Pese a que se avaló la creación del grupo, no hay un grupo especializado de policías municipales que visiten los últimos lugares donde se vio a las personas desaparecidas
Primero se irán los animales que representan más gastos; este año, el que sigue, abordarán a las especies pequeñas; el Museo de Historia Natural en Tehuacán también cerrará
Personal del Ejército Mexicano busca a las dos personas desaparecidas por un deslave en Tlaxpanaloya, en Naupan. / Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
Una pareja de adultos mayores desapareció el pasado jueves en Tlaxpanaloya, Naupan, luego de que los disturbios tropicales provocaran que su casa quedara sepultada entre lodo y escombros. Han pasado cuatro días del desastre y sus familiares, así como habitantes de la comunidad, trabajan sin descanso para desenterrar la casa, esperando encontrar los cuerpos de ambos entre los restos de tierra, árboles y piedras.
Esta comunidad de la Sierra Norte del estado se enfrentó a la indiferencia institucional tras sufrir un frente frío y dos disturbios tropicales, que ocasionaron severas inundaciones, así como la pérdida total de algunas viviendas, vehículos y artículos personales. Durante cuatro días, ninguna autoridad federal visitó el territorio ni apoyó a las familias afectadas a limpiar sus viviendas, en las que el lodo alcanzó hasta los dos metros de altura.
Hasta las cuatro de la tarde de este lunes, cuando la comunidad ya había logrado sacar el lodo de sus viviendas -casi 96 horas después del desastre- arribaron al sitio elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Protección Civil estatal, Bomberos del estado, Policía Estatal y la Comisión de Búsqueda de Personas del Estado de Puebla.
Entre las calles de Tlaxpanaloya se comenta una y otra vez la desaparición de Albino Calderón y su esposa Juana González, dos adultos mayores de 82 y 80 años de edad que, aparentemente, quedaron atrapados entre los escombros de su vivienda. Eran de oficio campesinos, vivían solos y, hasta ahora, son las únicas personas que se encuentran desaparecidos en el territorio, sin embargo, hasta la mañana de este lunes, sus nombres no figuraban en la lista de desapariciones del gobierno estatal.
Casi 96 horas después del desastre, elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) lograron llegar a la comunidad. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
Binomios caninos buscan a las personas desaparecidas. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
Habitantes permanecen en los niveles altos de sus casas. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
El lodo alcanzó los dos metros de altura en las viviendas de la comunidad. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
La crecida del río se llevó este automóvil en el municipio de Naupan. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
Unos de los puentes que conecta con viviendas quedó tapado por el lodo. - Foto: Julio César Martínez / El Sol de Puebla
Su nuera, Dolores Valdez, fue la última persona en verlos. Fue el jueves alrededor de las siete de la noche, cuando recién empezaba a llover. Ella, quien vive en la casa de al lado, cenó con ellos y recuerda haberles pedido que se quedaran a dormir en su casa, que se encuentra instalada sobre una pequeña loma, donde era difícil que el agua los alcanzara. “Ellos se negaron”, narra, al recordar que, alrededor de las tres de la mañana del pasado viernes, el agua ya había alcanzado el primer metro de altura en su casa. Era evidente que la vivienda de sus suegros estaba inundada por completo.
“Ya no podía hacer nada, no pude bajar, ni salir a buscarlos. Aquí solo vivimos mi hija y yo, ya no podíamos hacer nada, se nos fue la luz, no veíamos nada”, comparte. Al día siguiente por la mañana, cuando se enteró de la noticia la hija de los dos desaparecidos, Enedina Calderón (42 años) empezó a pedir ayuda entre sus vecinos y familiares, quienes se sumaron con palas y carretillas para retirar el lodo que consumió por completo la casa de los adultos mayores.
“La gente se cansó de buscar, nos dicen que tal vez la corriente del río se los llevó, así como se llevó todas las cosas”, expresa su hija, mientras observa los muros rotos que dejó el desastre y los restos de muebles que se alcanzan a observar en medio del escombro. “Queremos ayuda, que vengan con maquinaria porque con palas no podemos, y la gente también tiene que sacar el lodo de sus casas, nos dejaron olvidados”, agrega.
Cuatro días después, militares recorren el sitio junto a binomios caninos, esperando encontrar alguna señal de Albino y Juana. De su antigua casa apenas resisten unos cuantos muros con los castillos doblados. Al interior, se observan enormes rocas que llevó consigo el deslave. A un costado, hay un altar con la fotografía de ambos adultos mayores, rodeado de veladoras colocadas por sus familiares. “Estamos conscientes que ya no están con vida, pero necesitamos encontrar sus cuerpos”, dice su hija.
Ingresando al municipio de Naupan, en la comunidad de Cuahuihuitzotitla, se observan los primeros daños por las lluvias: caminos con deslaves, socavones, postes quebrados, árboles caídos y el desbordamiento de la presa Omiltemetl. Recién fue abierto el paso con maquinaria, que fue obstruida por varios deslaves.
Poco adelante, ahora en la comunidad de Tlaxpanaloya, los efectos de los disturbios tropicales son evidentes y más graves. El río que atraviesa el centro del territorio, sobre la Avenida Colosio, cambió su cauce derivado de la fuerte corriente de agua que aún conserva.
En las calles se observan diversos grupos de hombres de la comunidad que, con las herramientas que tienen a la mano (sierras, hachas, palas, machetes) siguen trabajando a marchas forzadas para retirar del camino los troncos, piedras, escombros y el espeso lodo que lo obstruye.
Al observar que alguien ajeno a la comunidad llega, la primera reacción de los habitantes es reprochar que ninguna autoridad los ha ayudado, sino que han tenido que levantarse solos del desastre. En el lapso en el que este medio recorrió el sitio, de aproximadamente cuatro horas y media, apenas tres camionetas llegaron a repartir víveres, insuficientes para atender a los afectados.
Las calles están cubiertas de lodo, con bultos de tierra y piedras que han logrado sacar en estos días de diversas viviendas. Artículos personales como roperos, estantes, mesas, y mercancía dañada de algunos negocios, se encuentran amontonados en cada esquina.
Al interior de las viviendas, cada familia limpia lo poco que pudo rescatar de la inundación. Karina Santos Pérez (36 años), quien tenía una tienda de abarrotes, perdió toda su mercancía. La espesa tierra que ingresó a su casa superó el metro y medio de altura, sepultando sus muebles, estantes, ocasionando el desprendimiento de inodoros y otros muebles.
La mujer narra que la noche del pasado jueves no pudo dormir, al igual que sus vecinos. Quedó atrapada junto a su madre en el segundo piso de su casa, esperando que la inundación no las alcanzara. Para salir, tuvo que subir a la azotea con ayuda de una escalera que fue colocada desde la calle. “Fue una tragedia”, expresa.
Fidel Santos Pérez, campesino de 67 años de edad, perdió todos sus objetos personales tras el desastre. El río cambió su cauce e impactó su vivienda junto con árboles, piedras y tierra. Esto provocó el derribo de tres muros, el agua atravesó su casa, llevando a su paso electrodomésticos, artículos personales, herramientas, ropa, muebles de baño, todo. Ahora solo queda un piso vacío, con paredes húmedas y manchadas de tierra por doquier.
“Apenas sacamos todo el lodo que llegaba hasta aquí arriba”, dice el hombre al señalar un muro por encima de su cabeza. “Yo observaba desde arriba cómo el agua se llevaba todo, le pedía a mi hermana que se subiera, quedamos a la voluntad de Dios, tuvimos muchísimo miedo”, relata entre lágrimas.
Hasta el pasado domingo, la comunidad recuperó la energía eléctrica, que se fue tras la intensa lluvia del pasado jueves, lo que dificultó la limpieza de las calles. En medio del desastre, al observar que ninguna autoridad llegó, fueron los habitantes quienes han trabajado sin descanso para sacar el lodo de las casas.
Los caminos que conducen al centro de la comunidad están visiblemente dañados, especialmente los puentes, que ahora dependen de débiles estructuras. “Estamos con vida, lo material duele, pero lo podemos recuperar”, finaliza Fidel.