El día más oscuro en Santa Bárbara: así fue la masacre de una familia donde sólo una niña sobrevivió
La masacre de la familia Lugo es uno de los episodios más oscuros en la historia de Santa Barbara; a 67 años del suceso la única sobreviviente ha expuesto en un libro lo que recuerda de aquella fatídica noche
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Todo comenzó con la llegada de Rolando C. Cavazos, quien conquistaría a Olga Manríquez Lugo. / Foto: Archivo / El Sol de Parral
El 5 de julio de 1958 es un día oscuro en la historia de Santa Bárbara, el pueblo más antiguo del estado, pues dentro de sus callejuelas se gestó una de las masacres más escabrosas de las que se tenga conocimiento al sur del estado de Chihuahua: El multihomicidio de la familia Lugo.
La familia Lugo compuesta por don Ismael, su esposa, dos hijas y Olga Manríquez Lugo quien moraba con ellos junto con su hija fruto de su primer matrimonio, era una de las más respetadas de la ciudad, lo que originaría el resentimiento de la población con su asesino, siendo tal, que los rumores apuntan a que habría sido buscado para ser linchado.
Los Lugo eran una familia modelo en los años 50: Don Ismael era propietario de una miscelánea que se ubicaba en la calle Donato Guerra y aunado a esto, ambas hijas de él eran respetadas maestras de una primaria, lo que los convertía en un hogar muy querido y cercano para la comunidad. Asimismo, Olga Manríquez Lugo era la dependienta de la miscelánea, una mujer descrita de gran belleza con varios admiradores.
Sería ella el objeto de deseo de Rolando C. Cavazos, un hombre que llegó al pueblo hacia 1957, según apuntan algunos, sería familiar de un habitante de Santa Bárbara. A Rolando se le recuerda como un hombre serio, poco social y con adicciones a drogas y bebidas alcohólicas, adquiridas presumiblemente durante su estancia en el ejército.
Tiempo después se supo que ambos iniciaron una relación sentimental, la cual estuvo marcada por pleitos y gritos constantes, que desembocaban en situaciones violentas. Sin embargo, a pesar de las dificultades y los desacuerdos, el amorío entre ambos continuó, llegando a vivir juntos en la finca de los Lugo.
En la calle Donato Guerra se encontraba la miscelánea de los Lugo, uno espacio para socializar y adquirir lo necesario para la manutención. / Foto: Marcos Merendón / El Sol de Parral
La noche del 5 de julio fue cubierta con el manto de la tragedia cuando Rolando regresó a casa a eso de las 11:00 p.m., lo que generó un altercado con Olga. Cabe resaltar que para los demás integrantes de la familia Lugo, las discusiones de la pareja ya eran un hecho cotidiano que, lamentablemente, en esta ocasión no los alertó de que algo grave iba a pasar.
Los gritos subieron de tono hasta que Rolando golpeó a su pareja. Olga salió al patio de donde cogió un martillo de bola para defenderse de las agresiones pero el hombre le quitó el martillo de entre las manos, impactando con él diferentes partes del cuerpo de la mujer. Una vez estuvo inhabilitada, Rolando salió al patio por otra herramienta con la que ultimó a Olga. Algunas versiones apuntan que su cuerpo fue encontrado doblado sobre la encimera de la miscelánea. Tiempo después se supo que al momento de morir se encontraba embarazada.
Incansable o cegado por las sustancias tóxicas, sería difícil saber que motivó al hombre a subir a la habitación de don Ismael Lugo y su esposa para matarlos con la misma herramienta que había despojado a Olga de la vida. Una de las maestras se despertó con el ruido de la carne aplastada, lo que la orilló a inspeccionar que ocurría en la habitación de sus padres, encontrando solo la sangre manando de las colchas. Impresionada, corrió a la puerta principal para escapar y pedir auxilio, pero el agresor logró alcanzarla y le dio muerte cerca de la entrada principal de la casa. Algunas personas han manifestado que la sangre de la maestra corría en hilillo hacia la calle, como buscando alertar a los vecinos de lo que había ocurrido.
Finalmente, Rolando también asesinó a la otra maestra, terminando así con la familia Lugo en una noche. Sin embargo, se dice que antes de morir, la maestra ocultó a la hija de Olga, logrando así que fuera la niña la única superviviente. Aquella niña hoy llamada Victoria Terrazas, rememoró en una entrevista para El Sol de Parral que aunque contaba con tres años de edad, recuerda la muerte de su madre, Olga, en la miscelánea. También asegura rememorar haber caminado confundida entre los cuerpos, observando la sangre sin entender lo que ocurría, para luego irse a dormir.
Son varias las versiones sobre lo que le pudo haber pasado a Rolando ya que, según se dice, fue sacado muerto de la casa de los Lugo. Algunos aseguran que como afuera de la casa de la familia había una turba de 300 o 200 personas que buscaban lincharlo, el Ejército y Ministerio Público consintieron ponerle una inyección letal; la versión ha sido desmentida y confirmada a partes iguales.
Otras personas también manifiestan que realmente murió por una enfermedad llamada Bocio Expotálico, que es una intoxicación por hormona tiroidea, lo que explicaría la psicosis y configuración de la personalidad que dicho personaje presentó a lo largo de su vida.
Al respecto, es difícil saber que mal acabó con Rolando ya que no se hizo una necropsia al cuerpo, esto porque los elementos de investigación lo confirmaron como el autor de aquel terrible crimen, cerrando así el caso y la carpeta de investigación. Victoria Terrazas comparte que, en efecto, nunca se supo que pasó con Rolando y ella no deseó investigar más.
Victoria Terrazas volvió a Santa Barbara este año donde presentó el libro “Noches de lluvia y días de Victoria”, relatando la parte de historia que ella recordaba, reconstruía y deseaba exponer al mundo, como una forma de recordarnos que aquí seguía en este mundo, un pedacito de la familia Lugo, quienes cumplen este año 67 años de su terrible asesinato.