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Localviernes, 6 de marzo de 2026

Del dolor a la acción: Sofía impulsa protocolo de atención a víctimas de feminicidio en SLP

Sofía vivió la pérdida de su hermana Lupita, víctima de feminicidio, cuando apenas era una niña. A doce años del caso estudia derecho y busca entender los procesos de familias víctimas

Alejandra Ruiz

Pero también volvió a abrir preguntas sobre la manera en que el sistema de justicia responde ante los feminicidios y, sobre todo, sobre el lugar que ocupan las familias de las víctimas dentro de esos procesos.

Según relata, aunque el Juzgado Octavo había emitido previamente una resolución favorable con perspectiva de género, al revisarse el caso el tribunal se limitó a responder a los puntos solicitados por la defensa.

“No respondieron con una perspectiva de género ni de víctimas adecuada. Teniendo el recurso necesario para utilizar de buena manera la resolución, prefirieron no tomar en cuenta esta perspectiva”, señaló.

Para Sofía, lo ocurrido refleja una problemática más amplia.

“Seguimos padeciendo un sistema que no reconoce la perspectiva de género en las sentencias y no toma en cuenta los derechos de una mujer, en este caso mi hermana Lupita”.

La experiencia que impulsó un cambio

Actualmente estudia derecho y forma parte de la Cohorte Rise Up Together, donde trabaja temas relacionados con igualdad, derechos sexuales y reproductivos y perspectiva de género.

Sin embargo, su trabajo también parte de una experiencia que conoce de primera mano: el camino que recorren las familias tras un feminicidio.

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Un protocolo para las víctimas colaterales

El proyecto se encuentra en su etapa final y se desarrolla junto con un equipo jurídico conformado por dos abogadas con experiencia en el acompañamiento a víctimas.

Más que un protocolo

Para Sofía, impulsar esta herramienta representa una forma de intentar cambiar lo que muchas familias viven tras un feminicidio: procesos largos, información incompleta y acompañamiento que se debilita con el paso del tiempo.

“Muchas seguimos atravesando procesos jurídicos incluso después de varios años, lo cual evidencia que no contamos con un acompañamiento inicial adecuado”, señaló.

Aunque reconoce que ninguna medida puede borrar la pérdida, considera que garantizar un proceso digno puede marcar una diferencia.

“La pérdida nunca se supera del todo. Pero garantizar un proceso digno, en el que las familias sean reconocidas como actores activos dentro de su propio proceso, podría representar un cambio significativo”.

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