María Antonieta y su dulce legado: 25 años refrescando los días con raspados de sabores únicos
Junto con su hermana, comenzó en el año 2000 una tradición que no solo refresca los veranos, sino que ha conquistado los paladares de generaciones enteras de Parral
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María Antonieta junto con su hermana comenzaron con un negocio de raspados que hoy son un legado / Foto: Marcos Merendón / El Sol de Parral
Bajo la sombra de un toldo y el frescor de un hielo raspado, se esconde una historia hecha a pulso, a fuego lento y con cucharadas generosas de ingenio y amor. María Antonieta Sierra Chávez, junto con su hermana, comenzó en el año 2000 una tradición que no solo refresca los veranos, sino que ha conquistado los corazones de generaciones enteras en Parral.
Todo comenzó con una mesita sencilla, una máquina, hielo, unas cuantas esencias… y el sueño de transformar un antojo en sustento. Inspiradas en un negocio que vieron en Estados Unidos, estas dos hermanas decidieron darle sabor propio a su emprendimiento. “Todo lo que ve aquí son inventos, son recetas nuestras”, cuenta María Antonieta con una sonrisa orgullosa.
Desde el clásico raspado de cajeta hecho con lechera cocida en olla de presión, hasta el aclamado de Oreo —ese que hizo volver a un cliente solo para felicitarla—, cada sabor tiene una historia, una chispa de creatividad y una buena dosis de intuición. “La gota de miel vende cajeta con nuez, yo dije: pues yo vendo hielo con nuez… y así le fui inventando”, recuerda entre risas.
Cada uno de los sabores fueron inventados y preparados con esfuerzo y corazón / Foto: Marcos Merendón / El Sol de Parral
Y es que aquí no se trata solo de raspados, sino de una explosión de sabores que despiertan los sentidos: tres leches cremoso, piña con chamoy hecho en casa, de yogurt, y una lista larga de delicias que son el reflejo de 25 años de dedicación.
Los sabores no se compran ya hechos. Las esencias se hierven en casa, se mezclan, se prueban, se perfeccionan. “No es fácil, desde la casa empieza el trabajo”, afirma María Antonieta. Incluso las esencias especiales vienen desde Estados Unidos, pero el toque final, ese que marca la diferencia, es cien por ciento parralense.
El puesto, que a simple vista parece uno más, tiene un lema que lo resume todo: “Imítame y supérame”. Y no es solo frase. Su equipo está capacitado al detalle: desde la forma en que se sirven los raspados hasta la atención amable que convierte cada visita en una experiencia.
Con 25 años de tradición los raspados se han convertido en uno de los postres que más disfrutamos los parralenses / Foto: Marcos Merendón/El Sol de Parral
Gracias a este negocio, María Antonieta ha podido darles estudiosuniversitarios a sus hijos, viajar a Cuba, Haití, Las Vegas y Ruidoso, y disfrutar de una vida plena, aunque —como dice ella misma— “no soy una persona estudiada, pero vivo como tal”.
En 2025, con 25 años de historia, el negocio sigue más vivo que nunca. “Tenemos atrapado a Parral”, dice sin presunción, sino con la certeza de quien ha probado, fallado, inventado y triunfado a base de esfuerzo.
“Poner un puesto es fácil”, asegura, “el chiste no es ponerse, sino sostenerse”. Y vaya que ella lo ha logrado. Hoy, cada raspado que se sirve es una cucharada de historia, una probadita de constancia y una muestra del talento que, como el hielo bajo el sol, se derrite suavemente en la memoria colectiva de Parral.