El fenómeno, reconocido por el propio alcalde Salvador Calderón Aguirre, refleja una tendencia que se ha multiplicado en los últimos años: los desarrolladores urbanizan primero y buscan los permisos después.
Un mapa de contrastes
La lista municipal, que incluye también un fraccionamiento urbanizado desde hace años y aún “por regularizar”, dibuja un panorama de expansión irregular, con zonas habitadas sin certeza jurídica, ni infraestructura formalmente autorizada.
Las medidas cautelares impuestas consisten en la firma periódica cada 15 días ante el Instituto de Servicios Previos al Juicio, la entrega de documentos migratorios y el arraigo domiciliario
Señalan que el incremento en los gastos responde a diversos factores, entre ellos el incremento en salarios, combustibles y el alza generalizada de precios
Más de 1,800 lotes en Parral enfrentan problemas de escrituración / Foto: Luis Murillo / El Sol de Parral
En Parral, la mancha urbana se expande más rápido que los permisos municipales, mientras el Cabildo —de esta administración— ha autorizado apenas tres nuevos fraccionamientos, entre ellos Casa Real, en febrero de 2025. Otros tres permanecen en revisión y al menos dos más se desarrollan de manera irregular, algunos incluso con calles pavimentadas y viviendas en venta, pero sin los trámites básicos para poder escriturar.
El edil advirtió: "Lamentablemente tenemos muchos desarrollos que no se pueden escriturar. No se les puede dar una clave catastral porque no se les ha autorizado el cambio de uso de suelo, ni el permiso para fraccionar. Están batallando con las factibilidades de agua y con todo lo que implica hacer las cosas en orden.”
Según cifras municipales, más de mil 800 lotes se encuentran en esta situación. Algunos pertenecen a desarrolladores recientes; otros son herencia de colonias viejas dentro de la mancha urbana que nunca concluyeron su proceso de regularización. En ambos casos, las familias que compraron enfrentan el mismo problema: no pueden escriturar, tramitar servicios, ni registrar legalmente su propiedad.
De acuerdo con información del área de Desarrollo Urbano, el municipio cuenta con tres fraccionamientos formalmente autorizados, tres más en trámite de revisión y al menos uno irregular detectado recientemente, ubicado contiguo a la llamada Ciudad del Policía, en el acceso al fraccionamiento La Fortuna. En ese punto, personal municipal entregó dos citatorios al responsable de la obra, sin que hasta el momento haya comparecido ante la autoridad.
La falta de permisos de cambio de uso de suelo y factibilidad de servicios impide que las familias afectadas puedan tramitar legalmente sus escrituras / Foto: Cortesía / Desarrollo Urbano
“El desarrollo ya tiene calles pavimentadas, pero no cuenta con permisos completos”, confirmó Francisco Gallegos Chico. Otros casos similares se rastrean en el Corredor Universitario de Parral, donde existen obras de urbanización que aún carecen de factibilidad de agua, donaciones de áreas al municipio y compatibilidad con el Plan de Desarrollo Urbano.
Para que un predio pueda convertirse en fraccionamiento, la ley exige una cadena de pasos: cambio de uso de suelo, factibilidades de servicios (agua, drenaje, electricidad), autorización de trazo y lotificación, donación de áreas para equipamiento y vialidades, y finalmente registro catastral y escritura individual.
Sin embargo, en la práctica muchos proyectos se saltan las etapas iniciales. “Se hacen las cosas al revés —reconoce el alcalde—: primero la gente compra, ocupa y construye; después quieren arreglar los papeles”. El resultado, según el Colegio de Especialistas en Valuación, son calles nuevas sin número oficial, servicios improvisados y predios imposibles de hipotecar o heredar.
En el Cabildo de Parral, el último acuerdo formal fue el 172/17-II/2025, que dio luz verde al fraccionamiento Casa Real, tras cumplir los requisitos técnicos. A partir de ahí, la administración mantiene bajo análisis tres proyectos adicionales, a los que se les han pedido ajustes y prevenciones antes de su autorización.
La Dirección de Desarrollo Urbano también ha detectado fraccionamientos irregulares activos, cuyos promotores fueron citados sin atender los requerimientos. El más reciente, en la zona de La Fortuna, fue notificado por segunda ocasión en octubre, y podría enfrentar sanciones administrativas e incluso clausura, advirtió Gallegos Chico. Fuentes del área señalan que, pese a los avances en los mecanismos de inspección, la capacidad de seguimiento es limitada. El crecimiento urbano en los márgenes de la ciudad —particularmente hacia el norte y el corredor universitario, en el oeste—, ha rebasado el ritmo de verificación.
Para Carlos Alberto Ulloa Schaefer, Vicepresidente del Colegio de Especialistas en Valuación, más allá de los planos y los expedientes, el costo lo pagan los compradores. Sin escrituras, no pueden contratar agua ni electricidad a su nombre, ni obtener créditos de vivienda. Tampoco pueden vender legalmente su propiedad o dejarla en herencia.
En casos como el que está cerca de La Fortuna, el problema se agrava porque las obras aparentan legalidad: vialidades trazadas, banquetas y viviendas en construcción. Pero detrás de esa apariencia, el desarrollo carece de registro en el plan urbano y de factibilidad de servicios básicos.
Una ciudad partida entre lo formal y lo informal El municipio reconoce que regularizar los 1,800 casos existentes tomará años.“Tenemos colonias completas donde la gente lleva décadas sin poder escriturar... sin donación al municipio ni factibilidades no podemos otorgar clave catastral”, insistió Calderón Aguirre.
El Ayuntamiento elabora actualmente una matriz geográfica de fraccionamientos, que clasificará cada proyecto como autorizado, en revisión, irregular o por regularizar, con el fin de transparentar su situación ante la ciudadanía. La intención es que cualquier comprador pueda consultar si el terreno que le ofrecen cuenta o no con permisos vigentes.
Mientras tanto, el crecimiento desordenado continúa. En los bordes de Parral, nuevas calles de asfalto avanzan sobre terrenos todavía sin registro, donde los postes y las casas se levantan más rápido que los sellos de autorización. Una urbanización al revés, que dibuja con precisión los vacíos de la planeación y los retos de un municipio que crece sin esperar el papel.