Taxis en Parral: entre la prórroga del Tsuru y la incertidumbre eléctrica
El FUTV confirma que 70 unidades pendientes de renovación seguirán circulando gracias a una extensión estatal, mientras el gremio enfrenta tarifas congeladas desde 2014
A pesar de este rezago, la ciudad ya comienza a ver los primeros pasos hacia la transición energética. Tres taxis eléctricos circulan actualmente en Parral, dos pertenecientes al sitio Centenario y uno más operado por un concesionario independiente.
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Pese al ingreso de las primeras tres unidades eléctricas a la ciudad, decenas de taxis antiguos continúan operando bajo prórroga / Foto: Luis Murillo / El Sol de Parral
En Parral, la modernización del transporte público avanza a un ritmo desigual. Aunque la regulación estatal establecía que en 2025 deberían retirarse definitivamente los taxis modelo antiguo, especialmente los tradicionales Tsuru 2017 que dominaban las calles desde hace décadas, estos vehículos siguen circulando gracias a una prórroga que el Gobierno del Estado otorgó este año. La extensión temporal alivió a decenas de concesionarios que no lograron sustituir sus unidades a tiempo, pero también abrió un nuevo debate sobre el futuro del servicio, los costos operativos y la urgencia de una tarifa que lleva más de diez años sin actualizarse.
El secretario general del Frente Único de Trabajadores del Volante (FUTV), Francisco Chávez, explicó en una entrevista exclusiva para este medio que el acuerdo con el estado les permitió operar durante 2024 y 2025 con vehículos que ya habían rebasado el límite de años permitido.
“El gobierno tiene la obligación de darnos prórroga y ya nos dio este año; por eso esto no se acaba en 2025”, afirma. Según sus cálculos, unas 30 unidades todavía deben renovarse antes de que termine 2025, cuando oficialmente iniciará un proceso más estricto de regularización.
El rezago no es exclusivo del FUTV: en toda la ciudad, entre todos los gremios, la cifra llega a aproximadamente 70 taxis pendientes de renovación. Pero en el caso del FUTV, el porcentaje es especialmente significativo porque se trata de un sector que históricamente absorbió los costos de operación sin un acompañamiento tarifario adecuado.
Chávez reconoce que muchos de sus compañeros han cambiado vehículos en los últimos años, pero no todos han podido sostener el ritmo que marca la regulación estatal.“Ustedes mismos lo han visto, ya son menos los carros viejos, pero todavía quedan algunos”, admite.
Se trata de una novedad que, aunque atrae curiosidad y genera conversación, todavía no convence del todo a los taxistas tradicionales. “Apenas los metieron, no sabemos si van a ser costeables”, comenta Chávez. “Para el medio ambiente está bien, pero para trabajar como taxi… no sabemos todavía”.
El dirigente reconoce que la electricidad es más barata que la gasolina, pero advierte que los costos de refacciones, garantías, baterías y centros de carga aún no están claros para quienes dependen diariamente del volante. “Apenas pusieron un lugar para cargarlos, pero cada quien decide si mete un carro nuevo. Ya depende de cada concesionario”, añade.
Mientras tanto, la incertidumbre crece respecto a lo que ocurrirá en 2026. Hasta ahora, el Gobierno del Estado no ha confirmado qué modelos ni qué años serán permitidos, lo que deja a los sindicatos en un escenario ambiguo: deben planear inversiones sin conocer las reglas finales del juego. “Todavía no nos arrimamos; estamos en noviembre. En diciembre o enero veremos qué años–modelo nos van a dejar”, señala Chávez.
Pero quizá el tema que más pesa sobre la mesa es el mismo que arrastra al sector desde hace más de una década: la tarifa oficial del taxi no se actualiza desde 2014. Aunque en la práctica los usuarios pagan más —viajes de 60 a 70 pesos que antes costaban 30 o 40—, lo cierto es que ese incremento no está regulado ni autorizado, sino que es un acuerdo no hablado entre los usuarios y los operadores del volante que brindan el servicio de traslado en la ciudad de Parral.
Los sindicatos no pueden modificarla por cuenta propia; la ley establece que es el gobierno quien debe hacerlo. Sin embargo, la respuesta ha sido nula. “Hemos estado insistiendo, pero no nos dan respuesta”, lamenta Chávez. La falta de actualización tarifaria es un factor que impacta directamente en el rezago vehicular. Los concesionarios tienen que renovar unidades que hoy cuestan tres o cuatro veces más que hace diez años, pero deben hacerlo sin un ajuste de ingresos proporcional. Mientras los urbanos recibieron una actualización este año, los taxis siguen esperando.
En este escenario híbrido —entre el Tsuru que se resiste a desaparecer y los taxis eléctricos que apenas se asoman— el transporte de Parral se mantiene en un punto medio, atrapado entre la necesidad de modernización y las limitaciones económicas.
Refirió que los próximos meses serán clave: en diciembre o enero se definirán los años–modelo permitidos, y con ello, el futuro inmediato de más de 70 unidades que deben ser sustituidas. El FUTV, por su parte, asegura que buscará unificarse con otras agrupaciones para tener más fuerza en la negociación.
“Nos vamos a tener que unir para empujar”, concluye Chávez. Y es que, mientras las reglas no se actualicen y las tarifas permanezcan congeladas, modernizar el servicio seguirá siendo un esfuerzo desigual, sostenido más por la voluntad individual de cada concesionario que por una política pública clara y justa.