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Burbujas glamping, cabañas y una capilla de madera conviven entre pinos y cielos limpios de la Sierra Tarahumara. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
En el punto conocido como Casas Quemadas, lugar que vio nacer al municipio de Guachochi, la oferta de hospedaje turístico se está revolucionando con la instalación de “burbujas glamping”, que son tiendas de campaña trasparentes en cuyo interior hay comodidades similares a una habitación de hotel, pero que permite al visitante disfrutar de la naturaleza, así como de los cielos de la Sierra Tarahumara, según destacó el promotor cultural Jesús El Chapo López.
Casas Quemadas no es un punto cualquiera del mapa. Fue aquí donde, en sus inicios, se asentó el municipio de Guachochi, debido a que el área donde hoy se ubica la cabecera municipal era entonces una zona pantanosa. Con el paso de los años y el crecimiento de la población, este sitio nunca perdió su valor histórico ni su conexión con el origen del municipio. Hoy, ese pasado se entrelaza con una nueva etapa marcada por el turismo de experiencia y el contacto directo con la naturaleza, siendo conocido ahora como Mountain View.
Llegar a Mountain View no es solo un traslado, es una transición, debido a que desde el anuncio que marca el inicio del camino, el entorno comienza a transformarse. La carretera se interna entre pinos gigantes, tan altos que obligan a levantar la vista, y el aire cambia de inmediato: es más frío, más limpio, con ese aroma profundo a madera y resina que solo existe en la sierra.
Conforme se avanza, el paisaje se vuelve más silencioso. Los sonidos se reducen de la cabecera municipal. A lo lejos, aparecen las primeras cabañas. La Unión es la primera en mostrarse, discreta, como si diera la bienvenida sin palabras. Más adelante surge El Pocito, confirmando que el recorrido apenas comienza.
Cada tramo del camino acerca un poco más al corazón del lugar. Entonces, entre los árboles, algo rompe con lo esperado: una estructura transparente que refleja el cielo y los pinos que la rodean. La burbuja glamping no destaca por tamaño, sino por su contraste. Es distinta, pero no ajena; parece colocada ahí para observar, no para imponerse.
Para llegar a ella, el recorrido obliga a subir por un escalerado de madera, un acceso rústico que se eleva ligeramente sobre el terreno y marca la transición entre el camino y la zona de hospedaje. Cada peldaño refuerza la idea de ascenso hacia un espacio distinto, más íntimo y silencioso. Desde su interior, el visitante puede observar cómo la noche cae lentamente sobre la sierra, cómo el cielo se llena de estrellas y cómo el silencio se vuelve protagonista. No hay muros que rompan la vista, solo una delgada capa que protege del frío y del viento.
"Una escalera a un paraíso", este es uno de los recorridos más emocionantes previo a maravillosas vistas. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
El paisaje que se puede disfrutar esta además compuesto por pinos altos, y un cielo limpio que marca lo majestuoso de este espacio, resaltando la experiencia de descansar en medio de la naturaleza, bajo los cielos de la sierra.
El promotor turístico Jesús El Chapo López señaló que el proyecto nació hace varios años, impulsado por la necesidad de mostrar Guachochi desde otra perspectiva. “La idea fue crear un espacio donde la gente pudiera conectar con la naturaleza y con la historia del lugar”, explicó. El desarrollo se ha realizado de forma gradual, cuidando cada detalle para no alterar el entorno que lo rodea.
El complejo se complementa con cabañas diseñadas de forma distinta, cada una con su propio estilo, diseño y arquitectura, creadas para experiencias únicas según el estilo de viaje que busquen los turistas.
“He trabajado arduamente en este proyecto, con la finalidad de que quien visite este espacio pueda observar la belleza de los paisajes que nos brinda la Sierra Tarahumara, cada cabaña converge de manera perfecta con la naturaleza, logrando que cada detalle sea un escenario espectacular“.
Entre las cabañas se encuentra la Alpina, colocada sobre enormes rocas que dan una vista increíble, siendo un espacio romántico para dos, “es un diseño de en cuento que logra que las personas se desconecten por completo, ya que sus magias con destellos de luz hacen resplandecer el atardecer”, sostiene El Chapo.
Alpina, una de las cabañas más singulares edificada sobre enormes rocas. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
Además, Casas Quemadas, que lleva el nombre particular de cómo es conocida esta zona, se encuentra a cinco minutos del área, siendo un espacio exclusivo, en donde las familias pueden convivir y disfrutar al máximo de su estancia, enriquecidos por la naturaleza que los rodea.
La Unión como cabaña familiar con capacidad de hasta 26 personas y El Pocito con capacidad para seis personas, además también se encuentran El Potrero con vistas desde un balcón y ventanal. Cada una fue pensada con un diseño particular, lo que les da identidad propia, pero todas comparten el uso de materiales que se enlazan con la naturaleza, como la madera y la piedra.
Las cabañas están separadas entre sí, lo que garantiza privacidad y tranquilidad. Desde sus terrazas, la vista se abre hacia las montañas y los cambios de luz que marcan el paso del día. Al amanecer, la neblina baja lentamente; por la tarde, el sol pinta los cerros de tonos dorados; por la noche, la sierra se sumerge en un silencio profundo.
En el corazón del complejo se encuentra la capilla María Madre de Dios, un espacio que añade una dimensión espiritual a la experiencia. Fue construida completamente de madera, con un estilo rústico, la capilla parece surgir del bosque. Tiene capacidad para 60 personas sentadas, además de un espacio exterior que permite ampliar las celebraciones y ceremonias.
Además, recordó que la imagen de la Virgen de Guadalupe fue traída desde la ciudad de México y la Cruz de Jesucristo, fue elaborada de madera.“Quisimos ponerle algo representativo de nuestra Sierra Tarahumara, su cruz fue elaborada de madera, siendo más significativo”.
De igual forma expresó: “Esta capilla la hicimos para darle gracias a Dios por todo lo que nos ha brindado”, expresó López. Desde su apertura, el lugar ha sido escenario de bodas, XV años, bautizos y festejos de aniversarios, eventos que adquieren un significado distinto al realizarse en medio de la naturaleza, lejos del ruido urbano.
La bendición presencial del obispo de la Diócesis de la Tarahumara hizo más significativa esta capilla. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
El 1 de marzo de 2025, la capilla fue bendecida por el obispo de la Diócesis, un acontecimiento que dejó huella entre quienes estuvieron presentes. La visita del obispo, fue vista como un respaldo espiritual al proyecto y como un momento simbólico para este espacio que combina turismo, fe y tradición. “Fue una bendición que nos acompañara el obispo”, recordó el promotor cultural.
A un costado, el entorno se abre y revela una laguna, reflejando los pinos y el cielo, enmarcando aún más la armonía del lugar. Muy cerca de ella se encuentra un espacio dedicado a eventos, con pista y un área especial para músicos, diseñado para celebraciones que buscan integrarse al paisaje sin romper su esencia. Alrededor, los pinos permanecen firmes, el cielo se mantiene limpio y profundo, y el tiempo parece detenerse.
Actualmente, Mountain View mantiene abiertas sus reservaciones al público en general. No solo llegan turistas de distintas partes del país y del extranjero; también acuden habitantes de Guachochi y de comunidades cercanas, quienes encuentran un lugar para celebrar misas, cumplir promesas, agradecer o simplemente buscar un momento de tranquilidad.
Finalmente, Jesús El Chapo López invitó a los turistas a visitar los diferentes atractivos de Guachochi: “Conozcan y enamórense de Guachochi ya que es un municipio que no se agota en un solo paisaje, sino que se despliega en múltiples escenarios donde la naturaleza y la historia conviven de manera constante”.
Mountain View, una experiencia única en el corazón de la Sierra Tarahumara. / Foto: Rosy Reyes / El Sol de Parral
Uno de los sitios más representativos es la cascada de El Salto, donde el agua que cae desde 17 metros de altura y rompe el silencio del bosque con un sonido continuo. Alrededor, los pinos altos resguardan el lugar y un puente rojo, ya convertido en símbolo del municipio, conduce al mirador desde donde el paisaje se abre por completo. Para quienes buscan algo más que observar, el sitio ofrece tirolesas, una forma distinta de recorrer el entorno y sentir la altura desde otra perspectiva.
Pero El Salto es solo una parte del recorrido. Guachochi guarda otros escenarios que parecen inagotables: el Divisadero, la Barranca de la Sinforosa, Kokoyome, el Cañón del Jaguar, Pinabetes, el Lago de las Truchas, Werachi, entre muchos otros puntos que conectan barrancas profundas, bosques extensos y cuerpos de agua que reflejan el cielo serrano. Cada sitio tiene su propio ritmo, su propio silencio y su propia forma de sorprender.
López explica que la intención no es solo atraer visitantes, sino lograr que quienes llegan conozcan verdaderamente Guachochi. Que caminen sus senderos, que observen sus paisajes con calma y que comprendan la relación profunda que existe entre la tierra y su gente. “No se trata solo de venir a ver, sino de venir a entender”, señala.
Ese entendimiento también pasa por la cultura y las tradiciones de las comunidades que habitan el municipio en donde, los visitantes pueden conocer el trabajo artesanal que da identidad a la Sierra Tarahumara. Los trajes típicos, elaborados con dedicación y colores que reflejan la sierra.
A ellos se suman objetos hechos a mano y otras artesanías que muestran el talento y la herencia cultural que se transmite de generación en generación. Cada pieza cuenta una historia, no solo de quien la elaboró, sino del territorio al que pertenece.
Así, Guachochi se presenta como un destino completo: naturaleza imponente, experiencias turísticas innovadoras como Mountain View, sitios históricos y una cultura viva que no se exhibe, sino que se comparte. En este rincón de la Sierra Tarahumara, el visitante no solo recorre paisajes; se lleva consigo el recuerdo de un lugar donde el tiempo avanza distinto y donde cada camino conduce, inevitablemente, a la raíz de la sierra y de su gente.