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Señalan que la sandía es la base económica de la comunidad. / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Existe temor entre los productores agrícolas del municipio de Valle de Zaragoza ante la incertidumbre que genera la reforma a la Ley de Aguas Nacionales, pues temen que las autoridades retiren las pequeñas bombas con las que históricamente han trabajado para regar sus cultivos. Aurelio Núñez, productor de sandía en la región, advirtió que la preocupación es real y que muchas familias no saben qué pasará con su principal herramienta de trabajo.
“Estamos con el miedo de que vengan a querernos quitar las bombas”, expresó el agricultor, al señalar que se trata de equipos pequeños utilizados para riego complementario cuando la humedad natural no es suficiente. Explicó que, aunque no todos dependen directamente del agua de presa, la dinámica de apertura de compuertas sí influye en sus tierras, especialmente en las parcelas que permanecen anegadas hasta que el nivel del agua desciende.
En el Valle de Zaragoza, la práctica agrícola combina el riego por humedad, conocido localmente como “trasporo” y el uso de bombas instaladas de manera tradicional en la cuenca del río. Núñez explicó que cuando la presa libera agua hacia otras regiones como Delicias o Camargo, el nivel baja y deja las tierras listas para trabajar. En su caso, esa humedad natural le permite sembrar sin necesidad de riego adicional durante toda la temporada.
Sin embargo, no todos corren con la misma suerte. Hay productores que dependen del sistema de cintilla y de pozos, quienes comienzan a sembrar desde inicios de marzo con planta desarrollada en invernadero. La incertidumbre jurídica respecto al uso de bombas pequeñas ha generado temor, pues de limitarse su operación, muchos quedarían imposibilitados para sostener sus cultivos.
“Esto se ha hecho toda la vida”, subrayó Núñez, al recordar que generaciones completas han trabajado de la misma manera, bombeando agua del río cuando la tierra no se humedece de forma natural. Para las familias del Valle, la sandía no solo es un cultivo, sino la base económica de la comunidad.
A la incertidumbre por el agua se suman otros riesgos: heladas tardías, como la registrada en abril del año pasado, escasez de mano de obra y precios inestables. Núñez recordó que en 2025 el precio llegó a desplomarse hasta 1.80 pesos por kilo para algunos productores, mientras que el promedio rondó los 2.50 pesos, afectando severamente las utilidades.
La sobreoferta en temporada alta también golpea al mercado local. Mientras estados como Nayarit y Sonora exportan sandía sin semilla a Estados Unidos, los productores de Valle de Zaragoza dependen casi en su totalidad del consumo nacional, lo que provoca saturación y caída de precios durante la época de lluvias, cuando la demanda disminuye.
Frente a este panorama, la posible restricción en el uso de bombas representa, para muchos, un golpe adicional. “Ya con no perder es ganancia muchas veces”, afirmó el productor, reflejando la resignación con la que enfrentan cada ciclo agrícola. En el Valle de Zaragoza, el campo vive entre la esperanza de una buena cosecha y el temor de que nuevas disposiciones compliquen aún más una actividad que, aseguran, ha sido su forma de vida por generaciones.