Escarabajo descortezador amenaza bosques de la Sierra Tarahumara
La falta de recursos federales para el 2026 y la sequía prolongada aceleran la mortandad de pinos en municipios como Urique y Bocoyna, generando una crisis ecológica
Disminución en el presupuesto afecta operatividad para atender el bosque
“Si no hay recurso suficiente para derribar y descortezar los árboles infectados, que es la forma de frenar la propagación del insecto, la plaga simplemente nos va a rebasar. Y lo grave es que ya nos está rebasando”, advierte con preocupación.
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Las larvas de este insecto cavan galerías en el floema, interrumpiendo de forma irreversible el flujo de savia y nutrientes hacia las ramas superiores del pino / Foto: Gobierno de México
La Sierra Tarahumara enfrenta una emergencia sanitaria en sus bosques con la proliferación del escarabajo descortezador ya que esta plaga ha dejado a su paso cientos de pinos secos en municipios como Urique, Guerrero y la zona de Creel, en Bocoyna. De acuerdo con la ambientalista Laura Barragán, del colectivo Agua y Bosques para la Vida, los daños son visibles y se extienden a lo largo de un amplio corredor, evidenciando un deterioro acelerado en este entorno natural que se ha agravado con la sequía de los últimos años y la falta de horas frío.
El silencio del bosque ya no es el mismo en la Sierra Tarahumara. Donde antes el verde de los pinos dominaba el horizonte, hoy asoman copas rojizas y troncos grises que crujen con el viento seco. En el trayecto que va de Urique a Guerrero y Creel, el paisaje revela una herida que avanza sin hacer ruido: árboles que mueren de pie, consumidos desde dentro por el escarabajo descortezador. No hay llamas ni humo, pero el daño es igual de devastador. Bajo la corteza, una plaga diminuta está transformando el corazón de la sierra y dejando al descubierto la fragilidad de uno de los ecosistemas más importantes del norte del país.
La ambientalista Laura Barragán ha recorrido diversas zonas de la sierra y ha documentado de primera mano la magnitud del problema. De acuerdo con lo que le ha informado el ingeniero Manuel Chávez, gerente de la oficina de representación de la Conafor en Chihuahua, la situación ya ha sido reconocida oficialmente como una emergencia sanitaria forestal.
“Después de las lluvias, si uno se da una vuelta por la sierra, es imposible no notar la mortandad de árboles. Hay muchísimos árboles infestados y otros más que simplemente se están secando”, relata Barragán. Lo que en un inicio parecía un fenómeno aislado, hoy se ha convertido en un patrón generalizado que se repite en distintos puntos del territorio serrano.
El escarabajo descortezador no actúa solo. La especialista explica que el problema podría estar asociado también a fenómenos de degradación del suelo, pérdida de nutrientes y estrés hídrico. “Pensábamos que todo era por insectos, pero la gente nos dice que muchos árboles se están secando porque ya no tienen de dónde nutrirse. El suelo está agotado”, señala.
La acumulación de madera seca e infestada en zonas como Creel representa un alto riesgo de incendios forestales / Foto: Archivo/ El Sol de Parral
Es también conocido como gusano descortezador, aunque en realidad es un insecto coleóptero. De acuerdo con información de la Semarnat y la Conafor, no se trata de un gusano propiamente dicho, sino de un pequeño espécimen que vive, se alimenta y se reproduce debajo de la corteza de los árboles, convirtiéndose en una plaga de gran impacto ambiental cuando sus poblaciones crecen de manera descontrolada.
El daño comienza cuando el escarabajo adulto perfora la corteza para llegar al floema, que es el tejido encargado de transportar agua y nutrientes. En ese sitio deposita sus huevos; al eclosionar, las larvas excavan galerías bajo la superficie mientras se alimentan del tejido vital, interrumpiendo el flujo de savia y provocando un debilitamiento progresivo.
A medida que el daño interno avanza, el árbol comienza a mostrar signos visibles de deterioro. Las hojas o agujas cambian de color, las ramas se secan y la estructura pierde fuerza; cuando la infestación es severa, el bloqueo del transporte de nutrientes provoca la muerte del ejemplar en un periodo que puede ir de semanas a algunos meses.
En muchos casos, el problema se agrava porque algunos escarabajos transportan hongos que penetran en la madera. Estos microorganismos aceleran la descomposición del tejido interno y reducen aún más las posibilidades de que el pino sobreviva, aumentando de forma considerable la mortandad forestal.
El escarabajo descortezador se vuelve especialmente peligroso cuando los árboles se encuentran bajo condiciones de estrés. Factores como sequías prolongadas, temperaturas elevadas e incendios forestales reducen las defensas naturales, permitiendo que incluso árboles jóvenes sean atacados y la plaga se propague rápidamente.
El escarabajo descortezador destruye el tejido vital de los árboles, provocando una muerte progresiva que afecta la biodiversidad de la región serrana / Foto: Archivo / OEM
Entre los indicios más comunes de infestación se encuentran pequeños orificios en la corteza, acumulación de aserrín fino en el tronco y un secado progresivo del follaje. Estas señales suelen aparecer cuando el daño interno ya está avanzado, lo que dificulta significativamente el control oportuno de la plaga.
El manejo de este insecto es complejo, ya que permanece protegido bajo la corteza. Las estrategias más efectivas se centran en la prevención y el saneamiento forestal, como retirar de manera inmediata los ejemplares infestados y eliminar la madera infectada para evitar que el brote se disperse hacia árboles sanos.
Diversas instituciones ambientales coinciden en que esta plaga representa una amenaza seria para los bosques si no se actúa a tiempo. La pérdida masiva de árboles no solo afecta el paisaje, sino también la captación de agua, la biodiversidad y aumenta el riesgo de incendios forestales por la acumulación de madera seca.
Aunque recientemente un fitólogo especialista en enfermedades de las plantas visitó la región, Barragán advierte que la respuesta institucional ha sido insuficiente por la falta de recursos. Desde hace más de 15 años, el presupuesto destinado a la Conafor ha ido a la baja, limitando la capacidad de reacción ante plagas. Aunque recientemente un fitólogo, especialista en enfermedades de las plantas, visitó la región para evaluar el daño, Barragán advierte que la respuesta institucional ha sido lenta e insuficiente, principalmente por la falta de recursos. Desde hace más de 15 años, el presupuesto destinado a la Conafor ha ido a la baja, limitando gravemente la capacidad de reacción ante plagas de esta magnitud.
La situación no es exclusiva de Chihuahua. Barragán señala que estados del centro del país como Puebla y Tlaxcala ya han activado alertas sanitarias por la proliferación del gusano descortezador, lo que confirma que se trata de un fenómeno nacional, posiblemente intensificado por el cambio climático, la sequía prolongada y la fragilidad de los ecosistemas forestales.
En el caso de la Sierra Tarahumara, la ambientalista no se atreve a dar una cifra exacta de superficie dañada, pero insiste en que el problema es generalizado. “Lo he visto desde Guerrero hasta las Barrancas. En todos lados hay árboles muertos. Algunos por sequía, otros por falta de nutrientes, pero principalmente por plagas”, afirma.
El riesgo no termina con la muerte de los árboles. Por el contrario, la amenaza apenas comienza. Con la tierra nuevamente seca tras el fin de las lluvias, los árboles muertos se convierten en combustible forestal de alto riesgo. “Si esta condición se prolonga cuatro meses, cuando inicie la temporada de incendios vamos a tener los bosques listos para quemarse”, alerta Barragán.
El control efectivo de esta plaga requiere el derribo y descortezado inmediato de los árboles infectados para destruir las poblaciones del insecto / Foto: Archivo / El Sol de Parral
En municipios como Bocoyna, la preocupación ya se trasladó a los espacios de organización local. Hace menos de un mes, el Consejo Municipal de Desarrollo Forestal envió una solicitud formal a la Presidencia de la República y a la Semarnat para exigir un incremento presupuestal en el programa de egresos 2026, con el objetivo de atender la emergencia forestal en la sierra de Chihuahua.
Sin embargo, el panorama no es alentador. De acuerdo con Barragán, los programas especiales de restauración ambiental anunciados a nivel nacional no incluyen a la Sierra Tarahumara. “Casi todo se está yendo a la selva Lacandona, a la península de Yucatán, a otros proyectos. Para este lado, nada”, lamenta.
Más allá de las cifras y los diagnósticos técnicos, el impacto es también emocional y cultural. “La gente está muy triste. Los bosques son parte de nuestra identidad, de nuestra vida cotidiana. Verlos secarse es profundamente doloroso”, expresa la ambientalista.
Incluso se ha detectado la presencia de una especie endémica de insecto en áreas boscosas cercanas a San Juanito, lo que abre la posibilidad de que los descortezadores estén adaptándose o especializándose, complicando aún más su control.
Mientras tanto, la sierra sigue mostrando cicatrices visibles. Manchones enteros de árboles muertos aparecen a la orilla de los caminos, como una advertencia silenciosa. La emergencia sanitaria avanza, y con ella, el riesgo de incendios, pérdida de biodiversidad y colapso de uno de los ecosistemas más importantes del norte del país.
La presencia del escarabajo descortezador en la Sierra de Chihuahua no es un hecho aislado ni un problema menor, sino una advertencia clara del deterioro ambiental que enfrenta la región. La muerte silenciosa de cientos de árboles revela la fragilidad de los bosques ante la sequía, el cambio climático y la falta de una atención oportuna y sostenida. Lo que hoy se observa en Urique, Guerrero y Creel es el reflejo de un ecosistema que ha perdido su capacidad de defensa.
Si no se actúa con urgencia, el avance de esta plaga continuará erosionando no solo el paisaje serrano, sino también la base ambiental y económica de las comunidades que dependen del bosque para sobrevivir. La protección de la Sierra Tarahumara exige acciones inmediatas, coordinación entre autoridades, especialistas y habitantes, así como una estrategia integral de saneamiento forestal. De lo contrario, los pinos secos que hoy marcan el territorio podrían convertirse en el preludio de una crisis ambiental aún más profunda e irreversible.