En un inicio eran aproximadamente 12 familias, empezaron a levantar chozas con lo que encontraban: madera, cartón, láminas. En aquel entonces esta zona no tenía agua, energía eléctrica, ni drenaje.
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El Asentamiento Indígena de San Andrés incrementó su población al doble en los últimos 10 años / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
En las orillas Hidalgo del Parral, Chihuahua, donde el pavimento acaba y el rezago social se vuelve más evidente se levantó el asentamiento indígena de San Andrés, una comunidad que incrementó su población al doble en los últimos 10 años ya que actualmente cuenta con más de 200 familias que representan el doble de las que había en 2015. Fundado a principios de este milenio por familias desplazadas por la pobreza, este sitio ha visto en casi 30 años avances como la creación de una primaria y un tele bachillerato, además de los trabajos de conexión a la electricidad, agua y drenaje.
A principios de este milenio, en las orillas del territorio municipal de Hidalgo del Parral, en San Andrés había solamente tierra baldía y un monte seco adornado por los huizaches y árboles que salen de las profundidades para formar paisajes naturales de este poblado. Cerca de 10 minutos separan al centro de la ciudad de este poblado, cuyo desarrollo ha tardado casi tres décadas enteras.
Para conocer la historia de este sitio donde se observan pequeños correr por las calles polvorientas, es necesario escuchar la visión del representante del sector poblacional que habita este terreno. Se trata de Guillermo Negrete Rubí, líder del Asentamiento Indígena de San Andrés en Parral quien ofreció una entrevista para este medio donde habló sobre el crecimiento de la población y el acceso a los servicios básicos.
Las primeras viviendas del Asentamiento Indígena de San Andrés se levantaron de madera, cartón y láminas / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Aquí no solamente se pueden ver un conjunto de casas, sino el resultado de una lucha, organización y esperanza de habitantes que deciden salir de su lugar de origen en busca de oportunidades. A principios de este milenio no había nada en esta zona, solo una problemática por la necesidad de cubrir derechos como la vivienda digna que los gobiernos de los últimos 25 años no han podido garantizar.
“Vivíamos en Los Carrizos, pero ya no había espacio... no cabíamos… Nos vinimos como paracaidistas, buscando tierra para vivir”, recuerda don Memo Negrete a quien todos reconocen como su representante.
El primer logro fue cuando se donó la primera hectárea“Fue un paso enorme. Ya no éramos invasores, ahora había legalidad, aunque fuera mínima”. Con esfuerzo y colectas, compraron otrahectárea al ejido Santa Rosa. “Ahí empezó de verdad el pueblo”, dice.
El presidente municipal de entonces, Bernardo Avitia Talamantes, generó acciones gubernamentales y fue entonces cuando se empezaron a ver los primeros postes de electricidad, que dieron señales de que el asentamiento estaba echando raíces, lo que sin duda incentivó a que más a que más indígenas que venían de la Sierra Tarahumara llegaran a esta zona.
Se espera que en los próximos meses se concrete la construcción de una planta potabilizadora manual / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
En esta misma época se construyó la escuela Primaria Bilingüe Mari-Sike, que en aquel entonces tenía aulas de madera donde cerca de 20 pequeños tomaban sus clases para salir de la estadística de rezago educativo y acceder al derecho de la educación.
Con los años llegaron más familias, más niños, más necesidades. La escuelita de madera fue creciendo. Se gestionó el agua, al principio por pipas y luego con mangueras desde tomas compartidas con la llegada del ex gobernador César Duarte Jáquez.
El drenaje era rudimentario, usando el arroyo, pero funcionaba. Se hicieron casas de adobe, muchas con apoyo de programas sociales. “Cuando vino César Duarte, apoyó con materiales. No todo fue malo de él”, comenta Memo con una media sonrisa.
La comunidad fue ganando terreno –literal y simbólicamente–. Para la década de los 2010 ya eran más de 100 familias. Hoy son más de 200. Se construyó una iglesia, escuelas, y finalmente un telebachillerato, para que sus jóvenes no tuvieran que salir para estudiar.
Actualmente más de 200 familias son las que habitan en el Asentamiento Indígenra de San Andrés / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Finalmente, el ultimo avance considerable inició el pasado 21 de febrero del año en curso, cuando la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) de Parral, encabezada por Arturo Gaytán Ornelas, quien se coordinó con el alcalde de Parral Salvador Calderón Aguirre, para conectar a la red de drenaje a este poblado donde prevalece actualmente una fosa séptica.
Además la instalación de agua se mejorará ya que se colocarán tuberías de pvc que permitirán a las viviendas mejorar el acceso que tienen al recurso básico. Sumado a que se instaló una planta potabilizadora luego de que se detectaran bacterias en uno de los tinacos comunitarios.
Aunque la historia narrada por el representante de este asentamiento cuenta el desarrollo urbano, también plantea otra arista de la narrativa ya que explica que también se han ido perdido costumbres como la comunicación a través de la lengua indígena.
“Me preocupa que los jóvenes ya no hablen la lengua. Se está perdiendo. Y también hay alcohol, hay droga. Eso antes no se veía” declaró durante la entrevista que ofreció en exclusiva para El Sol de Parral.
A pesar de este lado de la historia, asegura en sus dichos que él no se cansa, incluso prevalece organizando talleres, salidas culturales y desfiles. “La cultura es mi riqueza. Viene de mis abuelos. No tengo otra cosa que heredarle a los míos”.
San Andrés no aparece en las bases de datos de herramientas como Google Maps, por lo que solo a pie y desde cerca se puede visualizar el modo de vivir de todas estas familias cuyos orígenes se han ido perdiendo con la llegada del desarrollo urbano que ha ido lento en comparación con los proyectos de vivienda que genera la iniciativa privada.