Exhacienda Los Remedios: joya arquitectónica con potencial turístico al sur de Chihuahua
Sus cuidadores, habitantes del ejido División del Norte, piden apoyo a los Gobiernos para preservar los vestigios llenos de historia, ya que poco a poco se van deteriorando
El retiro del equipo permitiría liberar el espacio ocupado actualmente en Mina La Prieta, lo que abriría la posibilidad de destinar esa zona a otros proyectos de carácter turístico
Chihuahua capital ofrece distintas formas de recorrer sus calles, desde el tradicional Turibus hasta experiencias teatrales y tours personalizados; aquí te contamos cuáles destacan y qué debes considerar antes de elegir
Como ejemplo reciente, Francisco Manuel C. V., fue detenido como presunto responsable de defraudar a equipo de fútbol americano con supuesta venta de vuelos y hospedaje
Con aguas termales, arquitectira de más de un siglo y vestigios rupestres, este sitio es un destino paradisiaco en el desierto de Chihuahua. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
En la Zona del Silencio, a70 kilómetros de Jiménez, Chihuahua, la exhacienda de Los Remedios es un paraíso turístico que prevalece gracias las familias del ejido División del Norte. Se trata de un complejo integrado por construcciones de principios del Siglo XX, aguas termales que se precipitan al interior de una cueva y vestigios rupestres del pueblo Toboso que son cuidados por vecinos como Silverio López, quienes piden a las autoridades apoyo para conservar este patrimonio y difundirlo como atractivo.
A una hora de Jiménez y a dos desde Parral, se encuentra la exhacienda Los Remedios, una joya arquitectónica oculta entre el desierto de la Zona del Silencio de Chihuahua y que es un testigo inerte del paso del tiempo, pero a más de cien años de haber sido erigida, ya se encuentra en ruinas y únicamente es atractivo al turismo el manantial de aguas termales que hay al interior de una cueva.
Lo que en su momento fue una frondosa y adinerada hacienda propiedad de la familia Russek, quienes adquirieron la propiedad a principios del siglo pasado y le inyectaron fuertes cantidades de dinero para su construcción, además, al encontrar entre las montañas una fuente inagotable de agua crearon un espacio para el descanso y rituales, según la leyenda de los pobladores.
Durante ese periodo se llevó a cabo uno de los acontecimientos más importantes que han sucedido en el país: la Revolución Mexicana. De acuerdo a la información, este sitio fue tomado por la milicia villista y fue el rancho de donde el mismísimo Francisco Villa hurtó la yegua llamada "Siete Leguas”, volviéndose toda una leyenda su historia.
Arcos al interior de la exhacienda que reflejan la riqueza que alguna tuvo. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Con el paso de los años la prioridad pasó a manos del ejido División del Norte alrededor de la década de los 70s, y fueron quienes se encargaron de su mantenimiento y promoción turística, no obstante, la exhacienda comenzó a deteriorarse y caerse, y actualmente sólo quedan vestigios de lo que una vez fue la adinerada mansión de la familia Russek. Por lo anterior, los propietarios han solicitado en reiteradas ocasiones de los Gobiernos en sus distintos niveles para atender la rehabilitación, principalmente con el objetivo de preservarlo.
En la fachada principal del recinto, en su parte alta, está plasmada la fecha de 1906 en donde se cree que fue construida en su totalidad por Marcos Russek, quien arribó a esta zona del norte del país como inmigrante de origen polaco - ruso alrededor de 1870 y treinta años más tarde compró la propiedad de más de 86 mil hectáreas, construyendo hacienda que contaba con lo necesario para las labores ganaderas y de agricultura, pues además, el terreno contaba con un manantial de aguas termales que hasta la fecha, sigue brotando desde el interior de las montañas.
Se trata de una construcción hecha a base, principalmente, de adobe, piedra y madera. Al centro hay un patio grande adornado con arcos simétricos que reflejan los gustos de su propietario acorde a su cultura. Sin embargo, lo que la distingue es su arquitectura con elementos hebreos, reflejo de las raíces judías de su fundador.
Entre sus características más notables están: pilas rituales (mikvé) utilizadas para purificación religiosa, hechas con piedra y alimentadas por aguas termales naturales que brotan en la zona. Un diseño simétrico y funcional típico de construcciones agrícolas de gran escala.
Fachada principal / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Asimismo, hay espacios amplios para la producción agrícola y ganadera, incluyendo almacenes, caballerizas y habitaciones para trabajadores y detalles ornamentales únicos como algunos arcos y estructuras que remiten a formas arquitectónicas del Medio Oriente, algo poco común en la región.
Silverio López forma parte del ejido que es propietario de la exhacienda, y relata que su arribo al poblado de Escalón fue a mitad del siglo pasado y recibió clases en un salón que era utilizado como escuela dentro de Los Remedios, y recuerda que había todo lo necesario para aprender, pues era lo que surtía el entonces dueño.
Asimismo, explicó que las caballerizas estaban en su pleno apogeo, pues los diseños únicos y amplios de la hacienda permitían que los animales tuvieran un espacio digno de descanso para luego ser utilizados como medio de transporte y de carga. López narró que como parte de la historia es que en el periodo de la Revolución Mexicana, Francisco Villa tomó la hacienda para convertirla en un centro de operaciones milicias, y de ahí hurtó un caballo al que llamó “Siete Leguas”, lo que ahora es todo un corrido famoso.
Los cuartos están en ruinas. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Dentro de los tantos cuartos que aún siguen firmes al interior de la hacienda se pueden observar detalles y aspectos de su función. Por ejemplo, hay una alberca tipo jacuzzi, equipado con las llaves del agua a la mano y luces que alumbraban la habitación de baño. Además, vestigios de donde eran las chimenas y espacios de convivencia general como el patio central que lucía con una palmera de varios metros de alto, misma que al igual que el resto de su entorno, ya no tiene fuerza.
Silverio López señaló que evidentemente el espacio cuenta sólo con el casco de la exhacienda, pues lo demás se ha caído por su propia cuenta, pero destacó que hay puntos que aún pueden preservarse como cuatro pinturas que hay en las paredes principales, los arcos al interior y unos aspectos de la fachada a fin de que luzca de la mejor manera ahora que está abierta como un centro turístico en Jiménez debido a sus aguas termales.
Parte de la riqueza colonial y natural con la que cuenta la exhacienda Los Remedios es su asombroso manantial al interior de la montaña. Su acceso es mediante una cueva y al inicio se observa sobre el suelo tres figuras: un círculo, un triángulo y un cuadrado, todo cubierto con el agua que cae directamente de la montaña y con más de cuarenta grados centígrados.
Camino principal para llegar a la cueva de las aguas termales. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Las aguas termales de la exhacienda Los Remedios, en Jiménez, Chihuahua, brotan de manera natural en el subsuelo del antiguo casco de la propiedad y son uno de los principales atractivos del sitio. Estas aguas emergen a una temperatura cálida constante, gracias a la actividad geotérmica de la región, lo que las convierte en un recurso terapéutico y espiritual.
Desde finales del siglo XIX, cuando el inmigrante judío Marcos Russek adquirió la hacienda, se aprovecharon estas aguas para construir pilas de purificación conocidas como mikvé, utilizadas en rituales religiosos hebreos. Las propiedades minerales del agua, como su contenido en azufre y otras sales naturales, son reconocidas por sus beneficios para la piel, la circulación y el sistema nervioso.
Aguas termales en Los Remedios con señales para hacer rituales. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
El ambiente tranquilo y rodeado de naturaleza semiárida crea un entorno ideal para el descanso. Aunque el sitio ha perdido parte de su infraestructura original, los manantiales siguen activos, y muchas personas visitan el lugar para disfrutar de sus efectos curativos y su conexión histórica.
Es una cueva en general, su altura no sobrepasa los tres metros y porque es subterráneo hay picos de la tierra que pueden descender hasta los dos metros. La caída de agua es evidente y asombra: al entrar se siente el calor inevitable y conforme se accede el vapor intensifica las emociones y sensaciones del cuerpo humano hasta conocer de donde brota el agua.
La caída de agua proviene de las montañas. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
“No sabemos de donde viene, solo cae al interior de la cueva y de ahí corre a las figuras (círculo, triángulo y cuadrado). Ya nosotros le pusimos tubería para que corriera a otros lugares como las albercas”, dijo Silverio López, quien explicó que las instalaciones al interior de la cueva fueron producto de la ideología de la familia Russek.
En las alturas del desierto chihuahuense, a 1,400 metros sobre el nivel del mar en la exhacienda, se encuentra un tesoro arqueológico que revela la profunda herencia cultural de los pueblos originarios del norte de México: las pinturas rupestres de la Cueva de los Remedios, un espacio sagrado que resguarda el arte milenario de la tribu nómada de los Tobosos.
Este conjunto de manifestaciones pictóricas se localiza en un hueco rocoso natural en la corona de un cerro en el municipio de Jiménez. Según investigaciones del arqueólogo Francisco Mendiola Galván, las obras fueron creadas por los Tobosos, pueblo reconocido por su habilidad en la caza, la recolección y su estrecha relación con el paisaje semidesértico. Las pinturas se remontan al periodo Arcaico Tardío, alrededor del año 1100 a.C., lo que las convierte en una de las evidencias más antiguas de arte rupestre en la región.
Figuras rupestres atribuidas a los tobosos del desierto. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Entre las figuras más llamativas destacan una cruz concéntrica de brazos iguales, diversas manos humanas pintadas en rojo (utilizando hematita), un círculo con radios internos en color negro (hecho con carbón) y una posible punta de proyectil del tipo Shumla. Estas representaciones no solo son estéticamente impresionantes, sino que también ofrecen pistas sobre las creencias, costumbres y cosmovisión de los antiguos habitantes del desierto.
Uno de los elementos más sobresalientes es un antropomorfo pintado en tonos rojos que porta lo que parece ser un penacho de plumas, lo que podría representar a un guerrero o figura importante dentro de la tribu. A su alrededor, también se observan representaciones de animales cuadrúpedos y múltiples triángulos unidos, lo que sugiere una simbología rica y compleja.
Las pinturas rupestres de la Cueva de los Remedios no solo son un patrimonio cultural de valor incalculable, sino que constituyen una invitación abierta a revalorar la memoria ancestral de Chihuahua. En palabras del arqueólogo Mendiola, este sitio es un “verdadero tesoro del desierto”, que ofrece una mirada única al pasado indígena de la región y subraya la importancia de su conservación para las futuras generaciones.
La exhacienda de Marcos Russek es ahora un punto turístico y las autoridades del ejido División del Norte han solicitado al Gobierno del Estado y de la Federación ayuda para su restauración y su impulso como centro ecoturístico argumentando que se trata del rescate de los vestigios que remotan a quienes lo conocen, a principios del siglo XX.
Para llegar a su sitio se debe caminar una hora. / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral