Sin JMAS más de la mitad de municipios en Chihuahua; trabaja JCAS para cubrir rezago
La JCAS admite que la ausencia de organismos operadores y los ciclos políticos de tres años han frenado inversiones en agua y drenaje; asimismo anuncian nuevas juntas
En el caso del estado de Chihuahua, existe un modelo operativo que consistió en la formación de organismos operativos que se encargarían de realizar acciones para mejorar y llevar el servicio para la población.
En 1942 se crea la Junta Central de Aguas y Saneamiento en Chihuahua buscando combatir el rezago
“En 1942 se decreta la creación de la Junta Central de Aguas y Saneamiento en Chihuahua…El servicio de agua, por principio, corresponde al municipio; así lo reconoce luego el artículo 115 constitucional.”
De acuerdo con lo detallado en la historia que ofreció para este medio, la creación de la Junta se debió a las dificultades que enfrentaban los municipios para proporcionar el servicio de agua por sí mismos.
“Los gobiernos municipales enfrentan limitaciones estructurales para brindar agua con la calidad que exige la ciudadanía…Los periodos de tres años y los tiempos políticos consumen buena parte de la gestión municipal”.
“El modelo estatal surge como respuesta práctica a esas limitaciones municipales”, recalcó durante la entrevista exclusiva que ofreció Mario Mata para El Sol de Parral.
Han pasado 80 años y más de la mitad de municipios de Chihuahua no cuentan con un organismo operativo
Además, la lista se completa con: Namiquipa, Nonoava, Ocampo, Riva Palacio, Rosario, San Francisco de Borja, San Francisco de Conchos, Satevó, Temósachic, Urique, Uruachi y Valle de Zaragoza.
Vivir a cubetazos: la sed cotidiana en El Tambarillo
El almacenamiento también se inventa: “Yo tengo un tinaco mío pero agarré dos que son de mi hermano que se fue a vivir a otro lado”, explica. En el lomo negro de los tinacos el sol escribe su propia marca.
Sigue rezago en servicios básicos debido a que el avance depende de decisiones políticas
Mata Carrasco consideró que en los poblados donde el servicio de agua es operado por los municipios, prevalece el rezago debido a que dependen de decisiones políticas.
“Cuando la tarifa depende de la lógica electoral, los organismos acaban con dificultades… Operar las juntas desde los ayuntamientos complica; trasladarlas a un organismo estatal facilitaría la gestión”, consideró.
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La legisladora adelantó que en próximas semanas presentaría, en conjunto con varias distribuidoras de vales, una propuesta para reformar el Código Penal para tipificar el tipo de fraude que se comete con ellas
Las aportaciones recaudadas a través del Consejo Municipal de Estacionómetros se destinan a apoyos como aparatos auditivos, lentes y boletos de transporte para personas en situación de vulnerabilidad
Varios municipios carecen de organismos operadores de agua y drenaje; la JCAS anunció acciones para reducir el rezago / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Mas de la mitad de los 67 municipios de Chihuahua no cuentan con un organismo operativo del agua, sobre todo en la Sierra Tarahumara donde se carece de capacidad técnica para ofrecer servicios de agua potable y drenaje como ocurre en Batopilas donde más del 70% de las viviendas no están conectadas a una red de alcantarillado. Ante esto, Mario Mata, director ejecutivo de la JCAS, dijo que trabajan para cubrir el rezago y adelantó que están por crearse dos nuevas juntas.
En el estado de Chihuahua prevalece un rezago en la cobertura de agua potable y drenaje que afecta principalmente en municipios rurales de difícil acceso, donde las administraciones locales deben de encargarse de estos servicios tal como lo establece la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Mario Mata Carrasco director ejecutivo de la Junta Central de Agua y Saneamiento (JCAS) relató que el director ejecutivo de la JCAS en el año 1942, don Alfredo Chávez Amparán gobernador del Estado de Chihuahua, en aquel entonces, emitió un decreto para formar la Junta Central de Aguas y Saneamiento del Estado de Chihuahua.
Mata Carrasco explicó que el gobernador reconocía que la autoridad primaria para otorgar este servicio debía ser el municipio, como posteriormente se plasmaría en el artículo 115 constitucional, fracción primera.
Sin embargo, desde aquel entonces, los municipios cuentan con muchos problemas para dar el servicio de agua debido a la brevedad de sus periodos de gobierno 3 años, los cuales se veían reducidos por las elecciones y los tiempos políticos.
Los municipios enfrentan dificultades para garantizar el servicio de agua debido a lo corto de sus periodos de gobierno / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
A más de 80 años de que se generó el acuerdo, más de la mitad de los municipios del estado de Chihuahua no cuentan con un organismo, siendo estos los que presentan los problemas más graves, citados principalmente en la Sierra Tarahumara.
Entre los poblados que no cuentan con juntas de agua, pueden mencionarse los municipios de: Bachíniva, Batopilas, Bocoyna, Carichí, Chínipas, Coronado, Coyame del Sotol, Cusihuiriachi, Dr. Belisario Domínguez, El Tule, Galeana y Gómez Farías.
También la información oficial refiere que carecen de este organismo, otras demarcaciones como: Guadalupe y Calvo, Guazapares, Huejotitán, Janos, Julimes, La Cruz, Maguarichi, Manuel Benavides, Matachí, Morelos y Moris.
En estos poblados, los estudios del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) revelan que hay casos como los de la Sierra Tarahumara donde prevalece el rezago mayor en materia de agua potable y drenaje.
A más de 80 años de que se generó el acuerdo, más de la mitad de los municipios del estado de Chihuahua no cuentan con un organismo, siendo estos los que presentan los problemas más graves / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Por ejemplo, Batopilas tiene un total de 2 mil 825 viviendas, de las cuales 2 mil 143 no cuentan con accesos al drenaje, que representa el 77% de las casas: Una situación similar que se vive en Guadalupe y Calvo donde se cuenta con un total de 12 mil 232 casas de las cuales 6 mil 188 no tienen este servicio y recurren a letrinas.
María Elena Jabalera Navarrete, habitante de la comunidad de El Tambarillo, Guadalupe y Calvo ofreció una entrevista exclusiva para El Sol de Parral donde brindó su testimonio como habitante afectada por el rezago en la cobertura.
El camino a El Tambarillo es una hilera de curvas que se deshacen en polvo que se pierde entre el viento que pega en las orillas de la Sierra Tarahumara. A seis horas de la cabecera municipal, la vida se organiza alrededor de un bien que aquí nunca está garantizado: el agua.
María Elena Jabalera Navarrete nos contacta desde el patio de tierra apisonada. Del techo cuelga una manguera que serpentea hasta perderse entre los pinos que vienen del monte: “Pues por medio de manguera de los arroyos”, responde luego de que se le cuestionara como se abastece.
Narró que ese es su sistema de abastecimiento; una tira de plástico conectada a la corriente más cercana, improvisada y frágil, siempre a merced de la temporada, la fuerza del cauce y hasta de condiciones como incendios que afectan a esta zona del estado.
Revela que al igual que otras viviendas de este poblado, su casa no tiene drenaje. “Tenemos letrinas”, contó durante su intervención para este medio, como quien repite los resultados obvios de la tabla del uno.
Sus palabras caen sin dramatismo, con la naturalidad de lo aprendido a fuerza de necesidad, la ducha es un lujo que se arma a pulso: “Y para bañarnos con cubeta”, remata, en el agregado que declaró en su intervención.
En El Tambarillo, Guadalupe y Calvo, las familias sobreviven conectando mangueras a arroyos y almacenando agua en tinacos prestados / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Esos depósitos, son el banco de agua de la familia: se llenan cuando el arroyo permite y se vacían con la misma rapidez cuando la semana se alarga: “Por el momento en los arroyos están cerca”, dice María Elena, a sabiendas que depende de muchos factores.
En El Tambarillo, la distancia no se mide en kilómetros, sino en horas y pendientes: Para llegar al servicio médico, a la escuela mayor, a la ventanilla donde se gestionan apoyos, el viaje consume un día entero.
El agua, en cambio, demanda atención cada jornada. Hay que vigilar la manguera, destaparla cuando las hojas o la tierra la tapan, moverla si la corriente cambia, caminar hasta el ojo del arroyo cuando flaquea. Y si una creciente se la lleva, hay que empezar todo eso de nuevo.
Las letrinas son un mapa íntimo de carencias. Están al fondo del solar, a una distancia prudente de la cocina y los cuartos. Cuando llueve demasiado, el suelo se ablanda; cuando no llueve, el calor se instala.
Mientras muchos tienen normalizado bajarle a la taza del baño, en esta zona de Chihuahua, no hay alcantarillas que se lleven las aguas residuales ni tuberías que las conduzcan a otra parte. Todo sucede ahí, a la vista de quien vive y resuelve.
En su intervención María Elena no buscó el lamento, su tono es de inventario, como alguien que repasa lo han hecho para no quedarse sin agua: Desde guardar garrafas para los días flacos, reforzar con piedras la salida del arroyo, coordinarse con los vecinos para que nadie “jale” de más por la misma manguera. Esa organización mínima —turnos informales, avisos de voz en voz— es la red que sostiene a varias casas del caserío.
La postal de este poblado contrasta con la realidad en las urbes; donde solo se abre una llave y ya. Pero en zonas como El Tamborillo, las válvulas son otras; ahí el agua es del camino que a veces queda cortado, de la lluvia que decide si habrá lavado o si toca limpiar con trapo húmedo y la del arroyo que manda sobre la cocina, el baño y la siesta.
Sin drenaje y con baños de letrina, comunidades serranas enfrentan día a día la falta de agua potable / Foto: Javier Cruz / El Sol de Parral
Mientras tanto, la palabra “rezago” suena grande y lejana en las ciudades, como si viniera de oficinas donde el agua es un botón al alcance de todos. En las casas de familias como la de María Elena, esa palabra se traduce en cargar, acarrear, almacenar, vigilar.
En la entrevista con El Sol de Parral, la vecina de El Tambarillo no buscó cifras ni culpables; solo ofreció un retrato nítido de lo que falta en su pueblo: “Por el momento en los arroyos están cerca”, repite, y uno entiende que el verano se decide si hay o no agua.
Indicó que luchan por cobrar tarifas justas que cubran la inflación, costos de materiales y tecnología. Además de que las obras de agua no son políticamente populares“al ser subterráneas e invisibles”.
Al respecto, Mata Carrasco dijo lo siguiente: “Cobrar una tarifa justa de agua no es popular, pero es necesario… La tarifa debe ir a la par de la inflación —o incluso por encima— porque nuestros costos crecen más rápido.”
El director de la JCAS destacó que los periodos de las administraciones municipales son cortos, lo que dificulta la intervención efectiva en la atención de los problemas que prevalecen en estos poblados con rezago.
“Las obras de agua no lucen: son enterradas; lo que sí se ve es la falta de agua…Para un presidente municipal es difícil por su cercanía con la gente y por lo corto de su periodo”, expuso durante la intervención pública que tuvo para este medio.
Explicó que estos municipios no han transferido la responsabilidad del agua potable y el drenaje al estado que opera con una junta central que tiene presencia en los poblados con más habitantes.
De la misma manera, el titular de la JCAS dijo que en el organismo central están abiertos para que más municipios se integren al esquema de juntas que opera en la mitad de los municipios de Chihuahua.