Comparsas de Xantolo, una manifestación viva del alma colectiva potosina
Las comparsas son agrupaciones comunitarias conformadas por diversos personajes, como diablos, comanches, la muerte, la mamanina, el cole, la vieja, entre otros
“Es una tradición ancestral, prehispánica. Ha cambiado, claro, pero sigue viva y con la misma fuerza espiritual. Cada personaje tiene un papel y todos juntos dan armonía y vida a la comparsa”, explica Simeón.
Una fiesta viva, con características propias de cada pueblo
“No todos los sones se bailan igual. Hay sones donde solo bailan las viejas, otros donde entran los comanches. Y eso le da una riqueza escénica que es parte del encanto de la fiesta”.
Una necesidad emocional y espiritual
La reacción de la comunidad es una mezcla de orgullo, emoción y nostalgia “no hace falta decir nada. Es ver las caras iluminadas cuando desfilan las comparsas por las calles, o se concentran en la plaza. Es una emoción indescriptible que esperamos todo el año”.
Los líderes religiosos vestían de rojo y blanco, correspondiente al momento, la sotana roja que es la vestidura talar básica de los cardenales, su color recuerda su compromiso con la Iglesia
El titular Mauricio Ordaz Flores informó que las atenciones se debieron principalmente a descompensaciones por calor, deshidratación y falta de medicamentos.
El titular Alejandro Polanco destacó que los cursos buscan preparar a la ciudadanía con herramientas prácticas para actuar ante riesgos y salvar vidas.
Desde un humilde jornalero hasta profesionistas bancarios, salen a las calles, plazas y comunidades de la huasteca potosina para participar al ritmo de los sones tradicionales y las coloridas danzas de las comparsas, hombres y mujeres que hoy hacen suya la expresión del Xantolo, que es la celebración indígena del Día de Muertos.
Simeón Hernández Guerrero, reconocido promotor cultural de la región, ofrece su perspectiva sobre esta tradición ancestral que, aunque ha evolucionado con el paso del tiempo, conserva el alma prehispánica de sus orígenes. Entre su evolución destaca que ahora se permite la participación de las mujeres, hecho que antes no se permitía.
Simeón Hernández Guerrero / Nahum Delgado / El Sol de San Luis
Las comparsas son agrupaciones comunitarias conformadas por personas que se disfrazan de diversos personajes, como diablos, comanches, la muerte, la mamanina, el cole, la vieja, entre otros, quienes recorren las calles bailando o jugando, como también se le llama en algunos municipios. Esta representación se realiza como ofrenda simbólica a los difuntos, en el marco de las festividades de Xantolo.
Aunque se trata de una manifestación común en varios municipios de la Huasteca, cada localidad le imprime su propio sello, la forma de bailar, la música, los personajes e incluso los vestuarios cambian entre regiones. Por ejemplo, un diablo de San Martín Chalchicuautla no se parece a uno de San Vicente Tancuayalab o del municipio de Ciudad Valles.
/ Nahum Delgado / El Sol de San Luis
“La gente viaja de un pueblo a otro para ver la variedad, porque cada comparsa es una experiencia distinta. Hay turistas que hacen rutas completas entre Tanquián de Escobedo, Axtla de Terrazas, Tamuín o Tampamolón Corona, precisamente por esa riqueza cultural”, afirma.
La participación inicia desde la niñez. Los menores se integran de manera natural, observando a padres, tíos o vecinos ensayar, vestirse, bailar “un niño que crece viendo la pasión del Xantolo, inevitablemente querrá formar parte. Es un legado que se hereda por convivencia, no por imposición”.
Aunque en el pasado la participación femenina era limitada, eso ha cambiado. Hoy en día, mujeres, jóvenes y niñas integran muchas comparsas y en lugares como San Martín Chalchicuautla hay incluso días especiales donde todas las comparsas están integradas exclusivamente por mujeres.
La elección del personaje es personal y emocional “es según cómo te identifiques. En lo personal, a mí me encantan los diablos y los comanches. Cada quien elige el papel con el que se siente más conectado”, explica. Aunque los diablos suelen ser los más vistosos y escandalosos, cada personaje tiene su función y aporta a la energía colectiva.
/ Nahum Delgado / El Sol de San Luis
Cada comparsa baila al ritmo de sones tradicionales que tienen nombre propio y forma particular de ejecutarse, por ejemplo: El Matlachín, El Canario, El Son de los Comanches, entre otros. Algunos sones están destinados a personajes específicos.
Para muchos, ser parte de una comparsa no es solo una tradición, es una necesidad emocional y espiritual “es un espacio donde se libera la alegría, el estrés, donde te olvidas de todo y te entregas al gozo colectivo”, dice el promotor cultural.
Las comparsas no nacen por convocatoria oficial ni por retribución económica. Se forman por amor a la tradición, organizadas por barrios, familias, grupos de amigos. “Aquí no hay premios. Solo ganas de compartir, invertirle tiempo, dinero y corazón. Se costean máscaras, vestuario, ensayos. Y todo es por amor al Xantolo”.
/ Nahum Delgado / El Sol de San Luis
Algunas comparsas alcanzan tamaños impresionantes, llenando plazas enteras. Una sola comparsa puede tener decenas de integrantes. Hay familias completas participando. Y no hay competencia entre ellas, pero sí un sentimiento de querer dar lo mejor y mostrar fuerza colectiva.
Detrás de cada máscara y vestimenta, hay una historia real “un diablo puede ser un campesino que acaba de regresar de trabajar su milpa. Una vieja puede ser una secretaria que deja la oficina y corre al ensayo. Son personas comunes que se transforman por un momento para dar vida a una de las celebraciones más hermosas de nuestro México”.
En cada paso, en cada son, en cada grito de alegría, las comparsas de la Huasteca siguen llevando el legado de sus ancestros. Son más que una danza, más que un disfraz vistoso, son la manifestación viva del alma colectiva potosina, del amor por la vida, la memoria y la identidad de la historia prehispánica de este Estado.