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Localviernes, 2 de enero de 2026

Tlaxcalancingo, la comunidad poblana que no se vende, no se calla y no claudica

Mely Arellano / Periodismo de lo Posible

Al abogado y defensor de derechos humanos Maurilio Galeote, habitante de la comunidad, le llamaron por teléfono ese enero de 2012 para decirle: “Vente para acá porque están llegando patrullas, están acordonando el terreno Tocala”. 

Campo de béisbol en Tocala. Al fondo, la Parroquia de San Bernardino de Siena, en Tlaxcalancingo. (Cholollan Radio) 

En la mira de empresas y gobiernos

Para cuando cayó la noche, había más de 300 personas en Tocala. Algunas comenzaron a prender fogatas, otras llevaban café, pan y hasta tequila para hacer frente al frío de enero. 

Sonia tenía 26 años y evoca “el miedo que sentía al no saber qué es lo que pasaría. Las chavas y los chavos y no tan chavos cantábamos canciones de Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Violeta Parra y Víctor Jara”.

Concentración de habitantes de la comunidad en asamblea, dentro del predio Tocala. (Javier Elías Amaxal)

Llegan los granaderos

La madrugada del lunes 9 de enero, cuando ya se consumía el fuego de las últimas fogatas y poco a poco se apagaba el sentido de alerta, la gente se fue retirando a sus labores cotidianas. 

“Ya a las 6 de la mañana, pues se fueron todos. Ya no había nadie más que unos 20 muchachos. Ya nos queríamos regresar y empezaron a decirnos que los granaderos estaban aquí”, dice Bárbara. 

En efecto, había un cerco policial a unos 300 metros del campo que avanzaba junto a una fila de patrullas. Querían asegurarse de que el helicóptero en que viajaba el gobernador panista Moreno Valle pudiera descender para inaugurar la obra.

Apenas terminó la transmisión, comenzaron a sonar las campanas de la parroquia para alertar a la comunidad. Algunos llegaron corriendo, otros en bicicleta o en sus autos, e incluso en carretas.

Bárbara recuerda que “otro compañero llegó y atravesó su tráiler, ahí en la secundaria, y dijo: ‘No, pues aquí no pasan’”. 

El poder de la organización

A diferencia de 2012, el pueblo de Tlaxcalancingo ya no lucha solo; ahora son siete comunidades y al mismo tiempo una sola, más fuerte, que sigue tejiendo resistencia como en aquellas noches de fogatas en el campo Tocala.

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