Maestros serranos van más allá de las aulas; son promotores de la salud
Además de docentes también fungen como promotores de la salud, al estar capacitados para aplicar estudios a sus alumnos para detectar posibles casos de paludismo y malaria
Hasta este lugar, donde pocos se atreven a ir, llegó este ciclo escolar María del Pilar Aguilar Nieto, una joven maestra que no solo imparte clases, sino que también vigila la salud de sus alumnos y de la comunidad entera.
Maestra y vigilante de la salud
La salud en la Sierra: entre la falta de médicos y la capacitación docente
“Los maestros son el primer contacto con los menores, por lo que pueden detectar de forma temprana cualquier síntoma preocupante”, explicó el vocero de la Secretaría de Salud.
La Secretaría de Salud aseguró que este tipo de medidas buscan ofrecer atención médica en regiones alejadas, se aplican alternativas que permitan proteger la salud de sus habitantes.
El sueño que venció al destino
Una elección que la llevó lejos
El proceso para la asignación de plazas fue complicado. Logró quedar en el lugar 45 de más de 2,200 aspirantes. Sabía que las oportunidades llegarían conforme pasaran las jubilaciones y nuevos espacios se abrieran.
Un nuevo hogar en medio de la adversidad
Al llegar, se encontraron con una escuela sin luz desde julio, ya que los transformadores no habían sido reparados. A pesar del cansancio y las dificultades, lograron instalarse en un salón que habilitaron como dormitorio.
Una vida lejos de la comodidad
“No hay puertas, ni ventanas en algunas casas, y las garrapatas son parte del día a día”, relata. “Tuvimos que quemar colchones infestados de insectos y aprender a dormir con ventiladores solares para soportar el calor”.
Un sacrificio por la vocación
“Sé que no es fácil, pero vale la pena. Si este es el precio que tengo que pagar para ser la maestra que siempre soñé, entonces seguiré adelante”, concluye.
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Desde niña María del Pilar soñó con ser una maestra y hoy es una realidad / Foto: Cortesía / María del Pilar Aguilar
María del Pilar Aguilar no sólo es una maestra de primaria con 28 años de edad que radica en la comunidad de Guaripana, Guadalupe y Calvo, en pleno barranco de la Sierra Tarahumara, sino que también funge como promotora de la salud al estar capacitada para aplicar estudios a sus alumnos que detecten posibles casos de paludismo y malaria, enfermedades que aunque se creían erradicadas podrían resurgir debido a la propagación de mosquitos ante las altas temperaturas que se registran en la zona, pero que al no haber médicos ni enfermeras de planta ella tiene que entrar en su lugar.
Entre las montañas del municipio, la comunidad de Guaripana es un rincón remoto de la sierra tarahumara donde la vida sigue un ritmo distinto, marcado por caminos sinuosos, noches sin electricidad y una lucha constante por el bienestar. Guaripana, un poblado que, según el último censo, cuenta con apenas 82 habitantes —39 mujeres y 43 hombres—.
Es maestra de la Escuela Primaria Federal “Jaime Torres Bodet”, tiene en lista 50 alumnos pero que asisten a clases regularmente son 33. En dicha comunidad no hay médicos ni enfermeras de manera fija. Por ello, la docente entrevistada fue capacitada para detectar posibles enfermedades.
“Cuando llegué, en agosto del año pasado, me sorprendió lo remoto que es el lugar. Aquí no hay médicos ni enfermeras fijas, así que nos capacitaron para identificar síntomas sospechosos de enfermedades como paludismo o malaria”, relata María del Pilar.
Escuela Jaime Torres Bodet en la comunidad de Guaripana / Foto: Cortesía / Maria del Pilar Aguilar
Aunque su principal tarea es enseñar, María del Pilar también es responsable de vigilar la salud de los habitantes. “Nos explicaron que si alguien presenta fiebre, dolor de cabeza o deshidratación, debemos estar atentos. Nos enseñaron a tomar una muestra de sangre con una punción en el dedo, descartar la primera gota y luego recolectar la muestra para su análisis”, explica.
Hasta ahora, en los siete meses que lleva en la comunidad, no ha tenido que realizar ninguna prueba, pero cada mes llegan los supervisores de salud para verificar que todo esté en orden. “Ellos nos preguntan si hemos detectado casos sospechosos y si hemos tomado muestras”, detalla la docente.
Además, María del Pilar colabora en la vigilancia de posibles criaderos de mosquitos, un factor clave para prevenir la propagación de estas enfermedades. “El clima aquí es muy cambiante, y aunque no hemos detectado casos, nos dijeron que las condiciones sí pueden favorecer la presencia del mosquito transmisor”, comenta.
Ante esta situación, la Secretaría de Salud del Estado, a través de su director de Comunicación Social, Rodolfo Cortéz, aclaró que, hasta el momento, no se han registrado casos de paludismo ni de dengue en ninguna parte del estado en lo que va del año. “Platiqué con el epidemiólogo, y me confirmó que no se tienen reportes de estas enfermedades en el estado”, informó Cortéz.
Sin embargo, reconoció que en comunidades como Guaripana, donde el acceso es complicado, se implementan programas alternativos para garantizar la atención médica. En esta zona específica opera una unidad médica móvil que recorre periódicamente las comunidades cercanas, además de contar con el apoyo de un Coordinador Comunitario de Salud (COCS), quien se encarga de vigilar el estado sanitario de la población.
Cortéz explicó que existe un programa voluntario en el que se capacita a docentes para que, en casos extraordinarios, puedan colaborar en tareas preventivas de salud. “Se les enseña a identificar síntomas sospechosos y a realizar pruebas rápidas cuando algún habitante presenta signos de enfermedades. En caso de que la prueba resulte positiva, se notifica al médico para que acuda a revisar al paciente y brinde la atención correspondiente”, detalló.
Además, los maestros capacitados también colaboran en la detección de desnutrición infantil mediante el uso de las llamadas “cintas MUAC”, una herramienta que permite medir el perímetro braquial de los niños para identificar signos de desnutrición.
Finalmente, Rodolfo Cortéz indicó que solicitó al área correspondiente un informe detallado de las acciones realizadas en la comunidad de Guaripana, el cual incluirá información sobre campañas de vacunación, atención médica brindada y traslados realizados en la zona.
Desde que llegó a la comunidad ha sido difícil adaptarse, sin embargo el enseñar a los niños y niñas es una gran satisfacción para María del Pilar / Foto: Cortesía / María del Pilar Aguilar
Desde niña, María del Pilar soñaba con ser maestra. “Me gusta estar con los niños, es lo que siempre quise hacer”, cuenta con una sonrisa nostálgica. Sin embargo, la vida la llevó primero por el camino del Derecho. Tras estudiar en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) y antes de concluir su carrera en medio de la pandemia de 2020, se dio cuenta de que su verdadera vocación no estaba en los tribunales, sino en las aulas.
Cuando mencionó su deseo de ser maestra, algunos maestros le aconsejaron que no lo hiciera, pues decían que las prestaciones no eran tan convenientes y que mejor buscara otra opción. Así que terminó la primaria, cursó la secundaria y luego en la preparatoria llegó el momento de decidir qué carrera estudiar.
“Mis amigos me decían que ya tenía una carrera, que ganaría más como abogada, pero yo sabía que no era lo que quería”, recuerda. Fue entonces cuando comenzó la preocupación por encontrar un lugar donde realizar sus prácticas profesionales. Al llegar ese momento, se dio cuenta de que no le gustaba ejercer como abogada.
Cuando llegó la pandemia en marzo de 2020, María del Pilar habló con sus amigos y les confesó que no disfrutaba la abogacía. Fue entonces cuando se animó a presentar examen para ingresar a la carrera de educación. Investigó si aún estaba dentro del límite de edad permitido y descubrió que sí. Sacó su ficha, presentó el examen y quedó entre los primeros 29 lugares.
De agosto a diciembre, asistía a clases de 8:00 a 14:00 horas, y durante la tarde continuaba con el último semestre de Derecho. A pesar de que al principio le generaba nerviosismo, descubrió que le gustaban las prácticas en las escuelas.
Aún y cuando es una comunidad muy apartada se pueden ver paisajes de ensueño en la comunidad de Guaripana / Foto: Cortesía / Maria del Pilar Aguilar
Al concluir la carrera, siguió el proceso para obtener una plaza docente. Junto a dos amigas, dedicaron tiempo a reunir constancias, realizar cursos y cumplir con los requisitos. Después de presentar el examen profesional y defender su documento, llegó el día de la ceremonia de graduación.
Cuando publicaron la lista de plazas definitivas, había 28 lugares en diferentes municipios como Juárez, Chihuahua, Guadalupe y Calvo, entre otros. María del Pilar y sus amigas deseaban quedarse en algún lugar cercano, pero la mayoría de las plazas estaban en zonas alejadas como Guaripana.
Cuando llegó el momento de elegir su plaza, las opciones no eran fáciles: la mayoría de los lugares disponibles estaban en Guadalupe y Calvo, en comunidades tan apartadas que ni siquiera aparecían en el mapa. “Nombres como Guaripana, El Encinal o La Trampa no me decían nada… pero algo dentro de mí me dijo que aceptara”, relata.
A pesar de las dificultades, María del Pilar arribó a Guaripana con la intención de mejorar la experiencia educativa de los niños / Foto: Cortesía / María del Pilar Aguilar
El viaje hasta Guaripana fue toda una odisea. Primero siete horas en carretera desde Chihuahua hasta Guadalupe y Calvo, luego otras dos horas y media por brechas entre cerros y barrancos. Tuvieron que quedarse en un hotel en Baborigame, sin embargo les tocó la mala suerte de que no había internet para comunicarse con su familia, quienes estaban preocupados, hasta el día siguiente pudieron contactarse a su mamá quien había llorado toda la noche por no saber donde estaba su hija. Su camioneta se descompuso a mitad del camino y terminó el trayecto en una vieja Suburban que apenas resistió el viaje.
La primera noche en Guaripana fue un desafío. Sin luz eléctrica, rodeada de insectos y con un colchón que cada vez que se mueve los resortes producen mucho ruido, sin embargo el caso de su compañera es peor; el colchón de ella tiene muchos hoyos y está en el suelo, tenía muchos animales, debajo de las camas había sapos disecados por el tiempo, María del Pilar comprendió que adaptarse sería su mayor reto.
La adaptación fue complicada. Al día siguiente, limpiaron a fondo el lugar, pues había insectos, garrapatas y muebles deteriorados. En su travesía la acompaña su perrito. Con el tiempo, conocieron a los niños y sus familias, quienes les brindaron apoyo y cariño.
Las condiciones en Guaripana eran muy diferentes a las de la ciudad. No había tiendas cercanas, el acceso al agua es limitado y el calor resulta agobiante. “Es como si estuviera en la playa, el calor es muy sofocante”. A pesar de ello, María del Pilar y sus compañeras se esforzaron por mejorar la escuela y brindar una mejor experiencia educativa a los niños.
La vida en Guaripana está llena de desafíos. Para poder subsistir, María del Pilar y sus compañeras maestras deben planear con anticipación la compra de víveres, ya que la única tienda cercana solo vende productos básicos como enlatados, sopas instantáneas y refrescos.
Al lado de su mascota, María del Pilar continúa su camino hacia la excelencia magisterial / Foto: Cortestía / María del Pilar Aguilar
En una ocasión tuvo que pedir un permiso económico ya que no le podían pagar, debido a que hubo un problema en el trámite: “Salí por Sinaloa con el verdulero que casi siempre nos surte aquí lo que ocupemos de mandado. Desde que salí de aquí hasta que llegué a mi casa fueron como 33 o 34 horas de camino y lo único que hice pues ya fue estar transbordando. De aquí nos fuimos en troca a Guamuchil, de ahí en un camión a Culiacán, luego otro camión hasta Chihuahua y de regreso igual fueron dos días de ida y dos de vuelta”.
A pesar de las dificultades, María del Pilar asegura que ha encontrado en Guaripana una experiencia invaluable. “Aquí he aprendido que ser maestra no solo es enseñar matemáticas o español; es aprender a escuchar, a comprender y a estar dispuesta a dar lo mejor de ti en cualquier circunstancia”, reflexiona.
María del Pilar sabe que su camino en la docencia apenas comienza. Su meta es obtener una plaza definitiva, pero para lograrlo ha tenido que renunciar temporalmente a la comodidad de su hogar y a la cercanía con su familia.
En medio de la soledad de la sierra, entre caminos de terracería y noches oscuras, María del Pilar sigue encendiendo la luz del conocimiento en los corazones de sus alumnos, demostrando que la vocación verdadera se construye con esfuerzo, entrega y amor por los demás.