Del suelo a la mesa: ¿Dónde están las dos minas de sal que hay en Chihuahua?
Detrás de un producto tan cotidiano como la sal existe un proceso artesanal y exigente. En el desierto chihuahuense, trabajadores mantienen viva una tradición Descubre dónde y cómo se obtiene este mineral esencial aquí
Axel Gallardo Ibarra
➡️ Únete al canal de WhatsApp de El Sol de Parral
En aquellos tiempos, la sal era un artículo de lujo, al punto de ser utilizada como moneda de cambio —de ahí proviene la palabra salario—. Por ello, hoy te contamos cómo se obtiene este mineral en nuestra región.
¿Cómo se obtiene la sal en las minas de Chihuahua?
Las minas de sal en Chihuahua son principalmente salineras de superficie, donde la extracción se realiza mediante un proceso artesanal de evaporación solar.
El procedimiento inicia cuando el agua salada es extraída de un manantial y llevada a parcelas o estanques, donde permanece entre 15 y 20 días para permitir la cristalización natural.
La cristalización es un proceso químico mediante el cual el agua dura —es decir, agua con altas concentraciones de minerales— se evapora poco a poco, dando origen a cristales sólidos de sal.
Una vez concentrada el agua, los trabajadores extraen los cristales con pico y pala, enviando el material en bruto a otras empresas que se encargan de purificar, refinar y preparar la sal para su comercialización.
Las minas de sal en la región chihuahuense
En el estado de Chihuahua existe una importante mina de sal ubicada en el municipio de Jiménez, a unas dos horas de la capital, cerca de la conocida “Zona del Silencio”.
Esta región cuenta con un manantial natural cuya agua presenta una salinidad del 20 %, y gracias a las altas temperaturas del bioma desértico, el proceso de evaporación ocurre con rapidez.
Conocer este tipo de procesos nos permite dimensionar el trabajo que hay detrás de productos que damos por sentado, como la sal de mesa.
Cada grano implica esfuerzo, conocimiento y tradición, recordándonos agradecer las pequeñas comodidades que la vida urbana nos ofrece y que, muchas veces, olvidamos valorar.


























