Quienes trabajan directamente con el fruto ofrecen una visión más cruda. La escasez no solo se mide en porcentajes, sino en rejas que ya no llegan, en litros de vino que dejaron de producirse, en clientes a quienes hubo que decirles “este año no hay”.
Elisa Martínez: la mitad de lo que solía cosechar
Asimismo, la productora también señaló que el precio se disparó: “el año pasado pagábamos 250 o 300 pesos por reja, este año hasta en 600 me la han ofrecido. Imagínese cómo sale uno a vender después.”
Mientras tanto, en los patios el aroma a fruta cocida se disuelve más rápido en el aire. En el molino, los costales esperan turno sin prisa. Las calles lucen apagadas, como si el pueblo entero sintiera el vacío de un fruto que no llegó.
Para Elisa, la escasez obligó a priorizar: dejó de elaborar vino de membrillo para aprovechar cada kilo en productos con mayor demanda. “El vino no lo voy a hacer. Prefiero hacer cajeta porque se aprovecha todo el fruto. En el vino se desperdicia mucho, y ahorita no se puede.”
Ernesto Herrera: “Antes molía el doble, ahora ni la mitad”
El molino, que solía ser el corazón de la temporada, hoy opera a medias.“Las ventas bajaron la mitad o más. Está muy flojo. Necesitan traer membrillo de otro lado, pero ni así alcanza. El Río ha dejado de llevar el agua a las huertas”
María Luisa Hernández: de 60 rejas a comprar fuera de Allende
María Luisa Hernández recuerda con nostalgia cuando un productor local le surtía hasta 60 rejas en cada temporada. Este año, simplemente le dijo: “No hay, búsquele por otro lado”.
“He tenido que comprar hasta en Balleza. Y carísimo: el año pasado la reja costaba 250, ahora anda en 350, 400 y hasta 500 pesos. Es consecuencia de la sequía, de que no hubo agua para regar los árboles.”
María Luisa también resalta el valor histórico del membrillo en la región: “Antes mi mamá me contaba que la cajeta de membrillo se hacía para regalar a la familia. Ahora ya todo es comercio, es el sustento de muchos hogares. Por eso la falta de producción nos golpea tanto.”
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Producción de membrillo pasó de 225 toneladas por temporada a sólo 30 en los últimos seis años / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
El cultivo de membrillo en el municipio de Allende, principal productor de este fruto en Chihuahua pasó de 225 toneladas por temporada a sólo 30 en los últimos seis años, según datos de la Sader y los agricultores locales atribuyen este fenómeno a que el caudal del río Valle Allende no alcanza a llegar a todas las parcelas porque hay desvíos y acaparamientos, además de que algunos productores decidieron apostarle a la siembra de nogales en busca de mayores ganancias.
El paisaje lo confirma: los molinos que en otros años se abarrotaban de largas filas de productores, hoy lucen semivacíos. Las rejas de membrillo que antes circulaban con facilidad, ahora son buscadas en otras regiones como Durango o Balleza. El fruto escasea, y con ello se tambalean economías familiares que dependen de él.
En Allende, las calles huelen distinto cuando llega la temporada del membrillo. El aire suele mezclarse con ese perfume dulce que sale de los patios donde las mujeres remueven la cajeta con palas de madera, mientras los molinos zumban sin descanso moliendo el fruto que ha dado sustento por generaciones. Pero este año, algo cambió. Las calles están silenciosas, el aroma es escaso, y el molino, que antes era el corazón que marcaba el pulso del pueblo, hoy late con dificultad.
El municipio, conocido durante décadas por ser el corazón de la producción de membrillo en Chihuahua, atraviesa por una crisis agrícola. La causa principal, según el delegado de Sader, Benjamín Carrera, es la falta de agua en el río que abastece las parcelas de membrillo. “Este año el río prácticamente no salió, y eso ha afectado directamente los huertos”, explicó en entrevista. “El membrillo es un cultivo que requiere humedad constante, pero el caudal ya no llega hasta donde están las plantaciones.”
/ Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Conseguir membrillo se ha convertido en una travesía. Los productores de cajeta, acostumbrados a recibir rejas completas del fruto recién bajado del árbol, ahora recorren caminos de terracería hacia comunidades lejanas de Durango o Balleza, con la esperanza de encontrar aunque sea unas cuantas cajas. Ya no hay proveedores fijos ni cosechas abundantes. Lo que antes llegaba por toneladas, hoy se consigue en pequeñas porciones, casi a escondidas, casi con culpa.
El membrillo, árbol originario de la región del Cáucaso, ha formado parte de la identidad productiva y cultural de Allende desde hace décadas. Su fruto, aunque astringente y duro, es base para la elaboración de ate, cajeta y mermeladas artesanales que antes generaban ingresos constantes a decenas de familias. Sin embargo, hoy esas tradiciones están amenazadas por la escasez de agua y la falta de políticas para su rescate.
En los registros históricos del SIAP, Allende figuraba como el principal y prácticamente único productor de membrillo en el estado. En 2010 contaba con 72 hectáreas sembradas y una producción de 1,317 toneladas. Para 2015, la superficie se redujo a 35 hectáreas y la producción bajó a 455 toneladas. Cuatro años más tarde, en 2019, sólo quedaban 15 hectáreas y 225 toneladas. Este 2025, con apenas 30 toneladas, la actividad se encuentra al borde de la desaparición.
Carrera explicó que la situación se agrava porque el membrillero no es un cultivo de ciclo corto, como el maíz o el frijol, lo que impide una recuperación rápida. “Es un árbol que tarda años en dar fruto. Aunque este año hubo buenas lluvias, el efecto se verá hasta el próximo ciclo agrícola. Algunos árboles se van a recuperar, pero otros ya no resistieron”, afirmó.
El impacto económico también ha sido notorio. Actualmente, los productores reciben alrededor de 20 pesos por kilo de fruto fresco, mientras que la cajeta de membrillo se vende entre 110 y 120 pesos por kilo, pero con tan poca materia prima, muchos talleres artesanales han reducido su producción o dependen de fruta comprada fuera del municipio.
Alberto Montes, director de Comunicación Social de Allende, reconoce que la sequía de los últimos años obligó a muchos productores a arrancar sus huertas de membrillo: “La producción bajó tanto en El Valle como en Pueblito de Allende, que son las principales comunidades donde se cultiva. Sí bajó alrededor de un 35%. Y ahorita sí está muy escaso. Antes veíamos filas largas en los molinos, ahora ya no se ve tanto.”
/ Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
El funcionario admite que no hay un registro exacto de hectáreas sembradas, pero calcula que alrededor de 50 pequeños y medianos productores participan en esta actividad. En Allende, la nuez ocupa el primer lugar en importancia agrícola, pero el membrillo es considerado el segundo cultivo más relevante por su impacto económico y cultural.
El membrillo es, después de la nuez, el cultivo más importante de Allende. No solo por la tierra que ocupa, sino por todo lo que genera a su alrededor. Pocas personas venden el fruto como tal: la mayoría lo transforma. En cajeta, en jalea, en vino, en licor. Cada frasco, cada caja, cada botella que sale del municipio representa ingresos, trabajo y orgullo. Es una economía artesanal que se ha mantenido viva durante décadas, heredada de padres a hijos.
Elisa Martínez, productora del Valle de Allende, recuerda que el año pasado procesó media tonelada de membrillo. Este año apenas alcanzó 200 o 250 kilos: “Muy apenas si tengo eso. Antes un proveedor nos traía toda la cosecha; ahora tengo que andar consiguiendo de dos cajitas aquí, otra por allá”
/ Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Y ese es otro golpe: el precio. Aunque el costo del membrillo se disparó hasta más del doble, los productores se resisten a encarecer el producto final. Saben que si lo hacen, perderán clientes, y entonces no venderán nada. Así que absorben las pérdidas, sacrifican ganancia, y confían en que la próxima cosecha sea mejor.
En el molino de Ernesto Herrera se siente con mayor claridad la caída de la producción: “Bajó el 50% o más. Antes en estas fechas molíamos todo el día, ahora el trabajo es muy poco. Muchos vienen a recalar aquí y no hay. Hasta el río se secó. Este año llovió algo, pero ya era tarde: la cosecha ya estaba perdida.”
/ Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Y ahí está el origen de todo: el río. Ese río que durante años fue la fuente de vida para las huertas del Valle y el Pueblito de Allende, hoy apenas arrastra un hilo de agua cansado, casi simbólico. La sequía que golpeó en años recientes dejó una herida profunda. Este 2025 llovió, sí, pero las lluvias no alcanzaron a revivir la corriente. Los árboles no recuperaron la fuerza, y los productores, sin agua con qué regar, vieron secarse las ramas donde antes pendían los membrillos como soles pequeños.
La esperanza, como siempre, está puesta en el cielo. En que el próximo año llueva a tiempo, en que el río vuelva a correr y el membrillo florezca de nuevo. Porque si algo ha demostrado Allende es que sabe resistir. Y aunque este año el molino calle, la tradición del membrillo sigue viva en la memoria de quienes lo han trabajado toda su vida, esperando que pronto vuelva el zumbido constante, las risas, las filas, y el dulce aroma que anuncia que el río ha vuelto a cantar.
Aunque en la mesa el membrillo suele llegar transformado en cajeta o jalea, detrás hay una red de productores, molineros, comerciantes y familias enteras que dependen de su cultivo. La escasez no solo encarece el producto, también limita la posibilidad de cumplir con pedidos y sostener clientelas que, en algunos casos, se remontan a generaciones.
El aumento de precios refleja la gravedad del problema: en un solo año, la reja pasó de 250 pesos a un rango de entre 400 y 600 pesos, según los testimonios. Y mientras los costos de producción suben, muchos vendedores mantienen los precios del año pasado para no perder clientes, lo que reduce aún más sus márgenes de ganancia.
Los productores coinciden en que el agua será la clave para revertir la crisis. La lluvia de este año llegó tarde, pero podría beneficiar la cosecha de 2026. Sin embargo, el daño ya está hecho: árboles secos y un fruto que, de no recuperarse, amenaza con desaparecer de muchas cocinas y mercados locales. Además de que tienen la sospecha que el vital liquido está siendo acaparado en las partes mas altas del río y no dejan que llegue el caudal hasta los huertos, lo que sin duda, complicó aún más la situación y los obligó a optar por otras alternativas.
El membrillo, ese fruto áspero al tacto y perfumado al cocinarse, resiste. Resisten también sus productores, que no bajan los brazos pese a la adversidad. La tradición del membrillo en Allende es fuerte, pero hoy atraviesa uno de sus momentos más difíciles.
Mientras tanto, en Allende, los pocos huertos que sobreviven resisten gracias a la tenacidad de sus dueños y a un clima que, aunque impredecible, aún da pequeños respiros. En cada fruto amarillo que logra madurar, los productores ven no sólo una fuente de ingreso, sino también un símbolo de resistencia y de amor por la tierra que durante siglos ha dado identidad a la región.