Caso Barbarita: a casi 20 años del suceso que conmocionó a Parral
El mes de agosto es de luto para los parralenses que hace 19 años pasaron por un momento que marcó la historia colectiva con dolor y rabia ante el deceso de Bárbara Jazari
Enrique Olea y miembros del Ayuntamiento pidieron al Gobierno Estatal suscribir el convenio de universalidad para la pensión para el bienestar de las personas de 30 a 64 años, ya que en Chihuahua actualmente sólo se otorga hasta los 29 años
A tres años de la tragedia, organizaciones civiles exigieron justicia y reparación para víctimas y sobrevivientes durante actos realizados frente al Instituto Nacional de Migración
Las lágrimas de coraje y la impotencia se apoderaron rápidamente de los parralenses hace 19 años. / Fotos: Archivo / El Sol de Parral
Desde agosto del 2006, al entrar al Panteón de Dolores, hay una sepultura envuelta en un enrejado hermético blanco; durante mucho tiempo estuvo cobijado por la sonrisa de una niña impresa en una lona grande, como el dolor que provocó su partida: “Bárbara” rezaba, y cada entrada y salida del recinto, al leer ese Bárbara, supuraba una herida colectiva que después de casi 20 años, no encuentra forma de sanar.
Este mes, al cumplirse 19 años de su pérdida, es inevitable no voltear a ver los espacios vacíos; a las sillas, a los retablos de fotografías, a las generaciones de graduados, a los niños que corren en el parque sin sentir un hueco que nos orilla a decir: “Nos sigue faltando, Barbarita”.
Barbarita no se fue; se la llevaron a las tres o cuatro de la tarde del 14 de agosto, en un momento que nadie vio venir, llegó aquel “desconocido” a la calle Fresnito, le dio la mano, y se la llevó “hacia el cerro” habría dicho su hermanito, con el que habría estado jugando en la banqueta antes de que la sustrajeran. Su abuelita, su cobijo y protección al igual que sus padres no perdieron tiempo y presentaron el reporte de su desaparición ese mismo día ante la Subprocuraduría de Justicia; era prioridad encontrarla.
Barbarita Jazari tenía tres años y medio al momento de su fallecimiento. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
Y así, Parral se llenó con el rostro de Barbarita, porque es una comunidad consciente de lo que pasaba si no se encontraban a los niños a tiempo, pues el nombre de Rebequita seguía latiendo en la memoria colectiva. La búsqueda se dio por toda la ciudad, y las pesquisas y volantes pasaban de mano en mano con angustia, esperando tener cualquier indicio de la pequeña; las búsquedas se extendieron por 48 horas sin resultados.
El 17 de agosto sus familiares expresaban su impotencia y angustia, al no tener ningún referente de la pequeña, pero con cansancio, miedo y lágrimas se continuó buscándola, porque no había descanso real hasta no saber su paradero. Los habitantes de Parral, solidarios, organizaron una caravana para seguir repartiendo la foto de Barbarita, que resonara en cada rincón, que no se olvidara su rostro; otros, habían escrito frases de auxilio en sus vehículos, haciendo un llamado desesperado a la población para que se uniera en la búsqueda. Muchos otros llevaban pancartas demandando por Barbarita, y otras tantas, un mensaje de aliento que dejaba entrever una promesa firme: “Jazari te buscamos y te encontraremos”.
A las tres o cuatro de la tarde del viernes 18 de agosto, entró una llamada al Sistema de Emergencias; el reporte indicaba que se había encontrado una bolsa de plástico con un cuerpo al interior de la misma; la movilización de autoridades fue en la calle Palma, de la colonia San Uriel, apenas a una cuadra de la calle donde vivía Barbarita: La búsqueda había terminado.
No hay aún hechos que hayan conmocionado y sacudido tanto a la sociedad parralense como aquel hallazgo; la movilización de la ciudadanía no se hizo esperar, quienes dejaron la foto de Barbarita para tomar las calles y unir su voz a un solo grito bramando por justicia y la entrega del “animal”, sobrenombre con el que llamaban al asesino. Aquel fue un desfile de indignación, de dolor que no pedía alivio, porque no lo encontraría, solo se pedía una cosa: ¡Justicia!
La indignación y rabia sacudieron a Parral al saber a la menor sin vida y las circunstancias que rodearon su muerte. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
Los clamores de justicia se enfocaron a las autoridades de aquel entonces; los parralenses se plantaron frente a las puertas de la Subprocuraduría de Justicia, demandando, exigiendo, gritando, intentando comprender. La fuerza de la turba y el ardor de la furia fueron tales, que los agentes de la Policía Municipal dispararon al aire, buscando sacar a los parralenses del aturdimiento, llamando a la calma, pero esta había desaparecido.
El 19 de agosto incrementó la indignación cuando, frente al domicilio donde había vivido la pequeña, se encontraron restos en el techo de otra casa y dos huaraches pertenecientes a ella. Los estudios forenses confirmaron ser de Barbarita; la causa de muerte había sido la pérdida de sangre.
Un cortejo compuesto por los habitantes de la ciudad la custodió hacia el Panteón de Dolores aquel domingo 20 de agosto; en el ambiente imperaba un dolor hondo, de incredulidad, y profunda impotencia, pues una vida se había truncado de la peor manera posible a tres años y medio de haber llegado a este mundo; el llanto de indignación, aún corre a estos días, pues no hay parralense que no lo recuerde sin que la herida vuelva a supurar.
El presunto asesino habría sido un tío de la menor, quien actualmente cumple una condena de 43 años. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
Cuando Barbarita fue depositada en aquella capilla blanca, llena de recuerdos, velas y juguetes, los parralenses, el estado e incluso el país, se abocaron en una sola tarea que quedaba pendiente; hacer justicia por la pequeña y evitar más pérdidas tan dolorosas con la pronta detención del asesino.
Al respecto, la Subprocuraduría de Justicia realizó cateos, recibieron 28 declaraciones, e incluso ofrecieron una recompensa por dar con el asesino, al cual detuvieron el 17 de marzo del 2007, con las iniciales J.J.G.G., quien además, era tío de Barbarita; según la Subprocuraduría, el detenido fue señalado como asesino confeso, ya que narró la forma en que ocurrió el crimen sin remordimiento.
La sentencia emitida fue de 31 años de prisión por homicidio calificado, aunque salió libre luego de 12 años y seis meses de reclusión en 2019, pues había sido declarado inimputable por el juez. Sin embargo, se giró una nueva orden de aprehensión contra él en febrero de 2021, incrementando la pena a 43 años de prisión.
En su aniversario luctuoso, recordarla es lo que nos queda como forma de honrarle; es una manera de decirle al mundo que no hay olvido que se lleve su risa, su inocencia y la lucha que se libró por hacerle justicia. Es, también, una herida permanente, que continúa abierta, que nos advierte a padres, abuelos, niños, tíos, y aquellos que cuidan a las infancias, que los depredadores están en las sombras, aguardando un momento para llevarse la vida de los pequeños tomándolos de la mano.