Turismomartes, 10 de febrero de 2026
El cielo como ruta: así es volar la Sierra Tarahumara desde Guachochi
La aviación permite descubrir la Sierra Tarahumara desde una perspectiva que solo el cielo ofrece, entre barrancas, montañas y lagos
La aviación permite descubrir la Sierra Tarahumara desde una perspectiva que solo el cielo ofrece, entre barrancas, montañas y lagos

“Volar es una de las experiencias más maravillosas que existen”, dice el piloto Edgar Palma, mientras ajusta los últimos controles antes del despegue. Y basta observar la Sierra de Guachochi desde la cabina para entenderlo. El motor cobra vida, la pista queda atrás y, poco a poco, la tierra se empequeñece hasta convertirse en un mapa vivo de barrancas, cerros y lagos que solo el cielo permite comprender.
Cuando las ruedas dejan la pista, el paisaje comienza a transformarse. Abajo, la Sierra Tarahumara se abre como un lienzo infinito de verdes profundos, cañones imponentes y montañas que parecen tocar el cielo. Volar aquí no es solo un traslado: es un descubrimiento.
Al mando va Édgar Palma, piloto guachochense, heredero de una tradición familiar ligada a la aviación. Con la serenidad que dan los años en el aire, guía la avioneta por rincones que solo pueden apreciarse desde las alturas: la Silla del Gigante, el Cerro de la Ventana, el Cañón del Jaguar, la majestuosa Sinforosa. Más adelante, los reflejos del agua anuncian el Lago de las Truchas y el Lago de las Garzas, espejos naturales que contrastan con la rudeza del terreno.
“Volar es una de las experiencias más maravillosas que existen”, dice el piloto mientras la avioneta se desliza entre corrientes de aire. “Estar cerca de las nubes y del cielo es como estar cerca de Dios, aunque Él esté en todas partes”.
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Destaco que la experiencia resulta difícil de describir, debido a que no se trata solo de ver paisajes, sino de sentir la inmensidad, el silencio interrumpido por el motor, la pequeñez humana frente a la naturaleza. El piloto lo resume con una cifra contundente: apenas el 1% de la población mundial tiene la oportunidad de volar. “Hacerlo sobre la Sierra de Chihuahua convierte ese privilegio en algo inolvidable”.
Desde Guachochi, la experiencia aérea va más allá de los sobrevuelos locales. Existen rutas que conectan la sierra con el mar: vuelos a La Paz, Baja California; a San Carlos, Nuevo Guaymas, donde incluso se combina con paracaidismo; así como a destinos como Mazatlán, Puerto Vallarta y Los Cabos. Una propuesta turística que une montañas y océanos en un solo viaje.
Este impulso ha dado pie a una nueva forma de turismo: el turismo aéreo. Visitantes de Alemania, Rusia, Francia, además de turistas nacionales y locales, han encontrado en estos recorridos una manera distinta de conocer Guachochi. Los vuelos se realizan una o dos veces por semana, recorriendo barrancas, lagos, cascadas y comunidades como Kocoyome y Tónachi, en los límites entre Chihuahua y Durango.
La historia de la aviación en Guachochi no es reciente. Palma recuerda que desde las décadas de los sesenta y setenta, el aeropuerto tuvo un papel clave a nivel nacional. Desde aquí se trasladaban medicamentos, alimentos e incluso animales, convirtiendo a la región en un punto estratégico. Hubo un tiempo en que operaban varias líneas aéreas, con múltiples aviones despegando y aterrizando durante todo el día.
“Yo crecí entre aviones”, cuenta. Hijo y nieto de pilotos, la aviación fue parte de su vida desde la cuna. Un oficio que hoy combina con el turismo y el deseo de compartir el cielo de su tierra con quien se atreva a volar.