Albergue de Huauchinango habilitado tras lluvias / Foto: Daniel Casas / El Sol De Puebla
En Huauchinango buscan sobreponerse a la tragedia. A 10 días de los deslaves que provocaron muertes y pérdidas materiales que aún no se terminan de cuantificar, los afectados recuperan pertenencias entre los escombros, otros siguen en el albergue habilitado en el recinto ferial o en casas de familiares, con la incertidumbre del tipo de apoyo que recibirán para reponer lo perdido.
En la colonia nuevo Monterrey, entre los escombros que quedaron de una vivienda, Juanita Palacios Abasolo y su padre Sixto Palacios Montes rescataron un sanitario, plantas, algunas prendas e identificaciones oficiales. Es la zona en donde se registraron ocho decesos, debido a que los deslaves derribaron tres casas.
Delia Monterde Ramírez, consuegra de Juanita, vivía ahí junto con su hermana y su cuñado Pablo Trejo Hernández, quien murió tras quedar atrapado por el talud; sacaron su cuerpo unas horas después del deslave y en ese punto los vecinos colocaron una veladora. Las dos mujeres resultaron con fracturas en las piernas y se encuentran en casa de su familia política.
No habíamos podido venir porque todavía estaban trabajando las máquinas, pero ahorita que ya dejaron pasar entramos para llevarnos las láminas que había en los cuartitos y lo que pudimos rescatar, a la consuegra de mi hija le da mucha tristeza que perdió su casa, encontramos todavía unas de sus plantascontó el hombre de la tercera edad.
A mitad del cerro y donde inició uno de los deslaves una casa libró la tragedia, es la de la familia Pérez Aparicio, integrada por seis personas. Solo el jefe del hogar se encontraba ahí la noche del jueves 9 de octubre, cuando el ruido de la tierra lo alertó y salió a tiempo para ponerse a salvo en la calle ubicada en la cima.
“Mi papá dice que escuchó un ruido muy fuerte porque la tierra se llevó un cuartito de madera donde teníamos animales, corrió hacia la calle de arriba y cuando volteo ya no estaban las casas de los vecinos”, narró su hija, Michelle Estefanía Pérez Aparicio.
La joven de 27 años considera que su padre continúa con trauma por lo ocurrido, ya que vio cómo quedaron sepultadas varias de las personas con las que convivió; sin embargo, hasta ahora no ha habido apoyos para atender la salud mental de los damnificados y siguen a la espera de que su casa sea censada.
“Nos hemos quedado en el albergue y aquí venimos a dar vuelta de las cosas porque hubo unas que nos robaron, hay quienes dicen que no somos damnificados porque la casa no se cayó. Hasta se pone uno de malas porque dicen que mi casa está en pie, que no nos pasó nada, pero ni modo de regresar aquí a vivir frente al voladero”, comentó.
Frente a la calle y al lado del deslave, Bertha Cruz Domínguez continúa sacando lodo de su casa. La tierra derrumbó un muro de la planta baja, en donde le daba alojamiento a una de sus sobrinas con su familia. La mujer de la tercera edad dijo estar consciente de que ha perdido el patrimonio que forjó con años de esfuerzo, porque ya no es seguro regresar a vivir ahí.
“Me estoy quedando con familiares, aquí vine a limpiar y a sacar cosas que se salvaron, pero ya es una zona de riesgo. El terreno lo compré hace 20 años y construí, fui madre soltera y pues ahorita ya censaron la casa y hay que esperar a ver cómo nos ayuda el gobierno o a dónde nos reubica”, expuso.
En dos puntos del deslave, las veladoras colocadas junto a cruces pequeñas y ramitos de flores dan cuenta de las vidas que se perdieron en el lugar y entorno al sitio continúan llegando despensas, víveres y otros apoyos de particulares, mientras los vecinos terminan de sacar muebles, colchones y electrodomésticos que quedaron inservibles debido al lodo.
El albergue habilitado en el recinto ferial de Huauchinango brinda asilo temporal a 416 personas y no hay certeza de cuánto tiempo permanecerá activo. Al interior, familias completas comparten espacio porque sus viviendas fueron catalogadas como no habitables por estar en zona de riesgo o porque todavía no concluyen las labores de limpieza.
Martha Rayón está a punto de dar a luz a su primer hijo y junto con su esposo y su hermana lleva 10 días en el refugio porque su casa -ubicada en la colonia Chapultepec- quedó varios días incomunicada debido a que estaba entre el río y un deslave.
“Fue algo muy feo, me preocupaba que mi bebé naciera a medio desastre porque sentía dolores, como contracciones y pues allá no podía entrar una ambulancia, nada. Pues ya me trajeron aquí y me han estado haciendo chequeos, ya estoy en días, en cualquier momento puede nacer, es niño”, compartió.
La joven refirió que es la segunda vez que una inundación afecta su casa, pero la primera no fue tan severa. Expuso que en breve regresará a su hogar porque ya terminaron de hacer limpieza y se repararon los daños al rededor de ella. Confió en que podrá estar ahí con su hijo porque son dos pisos. “Lo importante es estar bien y ya lo material veremos cómo lo recuperamos”, dijo.
Por el contrario, María Rosa Galindo Castilla, de 67 años de edad, se quedó sin casa porque la corriente la arrastró. Explicó que llevaba más de 40 años viviendo ahí porque los propietarios, familiares de su difunto esposo, se la dejaron en calidad de préstamo.
“Vivía ahí con uno de mis nietos, pero como está a lado del río pues se la llevó. Ahorita me quedo aquí en el albergue o a veces voy con alguno de mis hijos, pero casa ya no tengo, es lo que les dije a los del censo y sólo me respondieron que me espere, que me van a ayudar, pero no sé cómo”, concluyó.
Al albergue siguen llegando víveres, prendas, cobijas y diversos apoyos para los damnificados. También hay payasos y artistas urbanos que llegan a ofrecer shows o actividades para niñas y niños, que se entretienen entre los pasillos con algunos juguetes, también producto de donaciones.