Locallunes, 19 de enero de 2026
El valor del T-MEC en tiempos de volatilidad
México, Estados Unidos y Canadá deben entregar informes relacionados con sus consultas internas antes de que termine enero
Por la Senadora Ruth González

El inicio de este año encuentra a América del Norte en un momento de definiciones. En días recientes, el presidente de los Estados Unidos de América declaró que el T-MEC no resulta relevante para su país. La afirmación coincide con un hecho concreto. La revisión formal del tratado ya está en marcha y deberá concluir el próximo 1 de julio, conforme a lo previsto desde el propio acuerdo.
En un entorno internacional marcado por cambios políticos abruptos y decisiones unilaterales, conviene mirar el tratado desde una perspectiva distinta. Más que un instrumento comercial, el T-MEC funciona como un ancla de certidumbre para una región profundamente integrada. Su valor no se limita al intercambio de mercancías, sino a la estabilidad que ofrece a millones de empleos, inversiones de largo plazo y cadenas productivas que no se detienen con cada cambio de discurso.
El proceso de revisión actual lleva meses en desarrollo y los tres países deben entregar, antes de que termine este mes, informes derivados de sus consultas internas con sectores productivos, cámaras empresariales, organizaciones civiles e instituciones académicas. México participa en este ejercicio con una postura clara pues se ha indicado que uno de los objetivos centrales, además de preservar el tratado, es fortalecer el sistema de solución de controversias que permita encauzar diferencias dentro de reglas compartidas y evitando decisiones unilaterales.
Esa previsibilidad cobra especial relevancia en contextos de volatilidad política. El sistema de solución de controversias no elimina los desacuerdos, pero reduce el riesgo de decisiones abruptas que afectan industrias completas. Para economías altamente integradas como las de América del Norte, este marco institucional opera como un seguro frente a impulsos proteccionistas que, en los hechos, suelen generar costos elevados para todos.
Los datos respaldan esta visión puesto que México mantiene una posición arancelaria favorable en el mercado estadounidense, con exportaciones que cumplen el tratado y acceden, en su mayoría, con arancel cero. La cercanía geográfica reduce costos logísticos y fortalece la competitividad regional. Estas condiciones se traducen en inversiones que permanecen, en cadenas de suministro que se consolidan y en decisiones empresariales que apuestan por la región.
Para estados como San Luis Potosí, esta estabilidad resulta fundamental. La industria instalada en el Bajío depende de reglas claras y de horizontes previsibles. La integración productiva entre México y Estados Unidos se ha construido durante más de dos décadas y responde a una lógica económica compartida. En un mundo cada vez más volátil, el T-MEC no elimina la incertidumbre, pero sí la acota. Para las regiones productivas del país, esa certidumbre sigue siendo un activo estratégico que conviene cuidar y fortalecer.