Doña Francisca ha visto transformarse el Centro de Abastos, recuerda que a su llegada eran pocas las bodegas abiertas, hoy es un mundo distinto. En este lugar encontró la forma de salir adelante con su familia, le dio estudios a sus cuatro hijos, y a más de 40 años, ella y su esposo siguen atendiendo con calidez a sus clientes.
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Miles de personas transitan por la Central de Abastos diariamente / Cristian Robledo / El Sol de San Luis
Antes de que se asome el primer rayo de sol, el Centro de Abastos cobra vida, hombres y mujeres llegan a las bodegas para comenzar a prepararse para la venta del día; comerciantes locales y foráneos aprovechan el tráfico aún adormilado en la ciudad, para ubicar sus camionetas cerca de donde surtirán frutas, verduras, hortalizas, legumbres, abarrotes o semillas. Así ha transcurrido medio siglo, entre un ir y venir constante de bodegueros, diableros y clientes, el mercado por excelencia en la ciudad se mantiene firme y decidido a continuar alimentando a generaciones de potosinos.
Frutas, verduras y otras mercancías se pueden conseguir en la Central de Abastos / Cristian Robledo / El Sol de San Luis
Antes de los años ’70 el comercio al mayoreo y menudeo en San Luis capital, se concentraba en el Centro Histórico, las calles de Julián de los Reyes, Hidalgo, Guajardo y Escobedo eran las principales vialidades para la vida económica de la ciudad, pero poco a poco fueron rebasadas por el crecimiento de la población y ya no daban cabida a las carretas que aún circulaban en aquel entonces. Así, se volvió necesaria la reubicación, y en la administración del gobernador Guillermo Fonseca Álvarez se cristalizó el proyecto para construir un nuevo espacio comercial.
El Gobierno del Estado adquirió entonces tierras ejidales ubicadas en la zona oriente de la Capital potosina, fueron donadas y ahí se construyeron 450 bodegas, en 1975 se inauguró el Mercado de Abastos. Pablo Martínez Rosales, secretario general del Patronato del Centro de Abastos, narra que todos los comerciantes del Centro fueron obligados a reubicarse en el nuevo mercado, incluso se les dieron facilidades de pago para adquirir las bodegas, “había venta de mayoreo y menudeo”.
Eran cuatro calles: Cuarta, Segunda, Sexta y Cereales (Ricardo B. Anaya), en las primeras tres se instalaron comerciantes de productos del campo, y la de Cereales se dedicó a los abarroteros y vendedores de granos, “son las mismas calles desde hace 50 años”, posteriormente se construyeron nuevas vialidades, como Legumbres y Octava, y también se construyeron más bodegas, para llegar a 600 que existen hasta la fecha, además de otros 100 locales. El 80% de las bodegas están dedicadas a productos del campo, y el otro 20% a los abarrotes y granos.
El nuevo mercado no solamente albergó a comerciantes potosinos, también hubo personas de otros estados que acostumbraban venir a vender sus productos, y al contar con la posibilidad de adquirir una bodega para almacenar lo que ofertaban, se quedaron a radicar en San Luis Potosí, “hay gente de Torreón, Aguascalientes, Chihuahua, Michoacán, Chiapas, y se han quedado a vender sus productos, ya son potosinos porque tienen 30 o 20 años aquí”.
Este gran mercado genera 5 mil empleos directos y otros 5 mil indirectos entre transportistas y ambulantes que ya también forman parte de la vida diaria del lugar, y aunque hubo comerciantes que no lograron hacer subsistir su negocio y se fueron, el 60 o 70% de los actuales bodegueros son segunda o tercera generación. Se habla de que ya solamente sobreviven tres o cuatro fundadores del Centro de Abastos que por su avanzada edad ya no acuden al lugar.
Aunque no fue fundadora, doña Francisca Silva ha pasado 47 años de su vida en Abastos. Todavía como una jovencita, doña Francisca llegó con su madre a vender gorditas a los bodegueros y quienes acudían a realizar sus compras, a los pocos años se dio la oportunidad de adquirir un local en las “Cocinas de Abastos” en la calle Cuarta Oriente. Con el tiempo, también ella se hizo de un local y ambas tuvieron su cocina económica, hasta que su madre traspasó su local en el ’87.
Francisca Silva abrió su cocina económica en la Central de Abastos / Cristian Robledo / El Sol de San Luis
De lunes a sábado, doña Francisca llega a las 6 de la mañana para preparar los guisos y caldos que ofrecerá a sus comensales, hay guisos que sí o sí están en el menú diario: carne de puerco, bistec ranchero, caldo de pollo, menudo y caldo de res, a ellos se agregan otros platillos variados al día. Sus principales clientes son foráneos que vienen a adquirir mercancía, pues menciona que la mayoría de los bodegueros acostumbra comprar comida a domicilio.
Aún así, tiene comensales que la han acompañado fielmente a lo largo de su historia en Abastos, “tres tienen más de 40 años (comprándole comida) y dos tienen unos cinco años, son clientes de diario, por eso no puedo faltar, porque se enojan, me dicen que los dejo sin comer”. Su jornada suele terminar a las 6 de la tarde, o después, por la llegada de uno que otro comensal con hambre, pero aún así se niega a dejar de trabajar, “me hallo más en el mercado que en la casa, el doctor ya no quiere que trabaje, pero en la casa me voy a enfermar más”.
El Centro de Abastos no puede concebirse sin los diableros, esas personas dedicadas a llevar y traer la mercancía. Rigoberto Gallegos lleva 25 años dedicados a trabajar en este lugar, comenzó como diablero, “venía a las 5 de la mañana a ver dónde me daban trabajo: en descarga de camiones o de diablero”, dos tareas igualmente agotadoras y expuestas, ya que sin importar si hace calor, frío o llueve, “anda uno en friega”.
Los diableros trabajan en dos modalidades, ya sea que estén contratados de planta en alguna bodega, o que ofrezcan su servicio de manera independiente; su trabajo depende de las ventas, pues cuando éstas son bajas, incluso los que están de planta llegan a ser despedidos “porque para qué quiere el patrón que estén ahí sentados nada más en el celular”, una vez que se recupera la vendimia, los vuelven a contratar o buscan nuevo personal.
El oficio de diablero, necesario para el funcionamiento de la Central de Abastos / Cristian Robledo / El Sol de San Luis
Hay quienes se inician en este oficio desde los 12 o 14 años de edad, eso sí, se les asigna poca carga y ésta aumenta según les permiten sus capacidades. Y claro, no están exentos de accidentes, “me han aventado, hace tiempo una camioneta me aventó, también tuve una caída, duré varios días chueco y andaba trabajando así porque uno no tiene Seguro”.
También ha enfrentado los malos modos de algunos clientes potenciales, al ofrecer sus servicio se ha llevado hasta “mentadas de madre”, pero maneja una filosofía en la que dice, no vale la pena enojarse, hay que tratar de llevarse lo mejor posible con la gente, especialmente con los clientes, y a quienes responden de mala gana sólo les desea bendiciones.
Rigoberto comenzó como diablero y cargador, pero ahora es comerciante, todos los días acude a vender productos, y así como hay días en los que ha llegado a vender mil pesos, también hay otros en los que se ha ido en ceros. Pablo Rosales señala que así como Rigoberto, hay otras personas que comenzaron como diableros y ahora son comerciantes y tienen su propia bodega, aunque actualmente esa posibilidad ya es remota, pues alrededor del 98% de las bodegas están ocupadas, “hay unas 20 bodegas cerradas” en la calle de Legumbres.
Con más de 5 mil personas que trabajan en el lugar, y la circulación de 50 tráileres y 200 o 300 camiones por día, el Centro de Abastos es administrado por un Patronato en el que están incluidas las diversas agrupaciones y asociaciones de comerciantes, desde bodegueros hasta ambulantes. Martínez Rosales explica que el Patronato está integrado por 14 personas, cada una de ellas tiene una función específica, desde organizar la recolección de la basura, realizar trámites ante dependencias estatales y municipales, atender denuncias de servicios, entre otras.
El ordenamiento vial es uno de los principales problemas de esta zona de la ciudad / Cristian Robledo / El Sol de San Luis
Se maneja una cuota por bodega, aunque no todos aportan, y con ese recurso se realizan las reparaciones o mantenimiento en los andenes, baños, y demás; para ello también se tienen convenios con el gobierno municipal y el estatal, por ejemplo, cada día se generan 14 toneladas de basura, el Patronato cuenta con personal que hace la recolección, el Ayuntamiento envía dos camiones para retirar los desechos, y el Patronato paga el diesel.
El Centro de Abastos ha pasado periodos complicados en materia de seguridad, pues de manera momentánea en otras administraciones se designan policías, incluso hay una comandancia en el lugar, pero los rondines no han sido permanentes. Actualmente se cuenta con 14 elementos policiacos, situación que ha ayudado a inhibir no solamente los robos, sino también el consumo de marihuana que había comenzado a ser frecuente entre la población joven, “ya era muy descarado y las señoras se asustaban y no querían venir, ahora la gente ya puede venir tranquila a comprar”.
Los días lunes, jueves y sábado entre las 7 de la mañana y 12 del día resulta casi imposible circular en el mercado de Abastos debido a la cantidad de gente que acude a surtir mercancía, por lo que uno de los retos para el Patronato es lograr el ordenamiento vial, con ello y con las obras de remodelación que se iniciaron este año, hay confianza en que el mercado aún cuenta con muchos años de vida útil por delante.