Crece la explotación sexual de mujeres en el corredor Puebla–Tlaxcala; “sistema proxeneta es regional”
La antropóloga Ixchel Yglesias explicó que este método “se basa en mecanismos de control que tienen como finalidad someter a las mujeres a esclavitud sexual”
Erika Reyes / El Sol de Puebla
Sistema proxeneta regional
El corredor compartido funciona como un circuito de doble vía: mujeres poblanas son llevadas a Tlaxcala; mujeres tlaxcaltecas son trasladadas a Puebla; son explotadas en bares, hoteles, casas de seguridad y zonas de ocio de ambos estados.
Presupuestos diluidos
Territorios devastados
Yglesias sostiene que la explotación sexual no opera sola. Forma parte de un ecosistema de violencias que incluye la devastación ambiental, el desplazamiento forzado, la precariedad laboral y la reorganización territorial neoliberal.
El vínculo estructural es claro: los mismos procesos que despojan en Tlaxcala, despojan en Puebla; y donde hay despojo, hay captación y explotación sexual.
Normalización que cruza fronteras
La antropóloga recordó un diagnóstico social donde, ante la pregunta de por qué había mujeres paradas en la carretera, la respuesta fue: “porque no les gusta trabajar”.
El mensaje es brutal, pero real. Y esa normalización, afirmó, no se detiene al cruzar la línea estatal. En Puebla, las narrativas sociales que culpan a las mujeres, justifican la explotación o minimizan las desapariciones, siguen vigentes.
Apuntó que, lo que en Tlaxcala se llama “aspiración proxeneta” entre los jóvenes también existe en los municipios poblanos colindantes, donde la vida cotidiana está atravesada por movilidad interurbana, precariedad y falta de oportunidades.
El otro lado del sistema
La maestra dio un ejemplo simbólico: “Schneider Electric despidió a 800 trabajadores en una zona donde el proxenetismo tiene fuerte presencia”.
La precariedad laboral, señaló, es un factor que empuja a familias enteras a la vulnerabilidad. Esa precariedad también atraviesa a Puebla, donde la industria maquiladora, automotriz y de servicios produce despidos masivos y rotación constante.
“Cuando una región vive de sueldos bajos y trabajos inestables, el proxeneta encuentra terreno fértil”, afirmó, y dijo que Tlaxcala y Puebla comparten exactamente ese paisaje económico.
Presencia geopolítica y control territorial
Un punto poco discutido, pero revelador fue el interés del embajador estadounidense Ronald Johnson Douglas en la trata de Tlaxcala, quien es coronel retirado del ejército y exagente de la CIA. Yglesias afirmó:
“Este señor tenía mucho interés en saber cómo estaba la trata en Tlaxcala”, y recordó sus antecedentes en operaciones de contrainsurgencia.
La investigadora sugirió que la trata, como las drogas, es usada para justificar vigilancia, presencia geopolítica y control territorial en regiones vulnerables.
En un corredor tan integrado como Puebla–Tlaxcala, la presión externa se convierte también en una forma de gobernanza que opera por miedo y silencio.
Entonces, la trata se vuelve instrumental, dijo: ayuda a mantener orden territorial, miedo social, control político y estructuras económicas basadas en la precariedad.
En ese esquema, Tlaxcala y Puebla no son entidades separadas, son un mismo territorio funcional para el sistema proxeneta. Un corredor donde la vida de las mujeres sigue en riesgo.
“La trata no ha desaparecido. Se ha vuelto un mecanismo para controlar cuerpos y territorios. Y las mujeres están pagando los costos más altos”, puntualizó la antropóloga.
Pronunciamiento de la Ibero
Lo anterior se refleja en los patrones de desaparición y feminicidio que afectan a ambos estados. Esta situación coincide con la existencia de Alertas de Violencia de Género en las dos entidades, cuyos objetivos no se han cumplido a cabalidad.
Ante este panorama, la institución afirmó que Puebla y Tlaxcala deben asumirse como una sola región afectada y exigen a los gobiernos estatales siete acciones urgentes:
1. Fortalecer la aplicación de la legislación para prevenir, proteger y sancionar.
2. Operar eficazmente los Programas Estatales contra la trata.
3. Coordinar a fiscalías y comisiones de búsqueda para localizar de inmediato a mujeres desaparecidas.
4. Activar la Comisión Interinstitucional correspondiente en Puebla.
5. Crear refugios estatales regulados para víctimas.
6. Capacitar de manera continua a operadores de justicia para evitar la revictimización.
7. Implementar procesos de prevención en escuelas, con enfoque regional, comunitario y antipatriarcal.
Finalmente, se convocó a organizaciones sociales y académicas a continuar documentando y visibilizando la problemática, con el fin de contribuir a que mujeres y niñas vivan libres de explotación sexual en la región.





























