En el ámbito del control de plagas, la zeolita ha demostrado ser un aliado inesperado. Su textura fina, casi pulverizada, actúa como una barrera física que afecta a insectos como el pulgón,reduciendo su movilidad y reproducción sin necesidad de químicos agresivos.
La exploración de Jesús Márquez
Gobierno Municipal le apostará a la investigación de este mineral
En un país donde los retos del campo se multiplican como las sequías, suelos erosionados, plagas resistentes y aumento de costos, la posibilidad de una alternativa natural y accesible cobra especial relevancia.
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La zeolita ha comenzado a transformar la agricultura y ganadería en Satevó de manera positiva. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Campesinos del municipio de Satevó han comenzado a aprovechar la zeolita para beneficio del campo de la región centro-sur del estado y de acuerdo conJesús Márquez, propietario de un rancho de 100 hectáreas donde se extrae dicho mineral, este además de funcionar como filtro natural que purifica el agua y el suelo, nutre las plantas, controla las plagas de pulgón y está siendo utilizado por ganaderos locales como suplemento alimenticio para sus animales en tiempos de crítica sequía.
En las extensas tierras agrícolas del municipio de Satevó, una región donde la vida del campo transcurre al ritmo del sol y del esfuerzo humano, un nuevo elemento ha comenzado a despertar interés entre productores, investigadores y habitantes. Se trata de la zeolita, un mineral que durante décadas permaneció como parte silenciosa del paisaje, oculto entre las rocas y los suelos áridos de la zona. Sin embargo, recientemente algunos campesinos han comenzado a mirarlo con otros ojos. Lo que antes se consideraba una simple piedra volcánica, hoy empieza a revelar propiedades capaces de transformar tantolos sistemas de cultivo como las prácticas tradicionales del campo chihuahuense.
La curiosidad científica y la necesidad de encontrar alternativas más naturales frente al deterioro del suelo, el cambio climático y la crisis de insumos agrícolas han llevado a productores como Jesús Socorro Márquez a reconsiderar este mineral. En un contexto donde los fertilizantes se encarecen, el agua escasea y las plagas se vuelven más resistentes, la idea de una opción ecológica y local adquiere un valor especial. La zeolita se ha convertido así en un tema de conversación entre agricultores, apicultores e incluso entre personas interesadas en la salud humana, pues se le atribuyen beneficios que van desde la purificación del agua hasta la absorción de metales pesados.
La zeolita es un mineral que se formó ante la interacción de la ceniza volcánica, polvo y agua. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Aunque su uso no es nuevo a nivel mundial, en México todavía es un campo de exploración. La aparición de testimonios locales como el de Márquez permite abrir la puerta a nuevas investigaciones y a preguntas fundamentales: ¿qué tanto puede influir un mineral natural en la producción agrícola?, ¿qué papel puede jugar en la recuperación del suelo?, ¿y por qué ahora empieza a llamar tanto la atención? En esta historia, la ciencia, la tradición y la intuición campesina se entrelazan para revelar un fenómeno que empieza a tomar fuerza en Satevó y que, poco a poco, podría extenderse a otras regiones del país.
La zeolita es un mineral de origen volcánico formado a partir de la interacción entre lava, ceniza y agua durante millones de años. Su estructura interna, compuesta por canales microscópicos y cavidades capaces de atrapar moléculas, la convierte en un material sumamente versátil. A simple vista puede parecer una roca porosa de tonos claros, pero científicamente es mucho más: un complejo entramado cristalino con propiedades de intercambio iónico que le permiten absorber, filtrar y retener sustancias químicas sin perder su estabilidad.
De acuerdo con análisis realizados tanto en laboratorios de Canadá como por especialistas de la UNAM, este mineral contiene más de 30 elementos naturales esenciales para el equilibrio del suelo y de los organismos vivos. Entre ellos destacan el calcio, el magnesio, el potasio, el hierro y el zinc, nutrientes que comúnmente se buscan en fertilizantes comerciales. La diferencia es que, en el caso de la zeolita, todos estos componentes se encuentran en su forma natural, dentro de un material capaz de liberar lentamente sus beneficios según las necesidades del entorno.
Una de sus características más señaladas es su capacidad para purificar el agua. La zeolita puede atrapar partículas nocivas, metales pesados, sales y toxinas, lo que la convierte en un filtro natural. En el campo agrícola, esto se traduce en un suelo más limpio y en cultivos que absorben únicamente los nutrientes necesarios. Además, estudios y experiencias prácticas indican que su uso mejora la retención de humedad, algo crucial en regiones áridas como Satevó, donde cada gota de agua vale oro.
Los componentes de este mineral producen bienestar no solo en la agricultura, sino también en la salud humana. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
También existe un creciente interés en sus posibles aplicaciones en la salud humana. Se ha difundido la idea de que la zeolita,gracias a su estructura porosa, puede absorber radiaciones y metales pesados presentes en el cuerpo. Aunque todavía se requieren más investigaciones científicas para afirmarlo con total certeza, el tema ya forma parte de conversaciones en sectores dedicados al bienestar, la apicultura y la medicina alternativa. Su carácter natural, accesible y económico hace que muchos quieran conocer más sobre sus beneficios potenciales.
Jesús Socorro Márquez comenzó como suelen empezar muchas cosas en el campo: con una intuición. Como productor, ha visto cómo las condiciones climáticas han cambiado, cómo el suelo se desgasta y cómo cada año los costos de producción se elevan sin que aumente la calidad de los cultivos. En medio de esa búsqueda por alternativas menos costosas y más sustentables, escuchó hablar de un mineral que algunos agricultores del noroeste habían comenzado a utilizar con buenos resultados. Ese mineral era la zeolita.
Fue así como inició su propia exploración en terrenos de Satevó, donde sabía que existían formaciones rocosas antiguas. Su sorpresa fue grande cuando, con el apoyo de pruebas enviadas a laboratorios en Canadá y a especialistas de la UNAM, descubrió que la zeolita local no solo era apta para usos agrícolas, sino que presentaba una riqueza mineral superior a la que esperaba. Para Márquez, esto confirmó que tenía frente a él un recurso valioso, subutilizado y, sobre todo, disponible en su propia tierra.
Uno de los beneficios de la zeolita en la agricultura es que las plantas conservan más tiempo la humedad así como la disminución de plagas. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Decidió entonces comenzar a aplicar pequeñas cantidades en sus cultivos, primero como experimento. Observó que el suelo se mantenía más suelto, que las plantas conservaban humedad por más tiempo y que la presencia de ciertas plagas disminuía de manera natural. Ese primer año fue suficiente para entender que estaba frente a una herramienta poderosa, algo que podía cambiar la forma en que el campo de Satevó enfrentaba los desafíos modernos.
Pero su interés no se detuvo allí. Márquez empezó a compartir sus resultados con otros agricultores y apicultores de Chihuahua, Durango, Sonora y otros estados. Comenzó a distribuir pequeñas cantidades, explicando cómo aplicarla al suelo, al agua de riego e incluso en los alrededores de los apiarios para mejorar la salud de las colonias de abejas. La respuesta fue inmediata: productores que buscaban opciones ecológicas encontraron en este mineral una alternativa económica y local.
Con el paso del tiempo, su labor adquirió un matiz casi pedagógico. Más que vender un producto, Márquez se convirtió en un promotor de prácticas sustentables. En ferias agrícolas, reuniones ejidales y encuentros entre productores, relata cómo la zeolita puede reducir la dependencia de agroquímicos, mejorar la productividad e incluso aportar beneficios más allá del campo, tanto en la salud animal como en la humana. Su historia refleja la fuerza del conocimiento campesino, ese que nace de la experiencia directa con la tierra y que, aunque a veces es subestimado, sigue siendo esencial para entender los ritmos y necesidades del territorio.
De acuerdo con Norma Muñoz Anchondo, la presidenta de Satevó, el municipio está interesado en darle seguimiento a los estudios hechos hacia la zeolita, y anunció que para el 2026 presentará proyectos en torno a este mineral que permitan expandir su beneficio a demás agricultores de la región que de igual forma se ven afectados por la sequía.
Para el 2026 se presentarán proyectos en torno a este mineral que permitan expandir su beneficio. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
La exploración y el aprovechamiento de la zeolita en Satevó apenas empiezan. Aunque todavía falta profundizar en estudios científicos y delimitar sus aplicaciones con rigor académico, la experiencia de Jesús Socorro Márquez muestra que la innovación no siempre viene de grandes laboratorios; a veces surge de la observación cotidiana y de la relación profunda que los campesinos mantienen con su entorno. La zeolita, ese mineral silencioso que permaneció durante años bajo los pies de quienes trabajan la tierra, hoy parece abrir una oportunidad para transformar las prácticas agrícolas, hacerlas más sustentables y menos dependientes de insumos externos.
La zeolita, con su compleja estructura mineral y su sorprendente utilidad, se ha convertido en un símbolo de lo que el conocimiento local puede lograr cuando se combina con curiosidad y voluntad de cambio. Y mientras más agricultores se interesen en su uso, más posibilidades habrá de abrir un camino hacia un modelo de producción queno solo responda a las necesidades actuales, sino que también honre la sabiduría ancestral que siempre ha guiado al campo mexicano: aprender de la tierra, escucharla y aprovechar, con respeto, todo lo que tiene para ofrecer de la zona. Sin embargo, recientemente algunos campesinos han comenzado a mirarlo con otros ojos. Lo que antes se consideraba una simple piedra volcánica, hoy empieza a revelar propiedades capaces de transformar tanto los sistemas de cultivo como las prácticas tradicionales del campo chihuahuense.