, uno de estos compuestos ya mostró resultados prometedores: reducción de inflamación, curación de úlceras y regeneración del colon en modelos murinos de colitis. Por este hallazgo, el equipo registró recientemente una patente provisional en Estados Unidos.
El segundo gran proyecto de Alfredo cuenta con financiamiento del NIH y se inscribe en una de las tendencias más avanzadas de la industria farmacéutica: la degradación selectiva de proteínas (Targeted Protein Degradation).
La idea es diseñar moléculas capaces de identificar proteínas específicas que el cuerpo produce en exceso —y que causan daño, como en procesos inflamatorios— para marcarlas y permitir que el propio organismo las destruya. Es un enfoque similar al de los anticuerpos, pero dirigido no a virus o bacterias, sino a proteínas endógenas.
Grandes farmacéuticas como Pfizer o AstraZeneca trabajan en esta línea. El proyecto de Alfredo aún está en desarrollo, pero forma parte de ese mismo frente científico global. Se busca una terapia personalizada y de alta precisión.
Alfredo cuenta con 13 publicaciones científicas, varias de ellas en revistas de alto impacto. Entre ellas destaca Gut Microbes, especializada en microbiota intestinal, con un factor de impacto superior a 13. Recientemente, uno de sus artículos fue aceptado en una revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, uno de los espacios más prestigiosos del mundo científico.
En cuanto a patentes, además de la reciente sobre colitis, posee otra derivada de su doctorado: el desarrollo de biomateriales tridimensionales a base de colágeno, diseñados para crecer tejido con vascularización artificial mediante láser. El reto de la falta de oxígeno en tejidos 3D sigue vigente, pero su trabajo logró avances relevantes en ese campo.
Alfredo cuenta con 13 publicaciones científicas, varias de ellas en revistas de alto impacto. / Foto: Cortesía / Alfredo Ornelas
Cuando se le pregunta por México, Alfredo es claro y crítico. Reconoce el apoyo que recibió del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt) durante su doctorado, pero también relata la frustración de intentar regresar al país y no obtener respuesta ni plazas.
“El talento no se va porque no quiera a México, se va porque las oportunidades no están”, afirma. Señala tres problemas centrales: falta de apoyo sostenido, carencia de tecnología y mala distribución de los recursos existentes, atravesada por favoritismos y palancas políticas.
“Cuando las oportunidades no existen, el talento no se pierde: simplemente aprende a crecer en otro lugar”. En contraste, describe el sistema estadounidense como más meritocrático en la asignación de fondos, al menos en su experiencia.
Hijo de Emiliano Ornelas y Rosa Elva Sánchez, Catedráticos del Instituto Tecnológico de Parral, y sobrino de Francisco Ornelas, sobreviviente del asalto al Cuartel Madera, Alfredo creció en una familia profundamente ligada a la educación y la política. “Quiera o no, el destino siempre me jaló hacia la academia”, reconoce. También menciona con una voz profunda y un poco quebrada: “A mis padres les debo no nada más la vida, les debo todo lo que lucharon por mí para sacarme adelante y darme la oportunidad de ser el hombre que hoy soy”.
Alfredo tiene dos hermanos, Yadira y Roy. La mayor de los tres, Yadira, es la Directora del Futures Design Lab, iniciativa estratégica de la escuela de Arquitectura, Arte, y Diseño del Tecnológico de Monterrey. Roy es gerente de línea de producto en una empresa de servicios a pozos de petróleo y gas (Weatherford). Ambos hermanos exitosos que Alfredo reconoce: “siempre me han puesto la barra muy alto y eso me ha empujado a seguir cosechando éxitos”. Sin duda ejemplos a seguir para Alfredo de los cuales se siente extremadamente orgulloso. En particular mención, Alfredo comenta sobre su esposa, Pamela Navarro: “Mi compañera de vida, mi pilar, y mejor amiga sin duda cada día me inspira a ser mejor”.
Aunque exploró la industria privada, fue la universidad la que terminó llamándolo de vuelta. Ha recibido reconocimientos como mejor profesor por parte de estudiantes y mantiene una vocación clara por la enseñanza. La política también le interesa. Hoy es residente permanente en Estados Unidos y planea solicitar la ciudadanía en tres años. Su aspiración: una carrera legislativa, no ejecutiva. Participar en la vida pública desde la elaboración de leyes.
Alfredo prefiere el término capacidades diferentes. No niega la discapacidad, pero subraya que el entorno y la tecnología pueden marcar la diferencia. Destaca el alto nivel de accesibilidad en Estados Unidos: rampas, puertas automáticas, laboratorios virtuales, biología computacional e inteligencia artificial aplicada a la inclusión.
En su propio trabajo, la biología computacional y la inteligencia artificial permiten simular millones de compuestos en computadora, reduciendo años de trabajo experimental. “Antes tardarías años; ahora la computadora te dice cuáles tres funcionan mejor”.
Pero hay una deuda que nunca olvida: la que tiene con Shriners. “De estar destinado a una cama a ser profesor universitario… eso no se olvida. Ojalá algún día pueda devolver, con mi trabajo, un poco de lo que hicieron por mí”.
Desde Parral hasta los laboratorios de frontera, su historia no es solo un caso de éxito individual: es un espejo incómodo y una posibilidad abierta. “El talento no se fuga porque no quiera a México; se fuga porque aquí la ciencia sigue viéndose como gasto, cuando en realidad es una inversión”.