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Desde la “guerra sucia” hasta los casos recientes de desaparición, ha caminado junto a colectivos y organizaciones civiles. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
Gabino Gómez, el activista que se ha convertido en un aliado de las madres buscadoras en Chihuahua, al exigir justicia, localización de desaparecidos y alzar la voz para que las autoridades escuchen el clamor de quien permanece recorriendo el rastro de sus hijos e hijas. Expresó: “Mientras haya una madre buscando, seguiré caminando a su lado, convencido de que la memoria es una forma de justicia y que el amor de una madre no puede desaparecer”
Nació en el seno de una familia campesina al noroeste de Chihuahua, en donde su padre le enseñó que los derechos no se piden: se ejercen y se defienden. Desde entonces, su vida ha estado marcada por la lucha, la solidaridad y justicia.
Con nostalgia, el defensor de los derechos humanos recordó cómo ha sido su trayectoria de vida, siendo sus inicios al ser egresado de la Universidad Autónoma Chapingo, pero su verdadera escuela ha sido el acompañamiento a los pueblos, a las familias y, sobre todo, a las madres que buscan a sus hijas e hijos desaparecidos. Como docente y directivo en la Escuela Superior Hermanos Escobar, en Ciudad Juárez, sembró conciencia y compromiso social en generaciones de jóvenes que hoy continúan defendiendo la justicia social desde distintos frentes.
Comentó que largo de su vida, ha caminado miles de kilómetros para alzar la voz por quienes no han sido escuchados. Impulsó la Cabalgata de 55 días desde Ciudad Juárez hasta el zócalo de la Ciudad de México en 1999; la caravana en tractores desde el Chamizal hasta la capital en 2008; la Caravana del Hambre en 2012 y la Caravana Nacional por la Defensa del Agua, el Territorio, el Trabajo y la Vida en 2015.
Gabino Gómez ha destacado por ser un aliado sensible y empático. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
En los años ochenta, cuando el silencio era impuesto por el miedo, Gabino denunció las desapariciones forzadas de la llamada “guerra sucia”. Acompañó a las madres que buscaban a sus hijos desde los años setenta, caminó junto a Rosario Ibarra de Piedra y el Comité ¡Eureka!, y más tarde estuvo al lado de las familias de las jóvenes desaparecidas y asesinadas en Ciudad Juárez, cuando todavía no se hablaba de feminicidios, pero el dolor ya tenía nombre.
Mencionó que su compromiso con la vida y con las mujeres lo llevó a formar parte del equipo del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres (Cedehm). Desde ahí, como coordinador de los programas de acompañamiento, detalló que ha sostenido la mano de familiares de personas desaparecidas, de defensoras y defensores de derechos humanos y de víctimas de desplazamiento forzado.
Recordó que fue en 2009 cuando comenzaron a llegar los primeros casos de desaparición forzada. Uno de los más dolorosos y emblemáticos fue el de la familia Alvarado, de Buenaventura, desaparecida por el Ejército mexicano.
Años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos emitió una sentencia condenatoria contra el Estado Mexicano, una victoria jurídica que mencionó que aunque no borra la ausencia, reconoce la verdad y la lucha de las familias.
Para las madres buscadoras, Gabino no es sólo un defensor de derechos humanos: es un compañero de camino. “Es quien regresa a las oficinas gubernamentales una y otra vez, quien exige avances en las carpetas de investigación, quien alza la voz cuando las autoridades fallan y quien recuerda que buscar no es un delito, sino un acto de amor”.
Integrantes del Colectivo 10 de Octubre coinciden en que Gabino ha sido un aliado sensible y empático, siempre presente en marchas, colocación de lonas, jornadas de búsqueda y reuniones con autoridades. “Cuando hay violaciones a los derechos de las familias, él está ahí para defendernos; cuando el cansancio pesa, también está para acompañarnos, eso y más es lo que le agradecemos”