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El rescate del patrimonio arquitectónico impulsa una nueva oferta turística, con proyectos en marcha y una creciente apuesta por la historia y el encanto local
Constantemente la “Cueva de los Toboso" atrae a turistas para conocerla / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
La enigmática Zona del Silencio en el municipio de Jiménez resguarda fascinantes vestigios que datan del 1,100 a. C. y que hoy atrae a miles de turistas. Se trata de una serie de pinturas rupestres que dejó el pueblo Toboso al interior de una cueva en el cerro que vigila la exhacienda Los Remedios. Entre las figuras destacan una misteriosa mano con seis dedos, un penacho y una rueda dibujadas en tonalidades rojas y negras. Sin embargo este tesoro prehispánico ha comenzado verse afectado por grafitis, por lo que autoridades municipales y del INAH buscan rescatar el sitio cuanto antes.
La exhacienda de los Remedios ubicada en medio de laZona del Silencio de Jiménez, Chihuahua, resguarda elementos con alto valor histórico y artístico que son referente del paso del tiempo, desde la época nómada con el grupo étnico de los Tobosos (que radicaron al norte del país entre el año 1,100 a. C.), y hasta la modernidad como la Revolución Mexicana en 1910. Durante siglos, este espacio desértico ha visto el paso de los años inerte esperando recibir visitas luego de haberse convertido en un lugar turístico.
Los Remedios se encuentra sobre la carretera Jiménez-Torreón, a unos kilómetros del poblado conocido como Escalón, y colinda directamente con el perímetro del extenso desierto de la Zona del Silencio. Se trata de una hacienda que durante años sirvió como un hogar para la familia Russek, pioneras en la industria ferroviaria de Chihuahua hasta que fue tomado por las tropas del general Francisco Villa y que, justamente fue donde se robó a la yegua Siete Leguas, “el que Villa más estimaba”, según dice el corrido del autor Antonio Aguilar.
Alrededor de la hacienda todo brilla acorde al clima árido y seco: pastizales, un horizonte lleno de montañas y cerros que ocultan secretos. Y así, justo a unos metros de este inmueble que ahora luce abandonado y solo con el “cascarón” de lo que antes fue una lujosa mansión arquitectónica, se encuentra el cerro de las pinturas rupestres, estas que se encuentran en la parte superior del cerro, escondidas al interior de una cueva que, a su vez, está cubierta por un nido de avispas que inconscientemente protegen las pinturas al limitar el acercamiento de los humanos y de otras fieras.
La cueva se encuentra en la cima de una montaña / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
La historia de los primeros siglos de la humanidad marca que hubo diferentes grupos de personas que habitaron la Tierra; aquellos que combatían directamente contra los enormes animales para comer y no contra los mismos humanos por poder. Se dice que en la región norte de México habitó la etnia de los Tobosos, un grupo de seres que deambulaban por el extenso desierto buscando comida y que, en la cima del cerro hallaron un sitio idóneo para la creación de su hogar.
De acuerdo a la información que aparece en diferentes plataformas informativas en la web, los Tobosos fueron un pueblo indígena con mayor presencia en el Bolsón de Mapimí que incluye a la región de Jiménez. Se dice también que su principal actividad era la caza y como características físicas tenían una resistencia feroz. Eran, en esencia, cazadores y recolectores del producto que obtenían a través de la caza, la pesca y la cosecha de frutos y raíces y para ello, preparaban lanzas y hondas como uno de los artefactos más útiles para encontrar comida.
Su organización estaba conformada por grupos familiares o en bandas sin haber creado una estructura política en donde el poder se centralizara, por lo que el trabajo era de forma plural y sin liderazgos efectivos. Cabe hacer mención que los Tobosos, como bien se dijo anteriormente, vivían en la región norte del país mexicano, sin embargo, al llegar la colonización española muchos emigraron hacia otros lugares más al norte, incluso fuera de la nación.
La historia de los Tobosos marca que fueron valientes para enfrentar a quienes buscaban colonizarlos, sin embargo, su poder y fuerza era tan poca en comparación de los grandes contingentes que llegaron a las tierras desérticas, por lo que luego de varias décadas se trasladaron hacia Texas, lugar donde se formó la Misión de Nuestra Señora del Refugio y que, también está documentado vivieron hasta la mitad del siglo XIX.
Historiadores de la nación han realizado diversas investigaciones al respecto de los Tobosos para conocer aún más sobre su estilo de vida, formas de convivir, y hasta mecanismos para alimentarse a través de la caza, sin embargo, debido que su existencia ocurrió hace más de tres siglos, sólo se ha logrado indagar con lo que se han encontrado como vestigios subterráneos y terrestres, figuras, entre otros. Y dicho sea paso, parte de ese legado se encuentra en Jiménez, Chihuahua, en donde supuestamente los Tobosos hicieron arte al plasmar jeroglíficos en la cima de una montaña que ahora se convirtió en un punto de interés para científicos, investigadores y la ciudadanía en general.
La vista hacia el horizonte permite ver hasta la curvatura del planeta / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
La cueva de los Tobosos ubicada en la cima de una casi kilométrica montaña en medio de la Zona del Silencio guarda imágenes que dejan entrever la cultura tobosa de hace siglos pues a esa tribu la adjudican los expertos que analizaron las pinturas rupestres que están en el techo de la cueva. Para llegar a ella, los interesados deben primero arribar a la exhacienda de Los Remedios y descubrir lo que el desierto conserva en las entrañas y en lo alto.
Las pinturas rupestres son de alto valor para los amantes de este tema / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Al llegar, la exhacienda permite disfrutar de las fincas antiguas que darán desde antes del siglo XX y a metros, se encuentra un balneario con aguas termales que nacen propiamente del interior de la montaña en cuestión. Un dato interesante y atractivo en el ámbito turístico es que, el cerro tiene interés turístico tanto en la cima como en sus entrañas. En ese orden, se encuentra la cueva con las pinturas rupestres y en segundo, un ojo de agua que cae desde lo alto de la montaña pero al interior de esta, por lo que la experiencia es satisfactoria.
Los turistas tienen varias opciones para disfrutar en la exhacienda: la primera es gozar del agua termal que hay en el balneario, participar en una convivencia familiar única e inolvidable en la Zona del Silencio y con el abrasador sol que sin duda, hará que la piel cambie de color. La segunda opción es entrar al sauna. Se trata de un lugar dentro de la montaña en donde las personas pueden sentir el agua entre hirviendo y caliente en sus pies (o todo el cuerpo si desean meterse), así como el vapor que surge de la caída libre de agua del ojo termal que se encuentra al interior de este cerro. Y por último, pero no menos importante, está subir toda la montaña caminando durante una hora aproximadamente y conocer la cultura Toboso de una perspectiva moderna.
El camino para subir la montaña es sinuoso, lleno de piedras y tierra resbalosa. Su flora son arbustos típicos de la región desértica, cactus y se logran apreciar flores que nacen y se convierten en el objeto ideal para la toma de una fotografía del recuerdo desde lo alto del misterioso lugar. Después de una hora o más, la llegada se encuentra a unos pasos.
Entrar a la cueva es todo un reto de aventura: llegar cansados buscando una sombra y una piedra para sentarse; descansar para luego tomar energía para conocer de cerca las pinturas rupestres, aunque es de señalar que existe un panal de abejas que limita su acceso su total, por lo que su acercamiento debe ser con precaución y de preferencia, no hacer enfadar a los insectos.
Además de la mano, los jeroglíficos incluyen otros elementos de la vida en aquellos tiempos / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
Entre el techo la cueva tiene diferentes dibujos y jeroglíficos atribuidos a la tribu tobosa del año 1 100 a. C., y entre las figuras aparecen diferentes elementos como una rueda, un penacho cruces, triángulos sin sentido aparente; también está dibujado una especie de cuadro, peces y lo más interesante: varias manos.
Es evidente entre los muros de esta cueva que guardan unos de los fenómenos más impactantes que reflejan la filosofía de vida de aquellos seres humanos que habitaron el planeta en un tiempo de nómada, y antes de mencionar lo más relevante de las manos, es necesario señalar que su interpretación es varía dependiendo de la perspectiva de cada persona. Existe en la cueva la imagen de una mano, al parecer humana, pero lo curioso o interesante, es que tiene seis dedos.
Mano con seis dedos dibujada en la cima de la cueva / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral
El presidente de Jiménez, Francisco Muñoz Velázquez, dio a conocer que se busca impulsar la Zona del Silencio en un atractivo turístico y que, como parte de sus puntos de interés se encuentra la exhacienda de Los Remedios en donde se encuentra la cueva antes descrita. El edil refirió que los trabajos que se han hecho es el acomodo de piedras y la formación de una vereda sobre la montaña para que quienes deseen subir puedan hacerlo con un poco más de seguridad, pues la realidad es que no existía un camino fijo y era riesgoso avanzar sin una ruta previamente establecida.
Asimismo, añadió que ha tenido constantes reuniones con personal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) quienes han acudido para vigilar y revisar dichas pinturas rupestres, y además, han propuesto planes de trabajo para quitar grafitis que sujetos hicieron en meses pasados y se busca no afectar la pintura pero eliminar dicho “arte callejero".
Muñoz Velázquez adelantó que en una segunda etapa se contempla instalar puntos informativos y miradores naturales para aprovechar la riqueza paisajística del sitio, así como vincular el recorrido con otros atractivos de la región. Señaló que la intención es que la Zona del Silencio se convierta en un referente del turismo ecológico y de aventura en el sur del estado, generando además oportunidades económicas para los habitantes de las comunidades cercanas.
La flora es excepcional: colores brillantes que conquistan el panorama visual / Foto: Adrián Barrón / El Sol de Parral