Félix Bueno: el recuerdo vivo del Verano Caliente del 86
Con el respaldo popular de Parral clausuró la presidencia, hoy el Centro de Documentación o Casa de la Cultura, y operó un gobierno alterno: La ciudad llama a ese levantamiento cívico “El Verano Caliente del 86”
Enrique Olea y miembros del Ayuntamiento pidieron al Gobierno Estatal suscribir el convenio de universalidad para la pensión para el bienestar de las personas de 30 a 64 años, ya que en Chihuahua actualmente sólo se otorga hasta los 29 años
A tres años de la tragedia, organizaciones civiles exigieron justicia y reparación para víctimas y sobrevivientes durante actos realizados frente al Instituto Nacional de Migración
Toda una institución dentro de las filas del partido acción nacional Don Félix Bueno Carrera. / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
En Parral hubo una vez un presidente sin palacio, pero con el respaldo popular. Se llama Félix Bueno Carrera y asegura que en 1986 ganó una elección que el poder se negó a reconocer. El pueblo lo siguió, clausuró la vieja presidencia —hoy la casa de la cultura— y levantó un gobierno alterno. A ese levantamiento cívico, tejido con marchas, huelgas de hambre, plantones y mujeres valientes al frente, la ciudadanía lo recuerda como “El Verano Caliente del 86”.
La democracia en esta ciudad no nació en las urnas, pero para algunos, se originó al ritmo del repique de las campanas, no solo de forma metafórica. Era la madrugada de 1986, en plena canícula. En la calle Cuauhtémoc, un grupo de ciudadanos —mujeres, jóvenes, personas de la tercera edad, niñas y niños— cuidaba las ánforas electorales bajo el resplandor opaco del alumbrado público. Llevaban semanas, días y noches montando guardias para evitar el fraude.
El cansancio los vencía, hasta que una columna de soldados rompió el silencio. Los antimotines irrumpieron entre los cuerpos somnolientos. Golpes, empujones, culatazos. “Nos quitaron las ánforas”, recuerda hoy Félix Bueno Carrera, quien relató en entrevista exclusiva para El Sol de Parral que había ganado la elección municipal, aunque el gobierno jamás lo reconoció.
Aquel amanecer de violencia encendió el corazón del pueblo. Las campanas de los templos comenzaron a sonar sin descanso, como alarma de guerra. Las familias bajaron de los barrios, los trabajadores dejaron las minas, las mujeres corrieron al centro. Desde la calle Cuauhtémoc hasta la 20 de Noviembre, una marea humana siguió el rastro de las urnas robadas por el Ejército Nacional.
En la Plaza Principal, una combi con el logotipo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) quedó atrapada entre la multitud. La gasolina se derramó y, en segundos, una chispa encendió el fuego. El vehículo ardió en medio de los gritos y la nota recorrió el país: Parral se había levantado.
En el relato que ofreció para este medio, Bueno Carrera, candidato del PAN, no dudó en autodefinirse como “presidente municipal de derecho, no de hecho”. Asegura que el triunfo le fue arrebatado por el sistema político que por décadas gobernó Chihuahua sin oposición, el PRI. “Aquí el poder se pasaba de mano en mano —diría después—, sin voto ni vergüenza”. El pueblo, harto, decidió reconocerle moralmente el cargo y durante tres años organizó un gobierno alterno, narró.
Mientras el presidente impuesto, Alfredo Amaya Medina, despachaba en la casa Griensen —porque la antigua presidencia estaba tomada—, Félix Bueno encabezaba actos cívicos en la plaza. Hubo dos Gritos de Independencia cada septiembre, durante todo el trienio: uno oficial, otro ciudadano. La presidencia, símbolo de la autoridad priista, permaneció cerrada y años más tarde se transformó en una casa de cultura. Aquella clausura marcó el inicio de un cambio irreversible para las dinámicas de poder no solo de la región sino del estado.
Desde 1969, Félix Bueno Carrera recorre el panismo de Parral. Llegó invitado por Florentina Villalobos, presidió el PAN local de 1970 a 1980 y fue diputado local en la L Legislatura, de 1983 a 1986. En 1986 afirma haber ganado la alcaldía que el régimen no reconoció y se asume “presidente de derecho, no de hecho”, emblema del llamado verano caliente.
Después fue diputado federal en la LIV Legislatura, de 1988 a 1991; recaudador de Rentas en Parral, de 1992 a 1998; candidato a la alcaldía en 1995; y presidente del PAN nuevamente de 2001 a 2004. Militante activo hasta hoy, su trayectoria sintetiza medio siglo de resistencia cívica. La mujer que tomó el micrófono
Nora Bueno, hija de Félix Bueno y panista destacada de Parral, asegura que el cierre de la presidencia no fue un acto planeado, sino el resultado de la indignación colectiva. Después de un mitin, Silvia Weisel, joven mujer valiente, subió al estrado, tomó el micrófono y gritó: “No vamos a permitir que el gobierno espurio tome la presidencia municipal”.
La plaza entera respondió. Los manifestantes se dirigieron al edificio de cantera, empujaron las puertas y lo clausuraron. Desde ese día, ningún funcionario del PRI volvió a despachar ahí. “Fue el pueblo el que dijo basta”, resume Bueno Carrera. Las mujeres fueron la columna vertebral del movimiento. Cuidaban urnas, organizaban marchas, encabezaban huelgas de hambre. Algunas se enfrentaron a los toletes. Las iglesias cerraban en protesta, e incluso los sacerdotes negaban la comunión a los operadores del fraude. La fe, el coraje y la moral se entrelazaron en esa lucha, detallan.
La rebeldía no se quedó en la plaza. Hubo sellado de billetes con la leyenda “Fraude electoral”, tomas de casetas, cierres de oficinas públicas y negativa a pagar impuestos como acto de desobediencia civil. En Chihuahua, Luis H. Álvarez encabezaba huelgas de hambre; en Parral, los ciudadanos mantenían el pulso firme.
El régimen bautizó esos hechos como “fraude patriótico”, convencido de que robar elecciones era “necesario para la estabilidad”. Pero el verano caliente se convirtió en una lección cívica: la gente aprendió que el poder se puede desafiar sin armas.
El también exdiputado local y exdiputado federal explicó que la presión social fue tal que el gobierno estatal ofreció negociar: reconocer los triunfos de Parral y Ciudad Juárez a cambio de detener las protestas. El PAN se negó. “Todo o nada”, respondieron sus dirigentes. Querían que se respetaran todos los municipios ganados en las urnas. La negativa desató una ola de solidaridad en todo el país: caravanas de apoyo, intelectuales y activistas llegaron a Parral y a Chihuahua convencidos de que se jugaba algo más que una alcaldía, se jugaba la vida democrática de México.
El movimiento no consiguió el reconocimiento inmediato, pero encendió una chispa que ya no se apagó. En los años siguientes continuaron las manifestaciones, los boicots y la resistencia organizada. Seis años después, en 1992, Francisco Barrio ganó la gubernatura y consolidó la apertura democrática del estado, siendo el primer Gobernador del PAN.
Nora, hija de Félix Bueno, era apenas una joven cuando las calles ardían. Todavía recuerda el sonido metálico de las campanas, las carreras detrás de los soldados y los golpes de las cachas. “Dormíamos en la calle, cuidando las urnas”, dice. Fue testigo de cómo su padre dio el Grito desde una ventana de la Michoacana, mientras el gobierno hacía su ceremonia en la plaza Guillermo Baca. Dos mundos paralelos separados por unas cuadras y una profunda grieta moral.
“Nos cuidábamos de no cruzarnos con ellos —recuerda— para evitar enfrentamientos. Estábamos enojados, pero había disciplina cívica”. Su voz se quiebra cuando evoca el instante en que la combi ardió. No fue un acto planeado, insiste, sino una reacción humana al atropello.
Con más de ocho décadas vividas, Bueno Carrera narró que han pasado casi cuarenta años, y el eco de aquel verano sigue vivo. En Parral, todavía hay quienes bajan la voz al mencionarlo; otros lo cuentan con orgullo. Félix Bueno lo resume con serenidad: “Fue una cosa muy digna que provocó que México se abriera a la democracia. Antes era una cerrazón absoluta”.
Concluyó reflexionando que hoy, cuando cualquiera puede ir a votar o preguntar sin miedo, cuesta imaginar lo que significó enfrentar al poder de entonces. Pero la historia de ese verano, con sus campañas, sus mujeres valientes y su presidente de derecho, se recuerda que la democracia no se hereda, se conquista.