Rosy Reyes
Esta Navidad será distinta para la familia Silva, debido a que por primera vez no estarán en su ranchito de Guadalupe y Calvo, ese lugar donde el olor a leña y los buñuelos recién hechos anunciaban la llegada de las fiestas decembrinas. Hoy, esos recuerdos son lo único que conservan después de haber salido huyendo para salvar sus vidas a causa de la violencia.
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La familia recuerda que fue a principios de febrero cuando, entre el miedo y la incertidumbre, tomaron la decisión más difícil de sus vidas, siendo el abandonar su hogar en una comunidad serrana, dejando atrás sus animales, sus cosechas y la casa que construyeron con años de esfuerzo.
“Allá, en aquel pueblito lejos de todo, se ven muchas cosas que nadie imagina. Por eso decidimos irnos y empezar una nueva vida”, cuentan con la voz entrecortada.
Mencionaron que el temor se volvió insostenible debido a los constantes enfrentamientos entre grupos delictivos que cada vez eran más frecuentes y la autoridad, dicen, parecía rebasada.
“Si la misma autoridad no puede con ellos, ¿qué podemos esperar nosotros? Incluso hemos sabido de ataques contra ellos”, relatan entre la nostalgia de lo que era su vida en la sierra.
Comentaron que que el miedo creció todavía más cuando comenzaron a ver drones sobrevolando arriba de los hogares de las familias . “Nosotros somos gente de rancho y no sabemos de esas cosas, pero entendíamos que eran manejados por los malos”, mencionan.
Con lo que llevaban puesto y la esperanza de salvaguardarse como único equipaje, la familia llegó a Parral buscando protección y una oportunidad para empezar de nuevo. Desde entonces han luchado por adaptarse, por encontrar trabajo y por mantener a salvo y unidos a sus cuatro hijos. “La vida aquí es muy diferente, el aroma de nuestra sierra no se encuentra, ni la calidez de las familias que quedaron allá”.
Ahora que se acerca la temporada navideña, la nostalgia los invade debido a que recuerdan como cada diciembre el aroma a leña envolvía las casitas del pueblo; cómo las puertas se iluminaban con luces sencillas y, también, épocas en que la familia se reunía para preparar buñuelitos y frijolitos para la cena.
Ahora, su realidad es distinta: una casa ajena, una ciudad que todavía no sienten suya y la añoranza constante de su tierra: “Extrañamos nuestro ranchito, nuestras tierra, ojalá algún día podamos regresar”, expresan.
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Finalmente, la familia Silva comentó que seguirá construyendo su nueva vida en Parral, aferrándose a la esperanza y a los recuerdos que mantienen vivo el lugar del que tuvieron que huir, pero que siguen llamando hogar.