Educar en sexualidad desde la infancia no acelera la vida sexual activa: especialista
El silencio o la censura por parte de los padres puede generar confusión y desinformación en los menores
Alejandra Ruiz
La educación sexual integral no puede recaer únicamente en las escuelas; es una responsabilidad que debe ser asumida también por madres y padres de familia, afirmó la doctora Yessica Rangel Flores, profesora investigadora de la Facultad de Enfermería y Nutrición de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).
En entrevista, la académica advirtió que uno de los principales obstáculos para una formación sexual efectiva es la falta de participación de los hogares en estos procesos, lo que puede dejar a niños, niñas y adolescentes expuestos a riesgos como el abuso sexual, embarazos no deseados y violencia de género.
“Muchas veces cuando hablamos de educación sexual pensamos que es tarea exclusiva de los docentes, pero la familia tiene un papel fundamental. Desde casa deben comenzar las conversaciones sobre el cuerpo, el consentimiento, los límites y el respeto”, señaló la doctora Rangel.
Explicó que si bien en los últimos años se han impulsado políticas públicas para incorporar la educación sexual en los planes escolares, los profesores enfrentan limitaciones importantes, entre ellas la falta de capacitación y el miedo a abordar temas que históricamente han sido considerados tabú.
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“Hay maestras y maestros que se sienten inseguros porque nunca recibieron formación sobre sexualidad, y eso se replica en el aula. Por eso es clave que también madres y padres se informen y acompañen este proceso desde el hogar”, dijo.
La doctora Rangel enfatizó que la educación sexual integral no se trata únicamente de hablar sobre relaciones sexuales, sino de construir herramientas para el autocuidado, el conocimiento del cuerpo, la toma de decisiones y el desarrollo emocional.
“Educar en sexualidad desde etapas tempranas no acelera la vida sexual activa. Al contrario, está demostrado que quienes reciben información clara y oportuna postergan ese momento porque cuentan con más recursos para reflexionar y decidir”, aseguró.
Finalmente, la investigadora llamó a romper con los estigmas que aún rodean a la sexualidad, tanto en contextos rurales como urbanos, y a generar una cultura de confianza donde niñas, niños y adolescentes puedan hablar de su cuerpo y emociones sin miedo.
“La educación sexual no empieza en la adolescencia ni termina en la escuela. Es un proceso que debe construirse en comunidad, con familias involucradas, escuelas abiertas al diálogo y una sociedad comprometida con el bienestar de sus infancias”, concluyó.


























