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Locallunes, 8 de septiembre de 2025

Teopantlán, donde aprender a leer y escribir después de los 50 años es un reto

Juana, Magdalena, Flora y José Luis coinciden en algo, quisieron estudiar siendo niños, pero las costumbres o falta de recursos económicos los limitó

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Martha Cuaya

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Pero no todo está perdido, a propósito del Día Internacional de la Alfabetización que se celebra este 8 de septiembre, en Teopantlán sus pobladores son el claro ejemplo de que el sueño de superarse inicia con las letras vocales.

Viaja desde Morelos para enseñar en Puebla

Admite que, en efecto, hay un rezago educativo, el cual se refleja al escuchar las historias de las personas que acuden a las sesiones educativas de dos horas. Lo que más pesa, comenta, es que aquellos que no saben leer y escribir se ven afectados en su vida cotidiana, pues no pueden valerse por sí mismos.

‘Convencer a la gente para que acuda a las clases no es un trabajo sencillo, expone, pues algunas de las personas adultas mayores ya no tienen ánimos de aprender, mencionan que “están grandes”, pero es ahí donde empieza la tarea de persuadir y reavivar la esperanza de la alfabetización.

Añade que ha notado que son más las mujeres quienes no saben leer ni escribir, por ello es que cada que se encuentra con alguna de las habitantes no pierde la oportunidad de invitarla a estudiar.

Los roles tradicionales obligaron a las habitantes a no alcanzar sus sueños

 Me decían, ‘¿por qué te vas a ir? A ti no te toca ir a la escuela’. Nada más a los hombres les tocaba. ¿Por qué? ‘Porque les interesa, porque va a mantener la mujer con la que se va a casar’. Y pues a mí, pues sí me gustaba ir, pero no se pudo

Ahora, al ir a la iglesia y ver que el sacerdote lee la biblia, le gustaría poder aprender, pues refiere que lo que escucha es algo bonito y a veces quisiera que se repita, pero no sabe leer ni escribir.

Tuvo que trabajar para ayudar con los gastos de su casa y dejó de lado su sueño de ser maestra de primaria, de haberlo alcanzado nunca se habría casado, señala entre risas y mientras sostiene su libro en el que muestra sus tareas, pues asegura que su mayor anhelo era enseñarle a los demás.

Migraron en busca de mayor oportunidades

Durante ese tiempo, Juana hizo su vida, pero tuvo que regresar debido a que su suegra estaba muy enferma, por ello y luego de que la invitaran a ser regidora en el ayuntamiento de Teopantlán, aceptó estudiar, pues considera que la edad no es obstáculo de superación.

No obstante, reconoce que le resulta complicado poder aprender, pues su lengua materna es el náhuatl y se le dificulta el español, además los libros no siempre vienen traducidos.

En su juventud, menciona, le hubiera gustado ser maestro de primaria, pero por falta de recursos no pudo cumplir su sueño.

Desgraciadamente, mis padres eran muy pobres y no me pudieron dar más estudio. Entonces estudié un poco en la escuela nocturna, terminé en mi primaria y luego aquí ya me invitaron para la secundaria (...) lo que quiero es aprender para mí, cuando menos para saber a donde quiera que vaya

El rezago educativo se hereda

Juana, Magdalena, Flora y José Luis coinciden en algo, buscaron brindarles las mejores oportunidades a sus hijos, pero la falta de recursos también los limitó, como pasó con cada uno de sus casos.

Flora se quedó viuda y tuvo que dejar de mandar a sus hijas a la escuela, solo cursaron la primaria y a su hijo lo apoyó hasta la secundaria, pero no la terminó y prefirió buscar trabajo, pero fuera de este municipio, pues son pocas las fuentes de empleo que tienen en su lugar de origen.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura estatal, hasta el 2024 en este lugar no había casas de cultura, bibliotecas, museos o casas de artesanías y tampoco había centros de capacitación para el empleo. Además, la universidad más cercana está a más de una hora, ya que se encuentra en Izúcar de Matamoros.

Eso ocasionó que los hijos de José Luis, Juana y Magdalena, quienes llegaron a un grado de estudio similar, buscaran fuentes de ingresos, pero fuera del país. La mayoría, comentan, vive en Estados Unidos, donde aseguran, hay facilidades de salir adelante y más cuando ya tienen una familia.

Y aunque los programas oficiales han logrado abrir espacios gratuitos de alfabetización, primaria y secundaria, factores como las costumbres, la falta de recursos y las responsabilidades familiares seguirán pesando en los pobladores de Teopantlán.

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