A crisis permanente, diplomacia constante
México ha respondido con una diplomacia de Estado: firme, estratégica y con la mesura que otorgan décadas de experiencia frente a una potencia hegemónica
México ha respondido con una diplomacia de Estado: firme, estratégica y con la mesura que otorgan décadas de experiencia frente a una potencia hegemónica

Por la Senadora Ruth González
Desde la llegada de la nueva administración estadounidense el pasado 20 de enero, no ha habido un solo día sin una nueva presión sobre la relación bilateral. Redadas migratorias, campañas xenófobas, amenazas arancelarias, impuestos a las remesas, restricciones comerciales por el gusano barrenador, diferendos por el agua y declaraciones incendiarias de funcionarios conforman el constante escenario de tensiones.
Frente a este panorama, México ha respondido con una diplomacia de Estado: firme, estratégica y con la mesura que otorgan décadas de experiencia frente a una potencia hegemónica.
Un ejemplo elocuente es la exclusión de nuestro país de los aranceles recíprocos que la Casa Blanca impuso a 185 países al inicio del año. Además, cuando se decretó un gravamen del 25% a las importaciones de automóviles y autopartes, México también fue exceptuado. No fueron gestos de buena voluntad, sino un claro reconocimiento del nivel de integración que sostiene a la economía norteamericana como bloque.
En el combate al tráfico de fentanilo, las acciones emprendidas han derivado en una reducción significativa de incautaciones de esta droga al norte del río Bravo, evidenciando que la cooperación bilateral es el único camino sensato para enfrentar desafíos comunes.
Algo similar ocurrió con el polémico impuesto a las remesas, incluido en el presupuesto aprobado por el Congreso estadounidense. Gracias al trabajo del gobierno mexicano, a nuestra interlocución como legisladores y a la presión de nuestra comunidad migrante, se logró reducir el gravamen original del 5% al 1%, aplicable únicamente a transferencias en efectivo. No era el escenario ideal, pero sí una contención efectiva frente a una propuesta más lesiva.
Estos episodios demuestran que el diálogo político de alto nivel funciona, y que la diplomacia, cuando se ejerce con visión, es capaz de evitar crisis mayores.
El anuncio reciente sobre la intención del gobierno estadounidense de imponer nuevos aranceles del 30% a partir del 1 de agosto, es un capítulo más de esta historia. Y como en los anteriores, saldremos adelante con capacidad negociadora, entereza y responsabilidad institucional, porque la competitividad de Estados Unidos necesita a México. Sin nuestra participación, su capacidad de enfrentar la competencia de otros bloques económicos globales se ve seriamente limitada.
Defender esta relación, por tanto, no es solo una cuestión de política exterior, sino de estrategia nacional para ambos gobiernos.