Puerta del Tiempo: cumple 25 años el vigilante del pasado y el futuro en Parral
El monumento de 500 toneladas conmemora un cuarto de siglo como referente arquitectónico y legado de Enrique Altamirano
El monumento de 500 toneladas conmemora un cuarto de siglo como referente arquitectónico y legado de Enrique Altamirano

Abraham Holguín
Con un peso de 500 toneladas de acero puro y dos caras que les indican a los parralenses su origen y porvenir, la Puerta del Tiempo cumple 25 años de haber sido construida. Hoy es uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad y el soldador Jesús Hernández recuerda la osadía que fue levantar su estructura en un trabajo que consideró artesanal y de alto riesgo al haber requerido de suma destreza para que todas las piezas quedaran en su lugar. “Ella es testigo fiel de que sobrevivimos al tercer milenio y que aquí seguimos”, destacó.
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A 25 años de su inauguración, la Puerta del Tiempo se mantiene como uno de los monumentos más emblemáticos de Hidalgo del Parral, no solo por su dimensión arquitectónica y simbólica, sino por el significado histórico que representa para la ciudad. Concebida como un homenaje a la transición de año, siglo y milenio, la obra fue construida entre 1998 y 2000, e inaugurada en febrero de 2001, como legado del escultor parralense Enrique Altamirano. Su edificación fue posible gracias al trabajo de soldadores, técnicos y constructores locales, entre ellos Jesús Hernández, quien participó directamente en el armado de la estructura y hoy, a un cuarto de siglo de distancia, recuerda el proceso como una de las obras más complejas y representativas de su trayectoria.
Ubicada en la entrada de Parral, en la confluencia de la carretera a Jiménez y el Periférico, la Puerta del Tiempo se ha consolidado como un punto de referencia visual y simbólico para habitantes y visitantes. Con una altura total de 30 metros y un peso aproximado de 500 toneladas de acero, la estructura fue diseñada para no superar en altura a la Torre Patriarcal del templo de San José, donde reposan los restos del fundador de la ciudad, Juan Rangel de Biesma, decisión que refuerza el respeto por la historia y el orden simbólico de la ciudad.
La obra es resultado de un proceso constructivo que se extendió por aproximadamente dos años. De acuerdo con Jesús Hernández, soldador de oficio con más de 35 años de experiencia, la fabricación de la Puerta del Tiempo inició en 1998 en Villa Matamoros, donde se elaboraron las distintas piezas que posteriormente fueron trasladadas a Parral para su montaje final. “La puerta la fabricamos en Villa Matamoros, ahí se hizo en el suelo y luego se trajo todo aquí a Parral; ya aquí empezamos a montar todo”, explicó.
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El traslado y ensamblaje de la estructura representó un reto técnico considerable, pues las piezas llegaban numeradas y eran transportadas en un vehículo de carga ligera. Hernández recordó que gran parte del trabajo se realizó mediante maniobras manuales, con uso limitado de grúa. “Todo fue difícil porque fue a base de pura maniobra; la grúa la usamos una vez, pero casi todo fue manual”, señaló, al destacar la complejidad del montaje, especialmente en los elementos superiores.

Uno de los momentos más exigentes fue la colocación de los gigantescos rostros que distinguen al monumento. Hernández relató que él mismo participó en esa etapa, utilizando una camioneta como plataforma improvisada para alcanzar la altura necesaria. “Yo creo que monté los rostros; si se fijan en las fotos, ahí estoy arriba de la camioneta montando uno de los rostros”, comentó. Estos elementos, separados por una distancia de 21 metros entre nariz y nariz, constituyen el núcleo simbólico de la obra.
El rostro orientado hacia el norte representa el pasado, con formas redondeadas que evocan la visión del ayer, mientras que el rostro que mira al sur simboliza el futuro, incorporando figuras geométricas como cubos y rectángulos que aluden a la tecnología y la cibernética. Las mayas internas de este último están pintadas con colores del atardecer, reforzando la idea del cierre de ciclos históricos y temporales.
La inspiración conceptual de la Puerta del Tiempo se remonta a la cultura romana, específicamente a la figura del dios Jano, deidad de las puertas y los portales, representado con dos caras, una mirando al pasado y otra al futuro. De ahí deriva el nombre del monumento, vinculado también al mes de enero —Januarius— que simboliza el inicio y la transición. Enrique Altamirano integró esta referencia histórica para dar forma a una obra única en su género, concebida para marcar el paso del siglo XX al XXI y del segundo al tercer milenio.
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Las dos torres que conforman la estructura están sostenidas por 12 columnas, número cargado de simbolismo: representan los 12 meses del año, los 12 signos del zodiaco, las 12 horas del día y de la noche, las 12 tribus de Israel, los 12 apóstoles y el inicio de la adolescencia a los 12 años. A estos elementos se suman más de 2 mil 800 remaches y tornillos, que evocan los castillos de las minas que dieron origen a Parral, reforzando el vínculo entre la obra y la historia minera de la ciudad.
En la parte superior se encuentra un reloj de arena que simboliza el tiempo, del cual emerge una saeta que apunta al infinito. Desde la estrecha cintura del reloj pende una columna dorada que representa el fugaz presente, esa franja mínima que separa el pasado inmutable del futuro desconocido. En ascenso vertical, una flecha adicional forma un puente que funciona como mirador y como símbolo de la transmisión del conocimiento y la experiencia a través de generaciones. Este puente y la columna conforman una cruz, en referencia a la que Juan Rangel de Biesma colocó en 1629, bajo cuya sombra nació el Real de Minas que dio origen a la ciudad.

El proceso constructivo involucró a un grupo reducido de trabajadores. Hernández recordó la participación de personas como José Cano y Alejandro Castañeda, así como el respaldo institucional durante la administración municipal encabezada entonces por Miguel Jurado. “No fue mucha la gente que anduvimos ahí; al último ya me quedé casi solo”, relató, subrayando la carga de trabajo que implicó concluir la obra.
Más allá de su dimensión arquitectónica, la Puerta del Tiempo se concibió como un legado artístico y cultural. Todos sus componentes simbólicos fueron cuidadosamente integrados por Enrique Altamirano, escultor parralense fallecido en 2020 en la Ciudad de México, cuya obra permanece como un orgullo de pertenencia para la comunidad y un atractivo turístico de alcance regional.
A este simbolismo se suma la Cápsula del Tiempo, también conocida como Cápsula Milenium III, que fue abierta en 2021, dos décadas después de su colocación. En su interior se localizaron 101 paquetes con recuerdos, fotografías y objetos depositados durante la inauguración del monumento, los cuales fueron entregados a sus propietarios. El acto estuvo marcado por la participación de Paola Judith Ayala Vega, último bebé nacido en Parral en el segundo milenio, y Raúl Torres Ruíz, primer bebé del siglo XXI, quienes encabezaron la apertura oficial.

Jesús Hernández explicó que, pese a la magnitud del monumento, la construcción de la Puerta del Tiempo se desarrolló como un trabajo artesanal, sostenido principalmente por la experiencia práctica de los soldadores y la coordinación directa en campo, más que por el uso constante de maquinaria pesada.
Detalló que muchas de las decisiones técnicas se tomaban sobre la marcha, conforme se enfrentaban las dificultades propias del armado de una estructura de acero de gran escala, lo que exigía precisión en las soldaduras y extrema cautela durante las maniobras de elevación. Señaló que una de las mayores complicaciones fue alinear correctamente los perfiles de las caras y asegurar la estabilidad de las torres, ya que cualquier error implicaba desmontar y repetir procesos completos.
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Asimismo, recordó que el montaje de los elementos superiores se realizó en condiciones que hoy serían consideradas de alto riesgo, pues el equipo trabajaba a varios metros de altura con apoyos mínimos y sin el respaldo permanente de grúas especializadas. A pesar de ello, afirmó que el compromiso del reducido grupo de trabajadores permitió avanzar de manera constante hasta concluir la obra dentro del plazo previsto.
Para Hernández, la Puerta del Tiempo no solo representa una estructura simbólica para la ciudad, sino también un reflejo del oficio de la soldadura aplicada a gran escala, donde la destreza manual, la confianza entre compañeros y la responsabilidad individual fueron determinantes para levantar un monumento que, 25 años después, continúa siendo un referente urbano y un testimonio del trabajo silencioso de quienes participaron en su construcción.

En los últimos años, el entorno del monumento ha sido objeto de una transformación significativa. En 2023, el gobierno del estado inició la construcción del Parque Puerta del Tiempo, con una inversión superior a los 28 millones de pesos, con el objetivo de renovar la glorieta y fortalecer la convivencia familiar y la recreación. El proyecto incluyó áreas para exposiciones, la plantación de 200 árboles endémicos como huizaches y encinos, módulos de sanitarios, bancas, mesas de picnic, un local para venta de alimentos, sistemas de riego automatizado y la instalación de luminarias LED y reflectores.
El secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, Mario Vázquez, destacó en su momento que la Puerta del Tiempo es un lugar icónico para Parral y que el nuevo parque contribuiría a mejorar la imagen urbana y el atractivo turístico de la ciudad. La renovación concluyó a mediados de 2024, consolidando el espacio como un punto de encuentro y recreación para la población.
A 25 años de su inauguración, la Puerta del Tiempo no solo permanece en pie como una colosal estructura de acero, sino como un testimonio del esfuerzo colectivo, la visión artística y la memoria histórica de Parral. Su permanencia y reciente renovación confirman su relevancia como símbolo de identidad y como puente entre el pasado, el presente y el futuro de la ciudad.