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Locallunes, 23 de marzo de 2026

Luz Elena Portillo cumple 40 años preservando el oficio de partera en Parral

La enfermera y partera documenta los cambios en la atención obstétrica, el perfil de las pacientes y el fin de este modelo de acompañamiento en el parto

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Javier Cruz

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Durante casi cuatro décadas, ha estado en el mismo lugar donde inicia la vida: la sala de partos. Ahí, entre gritos, silencios, miedo y esperanza, ha aprendido que ningún nacimiento se parece a otro, aunque todos sigan, en teoría, el mismo camino.

Así inició una trayectoria que definiría su vida y también la de miles de mujeres a las que acompañó en uno de los momentos más importantes y vulnerables: el nacimiento de sus hijos.

Antes de los cursos formales, antes del reconocimiento oficial como partera —que le llegó apenas en 2020—, Luz se formó en la práctica cotidiana, bajo la guía de mujeres que representaban una tradición viva.

“Cuando yo entré, había parteras de 60 y 70 años trabajando en el hospital. Ellas fueron mis maestras. Me enseñaron a trabajar, pero sobre todo a entender”, mencionó.

La partería: Un modelo que después de décadas, llega a su fin

Durante décadas, el hospital donde trabaja fue único en el estado por integrar parteras dentro de su modelo de atención. “Éramos el único hospital a nivel estatal que tenía parteras. En cada turno había cinco”.

La partería no era vista como un complemento, sino como una especialidad dentro del área de ginecología. “Trabajábamos junto con el ginecólogo, pero nuestra función era distinta. Nosotras acompañamos. No solo atendemos”.

Ese modelo, sin embargo, llegó a su fin. “A partir de marzo ya no habrá parteras como tal. Los médicos generales van a atender los partos y nosotras pasamos a ser enfermeras operativas”.

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Ha atendido partos en condiciones complejas: bebés en posición pélvica, nacimientos podálicos, gemelos, cordones enrollados, nudos verdaderos. “Son casos raros, pero pasan. Y ahí tienes que saber actuar rápido. No hay tiempo para dudar”.

No todos los partos terminan en celebración. “Me ha tocado atender bebés que ya vienen sin vida. Y ahí tienes que ser fuerte. No puedes derrumbarte frente a la paciente”.

La experiencia de acompañar a una madre en ese momento es, dice, una de las más difíciles. “Es muy diferente recibir la vida a recibir la muerte. Pero tienes que estar ahí, ponerte en su lugar”, son momentos muy tristes.

Critica también la forma en que, en ocasiones, el personal de salud normaliza estas situaciones. “A veces se vuelve tan rutinario que se pierde la sensibilidad. Pero para una madre, aunque tenga pocas semanas de embarazo, es una pérdida real”.

A lo largo de los años, Luz ha observado un cambio significativo en el comportamiento de las mujeres embarazadas. “Antes se cuidaban más. Iban a sus consultas, seguían indicaciones, llevaban su control”.

Hoy, muchas llegan sin estudios básicos. “Sin saber su tipo de sangre, sin ultrasonidos, sin control prenatal. Y eso complica todo”.

Atribuye parte de este cambio a modificaciones en los sistemas de salud. “Antes, si no llevabas tus consultas, no te atendían el parto. Ahora, como es gratuito, muchas ya no van”.

Otro fenómeno que le ha tocado presenciar es la disminución en la edad de las madres. “Cada vez llegan más jovencitas”. Relató un caso que la hizo reflexionar sobre el paso del tiempo.

Sabiduría indígena y parto humanizado

Parte de su aprendizaje proviene de mujeres indígenas, especialmente rarámuris, cuyas prácticas han influido en su forma de atender. “Ellas no se dejan tocar fácilmente. Tienes que respetar sus tiempos”.

Cesárea vs parto natural: una decisión compleja

En la actualidad, las pacientes tienen la opción de elegir cesárea, incluso sin indicación médica. “Nosotros tenemos que ofrecerla. Y si la paciente la pide, se hace”.

Sin embargo, Luz insiste en que el parto natural sigue siendo la mejor opción en la mayoría de los casos. “La cesárea es una cirugía. La recuperación es más lenta, hay más riesgos. El parto natural, aunque duele, es más rápido”.

Un hospital que creció… y cambió

Cuando comenzó, el hospital era muy distinto. “Éramos tres enfermeras por turno. Hacíamos todo: recibir al bebé, atender a la madre, lavar instrumental”. Incluso cargaban a las pacientes por las escaleras. “No había rampa”.

“Hoy, el personal ha crecido significativamente, pero también se ha transformado la dinámica laboral. Antes éramos como familia. Ahora hay más gente, pero menos cercanía”, señaló.

A pesar de los años, el cansancio y los cambios, Luz sigue encontrando en su trabajo una fuente de satisfacción. “Me encanta. Lo disfruto. No lo veo como rutina”.

Su turno favorito siempre ha sido el nocturno. “Hay más tiempo, más casos, más aprendizaje. Aunque ya podría estar jubilada, ha decidido continuar. Me debería haber jubilado hace diez años. Pero no me veo en mi casa”.

Para ella, cada nacimiento sigue siendo un milagro. “Después de tantos años, me sigue asombrando. Y eso es lo que hace la diferencia”.

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