Dionisio Pardo, el profesor que lidera la investigación astronómica en el sur de Chihuahua
El docente del Tecnológico de Parral vincula el estudio del meteorito Allende con el origen de la vida
Abraham Holguín
El docente del Tecnológico de Parral vincula el estudio del meteorito Allende con el origen de la vida
Abraham Holguín

Dionisio Pardo es quizá el astrónomo más destacado que ha dado la región sur de Chihuahua tras haber dedicado su vida al estudio de los meteoritos desde que quedó fascinado por la caída del bólido de Allende en 1969. En entrevista, el también profesor del Tecnológico de Parral habló de la importancia que tiene hoy la divulgación científica para que las nuevas generaciones no pierdan el interés por lo que pasa en el universo, pero sobre todo sigan descubriendo los misterios que le dieron origen.
Su trabajo ha estado relacionado también con investigaciones sobre el impacto del asteroide en Chicxulub, evento que marcó la extinción de los dinosaurios hace millones de años. El docente relató su participación en espacios académicos donde coincidió con investigadores vinculados a esta teoría, lo que le permitió ampliar su perspectiva sobre el papel de los cuerpos celestes en la evolución de la vida en el planeta.
Su trabajo ha tenido como eje central el análisis del meteorito Allende, considerado uno de los objetos extraterrestres más importantes estudiados a nivel mundial. La caída de este cuerpo celeste, registrada en febrero de 1969 en el municipio de Valle de Allende, no solo representó un fenómeno astronómico de gran magnitud, sino que abrió nuevas áreas de investigación científica, particularmente en disciplinas como la planetología y la geología planetaria o exogeología.
De acuerdo con el profesor, el impacto científico de este meteorito radica en su composición. Explicó que en sus fragmentos se han identificado entre 13 y 14 minerales que no existen de manera natural en la Tierra, lo que obligó a replantear múltiples teorías sobre la formación de los planetas. “El hecho de que Allende trajese materiales que no se habían identificado aquí en la Tierra nos llevó a entender la composición de los planetas de una manera diferente”, señaló.
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Entre los hallazgos más relevantes se encuentra la presencia de compuestos orgánicos complejos, incluidos aminoácidos que no corresponden a los que forman parte de los seres vivos terrestres. Estos descubrimientos, explicó, abrieron la posibilidad de que los elementos básicos de la vida no se hayan originado exclusivamente en la Tierra. “Se encontraron cadenas orgánicas más complejas, lo que implica que la vida, o al menos sus componentes, podrían tener un origen distinto al que tradicionalmente se planteaba”, detalló.

Este tipo de evidencia llevó a replantear teorías científicas que durante siglos se consideraron válidas, como la propuesta de la formación del sistema solar a partir de una nube de gas y polvo. Aunque dicha teoría ya había sido planteada desde siglos anteriores, el estudio de Allende permitió fortalecerla con bases más sólidas, al demostrar la presencia de materiales formados bajo condiciones extremas fuera del planeta.
En este contexto, el profesor retoma planteamientos como los del científico Carl Sagan, quien señalaba que los seres humanos están hechos de “polvo de estrellas”. Pardo explicó que esta idea encuentra sustento en los procesos de formación estelar, donde elementos como el carbono, el oxígeno y el hierro se generan en el interior de las estrellas y se dispersan en el universo tras su explosión, dando origen a nuevos sistemas planetarios.
Además, destacó que los avances tecnológicos han permitido obtener mediciones más precisas sobre la antigüedad del meteorito Allende. Mientras que en sus primeros estudios se estimaba una edad aproximada de 6 mil millones de años, actualmente se calcula en alrededor de 6 mil 587 millones de años, con un margen de error considerablemente menor, lo que lo posiciona como un objeto más antiguo que la Tierra misma.
El impacto de estas investigaciones no se limita al ámbito teórico. El docente señaló que uno de los objetivos actuales es trasladar estos conocimientos a aplicaciones prácticas, particularmente en procesos industriales. “Estamos buscando cómo esos mecanismos de formación de materiales en el espacio se pueden aplicar en la industria aquí en la Tierra”, explicó, destacando que incluso estructuras como los cuasicristales, identificados en meteoritos, han sido replicados en procesos industriales modernos.
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Para entender la importancia de los impactos en la Tierra, el profesor Dionisio Pardo Rentería explica que el caso del cráter de Chicxulub es uno de los ejemplos más claros de cómo un evento extraterrestre puede modificar completamente las condiciones del planeta. Señala que no se trata únicamente de la caída de un cuerpo celeste, sino de una serie de procesos que afectan la atmósfera, el clima y la vida misma. “Cuando ocurre un impacto de esa magnitud, como el que se asocia a la desaparición de los dinosaurios, estamos hablando de una transformación global, donde el polvo y los materiales expulsados pueden bloquear la radiación solar y alterar los ecosistemas”, explicó. En este sentido, retoma los aportes de investigadores como Luis Álvarez, quien ayudó a sustentar esta teoría, y subraya que el estudio de meteoritos permite no solo reconstruir el pasado del planeta, sino también anticipar escenarios futuros. “Entender estos impactos es entender cómo ha evolucionado la Tierra y qué riesgos siguen presentes”, concluyó.

A lo largo de su trayectoria, Pardo ha colaborado con instituciones como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ha tenido acercamientos con organismos internacionales como la NASA y el Instituto Smithsoniano, particularmente en el estudio y análisis de fragmentos del meteorito Allende. Recordó que, tras la caída del meteorito, gran parte del material fue trasladado a Estados Unidos, aunque una fracción logró permanecer en México gracias a la intervención de investigadores nacionales.
Uno de los episodios que marcó su carrera fue el hallazgo y análisis de un fragmento de gran tamaño en la década de 1980, lo que derivó en su vinculación con investigadores del Instituto de Geología de la UNAM. Este tipo de experiencias, afirmó, fortalecieron el desarrollo de la investigación científica en el país, a pesar de las limitaciones de infraestructura en algunas regiones.
Su interés por el espacio, sin embargo, comenzó desde la infancia. Relató que su fascinación por las rocas y minerales surgió al observar las piedras de las vías del tren en su entorno, lo que posteriormente evolucionó hacia una curiosidad más profunda por los fenómenos astronómicos. La caída del meteorito Allende fue un punto de inflexión en su vida. “Cuando escuché la noticia, dije: yo quiero un pedazo de meteorito. Y de ahí para adelante le seguimos buscando”, recordó.
Esa inquietud lo llevó a convertirse en ingeniero en minas y posteriormente en divulgador científico, combinando su formación técnica con su interés por el cosmos. A lo largo de los años, ha formado generaciones de estudiantes, a quienes no solo transmite conocimientos en minería, sino también una visión científica más amplia que conecta la Tierra con el universo.
En paralelo, ha impulsado actividades de divulgación como expediciones al desierto de Chihuahua, incluyendo estudios en la denominada Zona del Silencio, donde junto a estudiantes realiza observaciones científicas que abarcan desde fenómenos geológicos hasta astronómicos. Estas experiencias buscan fortalecer el pensamiento crítico y el interés por la investigación entre los jóvenes.

Asimismo, destacó la importancia de conservar los materiales meteoríticos dentro del país, señalando que la legislación actual los considera bienes de la nación, lo que impide su comercialización y promueve su resguardo en instituciones académicas y museos. Esto ha permitido que piezas relevantes se mantengan disponibles para su estudio y exhibición.
En el ámbito educativo, advirtió sobre los retos actuales para fomentar la vocación científica, especialmente ante el uso excesivo de dispositivos electrónicos. “Tenemos un conflicto muy grande con el uso del teléfono, que distrae a los estudiantes de la investigación. Debemos enfocar la tecnología hacia el aprendizaje”, expresó.
Finalmente, hizo un llamado a la ciudadanía a involucrarse en la generación de conocimiento, ya sea mediante la observación, la investigación o la colaboración con instituciones educativas. Subrayó que el estudio del universo no es exclusivo de grandes centros científicos, sino que también puede impulsarse desde contextos locales con iniciativa y compromiso.
Actualmente, el Instituto Tecnológico de Parral resguarda fragmentos de meteoritos lunares y marcianos donados para fines académicos, mientras que en el museo del meteorito en Valle de Allende se exhiben piezas recuperadas bajo esquemas de donación, lo que permite acercar a la población al conocimiento científico generado a partir de estos materiales.