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Locallunes, 9 de marzo de 2026

Descubre Kokoyome: el paraíso oculto en la Sierra Tarahumara fundado por un exalcalde

El exalcalde Martín Solís transformó su antigua ruta estudiantil en un destino que rescata la cultura Kokoyome

Isaac Molina

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Originario de un pequeño rancho enclavado en la sierra del municipio de Guadalupe y Calvo, en los límites con la sierra de Sinaloa, Solís creció en un entorno donde apenas existían dos viviendas y no había servicios básicos.

Para estudiar la primaria y parte de la secundaria tenía que caminar cerca de ocho horas hasta el poblado minero de El Potrero de Bojorquez, en el municipio de Morelos.

El traslado no era diario. Al iniciar el ciclo escolar en septiembre caminaban hasta el pueblo y permanecían allí durante meses, hasta que llegaban las vacaciones de diciembre y regresaban al rancho.

La distancia y el aislamiento no detuvieron su deseo de continuar estudiando. Para terminar la secundaria decidió trasladarse a Guachochi, lo que implicaba otro trayecto aún más complicado.

La nueva vía atravesaría una barranca profunda, justo por la ruta donde él mismo había caminado años atrás cuando era estudiante.

La curiosidad llevó a Solís y a los trabajadores a abrir brecha entre el monte para llegar hasta el lugar. El paisaje lo impresionó desde el primer momento.

En aquel sitio no existía infraestructura ni caminos de acceso. Solo había monte, piedra y algunos vestigios que indicaban que el lugar había sido habitado siglos atrás.

Entre ellos destacaba una pequeña construcción de piedra que más tarde identificarían como un antiguo granero. Las piezas encontradas sugerían una notable antigüedad.

Algunas de esas construcciones, de acuerdo con pruebas de carbono 14 realizadas posteriormente, tienen una antigüedad aproximada de 840 años.

Las viviendas estaban edificadas con capas de lodo sobre piedra, con puertas bajas y pequeñas ventanas, características que los especialistas relacionan con sistemas de defensa o protección frente a animales y enemigos.

Inspirado en esos vestigios y en la arquitectura de las cuevas, Solís decidió desarrollar un proyecto turístico que retomara esa forma de construcción adaptada al entorno. La arquitectura se volvió el eje central del plan.

Así nació Kokoyome, un espacio que busca recrear la estética de la vida primitiva mediante edificaciones de piedra y tierra integradas al paisaje.

El lema del proyecto resume la intención de su creador: “el reencuentro con el origen”, una idea que busca que los visitantes experimenten, por un momento, la forma de vida de los antiguos habitantes de estas barrancas.

Para Martín Solís, el proyecto también representa una forma de cerrar el círculo de su propia historia: la de un niño que caminaba durante días para estudiar en la sierra y que años después regresó a esos mismos caminos.

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