No obstante, no se llevó a cabo la necropsia, ya que los elementos de la investigación lo colocaban como el responsable de la masacre, por lo que se dio el caso por cerrado y se archivó el expediente.
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La familia Lugo era dueña de una miscelánea por la calle Donato Guerra. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
Las tragedias marcan la memoria colectiva para que al mirar atrás recordemos los sitios, lugares y hechos que no deseamos que se vuelvan a repetir; caen, de vez en cuando, haciendo peso, incomodando, pero generando la consciencia necesaria para continuar hacia un mundo más sano.
Una de esas tragedias ocurrió hace 67 años en el poblado más antiguo del estado; Santa Bárbara, cuando la mañana del domingo 6 de julio de 1958, la población despertó escandalizada al ver que de la casa de la familia Lugo manaba un hilillo de sangre, buscando delatar el crimen que había sucedido la noche anterior.
Los protagonistas de la historia son la familia Lugo, compuesta por el patriarca don Ismael Lugo, su esposa y dos hijas que eran reconocidas maestras de la primaria Maclovio Herrera; además le acompañaban la señora Olga M. Lugo con su hija, de su primer matrimonio.
La familia era conocida y respetada, pues además del noble oficio de docencia que ejercían las señoritas, la familia tenía una miscelánea en la calle Donato Guerra; provenían de Durango, pero habían hecho del pueblo minero y su bonanza un nuevo hogar próspero y tranquilo.
Versiones apuntan a que el asesino, Rolando C.C., llegó al pueblo proveniente de San Luis Potosí, descrito como un hombre serio, poco social y con gusto por las bebidas alcohólicas y el consumo de drogas, además de que había pertenecido al ejército. Se instaló en la calle Meoqui en el barrio del Nogal.
Los pobladores de Santa Bárbara en ese entonces buscaron la forma de linchar al asesino. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
Se dice que en algún momento, Rolando y Olga iniciaron una relación sentimental marcada por las constantes desavenencias, pleitos y desacuerdos que culminaban en momentos violentos, más estos no deterioraban el estado de su relación por lo que continuaron viviendo juntos.
Fue la noche del 5 de julio de 1958 cuando la tragedia comenzó a gestarse; las anécdotas apuntan a que todo inició cuando Rolando C., volvía a casa a alrededor de las 11:00 p.m. empezando una discusión con Olga, momentos normalizados por la familia y que no generó alerta alguna. Sin embargo, la situación cambió cuando Rolando golpeó a su entonces esposa, y ella, tomó presuntamente un martillo para defenderse. La versión apunta a que Rolando C., le quitó el martillo golpeándola con este, para luego salir por otra herramienta, quitándole la vida así a su esposa y un hijo que esta esperaba.
La tragedia se extendió, pues Ronaldo no conforme, subió al cuarto donde dormían don Ismael Lugo y su esposa, atacándolos de imprevisto con el arma que había utilizado para asesinar a Olga. Se dice que los ruidos alertaron a una de las hijas del matrimonio quien se acercó para ver que ocurría, y quién, al darse cuenta de la masacre corrió a la puerta buscando escapar, siendo impedida por Rolando C., quien también le asesinó, de acuerdo a las versiones, en la entrada principal de la casa; sería su sangre la que correría a la calle, alertando a los vecinos de lo que había ocurrido la mañana siguiente.
Finalmente, Rolando C., terminó con la vida de la hija restante del matrimonio de don Ismael Lugo. Algunas personas dicen que escondió a la hija de Olga de las garras del asesino, siendo así, la razón del porqué ella sobrevivió.
La sobreviviente, Victoria Terrazas, ha rememorado recientemente en entrevista para esta casa editorial que, a pesar de contar con tres años de edad en ese entonces, recuerda la muerte de su madre en la miscelánea, y al asesino salir para después acabar con la vida de sus abuelos, y los demás miembros de la familia; recuerda también haber caminado confundida entre los cuerpos, observando la sangre, para luego irse a dormir sin entender lo que ocurría, siendo auxiliada por la policía durante la mañana.
Con lo que le sucedió al asesino, las versiones han variado a lo largo de los años; una que fue muy comentada consistía en que, ante el enojo de la población por el acto tan inhumano que había hecho Rolando con los Lugo, deseaban lincharlo, por lo que el Ejército y el Ministerio Público habrían consentido ponerle una inyección letal, versión que ha sido desmentida y confirmada por varios.
Otros, también cuentan que realmente murió por unaenfermedad denominada Bocio Expotálico, que entre sus síntomas destaca la psicosis y configuración de la personalidad, lo que habría provocado una intoxicación por la hormona tiroidea y ante la falta de medicina, dicha intoxicación le habría producido la muerte.
Victoria Terrazas, sobreviviente del atentado, concuerda en que nunca quedó claro lo que le sucedió al asesino de su madre, ya que las versiones que se manejan son diversas y variadas, sin embargo, nunca deseó indagar demasiado.
Con el pasar de los años, las alteraciones propias de la transmisión oral han deformado el relato, sin embargo, en el núcleo queda la verdad de los sucesos; una historia, que Victoria Terrazas, sobreviviente, desea exponer en su nuevo libro “Noches de lluvia y días de Victoria”.